Los enviados

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Como señalé hace varios días el libro de Carl Gustav Jung, Un mito moderno. De cosas que se ven en el cielo, no tiene desperdicio. Aunque debo reconocer que me gusta especialmente la parte dedicada a recopilar una serie de lienzos modernos e ilustraciones antiguas en donde pueden vislumbrarse siluetas y figuras parecidas a las imágenes que todos poseemos de los extratarrestres. Las cuales el psicólogo suizo entronca con la tradición histórica y simbólica haciéndolas encajar perfectamente en su teoría de los arquetipos y el inconsciente colectivo.

En este sentido, no me resisto a colocar a continuación dos de estas hermosas y misteriosas creaciones: El sembrador de fuego, del artista suizo Erhard Jacoby y La cuarta dimensión, del también pintor suizo Peter Birkhäuser.

Este primer y sencillo lienzo me resulta inquietante y sugestivo. En él, la gigantesca figura (asimilable a la de un extraterrestre) puede compararse a la de un ángel o a los míticos mensajeros bíblicos. También por supuesto admite una visión gnóstica. El aparecido podría ser la emanación de un eón con un poso de sabiduría y bondad adheridos a su ser por encontrarse más cercano al pleroma original del que los mortales nos encontramos trágicamente separados. Y obviamente, el color amarillo facilita una lectura alquímica. Pues, en cierto modo, es símbolo de iluminación y despertar. Emana y pone de manifiesto esa vitalidad absoluta y plena que resplandece en la carta decimonovena del Tarot de Marsella, el arcano solar, ofreciendo abundante calor vital y espiritual.

El psicologo suizo dice lo siguiente del mismo: «La figura (…) de naturaleza ígnea (…) evoca (…) las de Enoch, Cristo, Elías o las correspondientes figuras visionarias en Daniel y Ezequiel. Puesto que el fuego de Yahvé castiga, mata y consume, el observador es libre de pensar también en el «fuego de la ira» de Jacob Böhme, que contiene al mismo infierno con Lucifer. Las llamas esparcidas pueden significar tanto el entusiasmo del Espíritu Santo como el fuego de las malas pasiones. (…) No carece de profundas razones el hecho de que el nombre de «Lucifer» (el que porta la luz, el que trae la luz) se adecue tanto a Cristo como al Diablo. (…) La figura ígnea es ambivalente y en ella se unen por eso los opuestos. Es un «símbolo unificador», es decir, una totalidad superior a la consciencia humana que «completa» en todas las direcciones el carácter fragmentario del hombre meramente consciente. Es a la vez salvífico y funesto. Lo que haya de ser, prosperidad o ruina, depende de la comprensión y de la decisión ética del individuo. Nuestro cuadro representa algo así como un mensaje al hombre de hoy, una advertencia de que las «señales que aparecen en el cielo» deben atenderse e interpretarse correctamente».

Finalmente, creo que este segundo lienzo es brutal. No quiero pensar lo que hubiera sentido de haberlo contemplado durante mi niñez. Puedo imaginar noches enteras sin dormir imaginando estos rostros sin aparente alma observándome. La grandeza de este cuadro radica en que serviría como ilustración de un cuento de terror pero también de uno de ciencia ficción. Los aquí aparecidos son tanto fantasmas, espíritus perdidos como extraterrestres. Hay algo de hecho en el cuadro que más que en la cuarta dimensión hace pensar en el limbo. En un purgatorio astral.

Jung se refiere a él con las siguiente palabras: Esta creación «permite sacar retrospectivamente determinadas conclusiones sobre la naturaleza de las figuras que se ven en el cielo. El «cielo» no es el espacio aéreo azul que contemplamos, ni tampoco el universo lleno de estrellas, sino una cuarta dimensión que nos resulta extraña, con superanimales y superhombres junto a discos oscuros o agujeros redondos. (…) El fondo (…) es de carácter completamente fluido, «acuoso», (…) debido a su frialdad y substancialidad, representa al objeto paciente, pasivo, la contemplación a distancia, el aqua doctrinae que calma la sed y el refrigerium que apaga el fuego; es decir, la «salamandra» de la alquimia. Tal como dicen los antiguos maestros, Aqua nostra ignis est [Nuestra agua es fuego].

(…)

La cuarta dimensión puede ser sólo válida como ficción matemática, como algo ideado por nuestro entendimiento o como revelación de lo inconsciente, pues no se tiene de ella experiencia práctica alguna. En consecuencia, de la disposición inconsciente de los elementos icónicos se deduce que los ovnis serían contenidos del trasfondo hechos visibles, esto es, figuras arquetípicas».

En fin. Se podrá estar más o menos de acuerdo con el psicólogo suizo pero creo que nadie podrá negar que sus análisis resultan fascinantes. O al menos, sugerentes. Shalam

إن بندول العقل ليس ممزقًا بين الخير والشر ، بل بين المعنى والهراء

El péndulo de la mente no se debate entre el bien y el mal, sino entre el sentido y el sinsentido

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:……..a ives tanguy tambien le gustaria esta imagen y la argumentaria irracionalmente…….me gusta bastante…………………….
    2ºimagen:….me chirria la figura de fuego con la horizontal de casas contemporaneas en la parte baja de la obra…….»el sembrador de fuego» esta muy subrayado por las motas de fuego hacia el suelo…no me gusta el resultado de la idea……….
    3ºimagen:…..sigue la misma estructura que la 2ºimagen…….hoy estoy muy negativo con los resultados: la cascada de agua mal resuelta entre tantos caretos fantasmagoricos……………sonrisa…..
    PD: ………estos si que parecen contratados por el teatro chino de manolita chen…..jajajajjjjj
    ……………….https://www.youtube.com/watch?v=LZY9_Xr5XPA…….
    …estos tambien son de cabaret ambulante….https://www.youtube.com/watch?v=aLnZ1NQm2uk……

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) Claro que le gustaría. Mucho de hecho porque este lienzo es de Yves Tanguy… sonrisa….. 2) Bueno. No es un pintor muy famoso ni reconocido. Será tal vez por ese tipo de detalles técnicos. En el tema Ovni no suele existir demasiada sutileza. 3) No me fijo tanto en la calidad estética de la pintura sino en sus resultados que creo son buenos. PD: cabaret ambulante en medio de descampados. Esa imagen me hace pensar en los filmes de Kusturica.

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