Louie (2)

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Dejo a continuación el segundo avería dedicado a Louie; la célebre serie de Louis C.K. El cual recomiendo leer, escuchando la versión realizada por Stories del tema de Hot Chocolate: «Brother Louie».

Louie (2)

Louie se encuentra llena de momentos memorables. Mientras la veía, estuve en varias ocasiones tentado a realizar un avería sobre determinados capítulos. La verdad es que no pensaba añadir ningún comentario sobre ellos. Entendía que el argumento por sí mismo poseía el suficiente interés como para transcribirlo y dejarlo aquí, aunque finalmente nunca lo hice porque faltaba la sal y la pimienta. Me era imposible trasmitir la genialidad de aquel guión sin mencionar a Louis C.K. Sin aludir a sus gestos de hastío, a su risa de pícaro, a su desgana, a su mirada inocente, a su cara de gamberro. Puesto que, al fin y al cabo, a pesar de que los secundarios de los que se rodea brillan, el show es él.

Recuerdo, por ejemplo, aquel capítulo en el que Louis debate con una joven religiosa en televisión sobre la masturbación. En realidad, el tema no da para mucho. Louis está lógicamente a favor y la fanática en contra. Sin embargo, la gracia está en verle el careto a Louis. Observar sus gestos cuando se siente atacado o cuando defiende su postura. Además de, por supuesto, seguir la alucinada trama que, en este caso, casi termina en un romance entre la beata virginal y el alocado cómico.

Todos tenemos claro que Louis es un excelente monologuista, pero que también podría ser un excelente actor de cine mudo. Sus ademanes corporales no tienen precio y a veces son tan o más importantes que las palabras.

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He leído unos cuantos textos en los que comparan (eso sí, de pasada) a Louis con Lenny Bruce, George Carlin (o incluso Charles Bukowski). En realidad, no estoy muy de acuerdo con todas esas comparaciones. Es obvio que cualquier monologuista norteamericano que se precie, ha de haber estudiado y disfrutado de Bruce y Carlin, pero esto no significa necesariamente que su estilo sea similar al de ambos.

Bruce y Carlin era más secos que Louis. Tenían una relación más seria y épica con la derrota. Louis es más destartalado y payasete que ambos. Se toma menos en serio. Teniendo posiblemente el mismo talento que ambos opta por agigantar su propia mediocridad. Reírse no tanto de la sociedad (que también) como de sí mismo. De hecho, a pesar del éxito obtenido, hay algo amateur y alocado en Louis que lo ubica más cerca de todos esos nerviosos comediantes que comienzan sus trayectorias que de los grandes maestros. Estos últimos eran más mordientes y combativos políticamente. Louis es más bien un paria. Un mediocre que bastante tiene con llegar a fin de mes y poder tomar unas cervezas de vez en cuando con un colega.

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Si a nadie le quedan dudas sobre el enorme talento de Louis es precisamente porque, a pesar de su veteranía, es posible percibir sus nervios, sus fallas, sus complejos, sus vacilaciones, sus sinsabores cotidianos. Si Louis es un cómico grande es porque mantiene el toque adolescente. No parece profesional sino un tipo que necesita soltar la bilis y sus neuras para sobrevivir. Su corazón parece estar más con los tipos que comienzan y se encuentran obligados a patearse los clubs de Norteamérica que con los grandes e históricos comediantes.  En realidad, creo que Louis ha llegado a estar más cerca que nunca de sus maestros a causa de los sinsabores vitales y laborales que ha experimentado en los últimos años que por su estilo artístico. Un estilo tan libre y divertido que resulta realmente difícil de definir.

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El nombre de los invitados (Ricky Gervais, Joan Rivers, Matthew Broderick, Susan Sarandon, Ellen Burstyn, Chloë Sevigny, Chris Rock, Robin Williams) que han participado en el show de Louis deja muy claro la calidad del mismo. Lo mejor de todo es que ninguno de ellos aparece en él para cumplir el trámite. Todos tienen intervenciones estelares. Destacan. Dejan su sello. En ocasiones contribuyen a dotarlo de profundidad y en otros a aligerarlo.

Ricky Gervais (en el papel de un trasnochado dentista) transforma su capítulo en una jocosa pieza de terrorismo sanitario. Convierte la consulta del dentista en una cámara de horrores subversiva. Ellen Burstyn llena de elegancia y sofisticación una de las mejores series de episodios de Louie: El ascensor. Y Robin Williams (quien no tardaría mucha en suicidarse) ilumina con su sonrisa apagada la pantalla. Transmite algo de desasosiego y sabiduría. Una luz mortecina (que posiblemente anunciaba su futuro deceso) que encaja perfectamente en la mezquina y sucia Nueva York descrita por Louis.

Mención aparte por cierto a la intervención de David Lynch. Directamente, como siempre, de otro nivel. De otra dimensión. Los episodios en los que aparece son realmente divertidos. Lynch realiza una parodia de sí mismo. Todo lo que desarrolla en Louie podría llevarlo a cabo en uno de sus surreales cortos. Por momentos, no se sabe si estamos en Twin Peaks, en la serie de Louis C.K o en Rocky. Más que nada porque mientras David desempeña con maestría y sobriedad su papel de ejecutivo televisivo, Louis realiza un entrenamiento (que rememora al de Stallone en la famosa saga de boxeo) con el objetivo de ponerse en forma y conseguir sustituir a David Letterman al frente de su célebre show. ¡Una maravillosa locura!

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Creo, sin duda, que alguien que merece ser destacado en este avería es Pamela Adion. Su interpretación de una desquiciada pero inteligente e interesante mujer (que juega y se ríe constantemente de los deseos sexuales de Louis) es realmente brillante.  Al principio me costó aceptarla. Nada extraño porque, en lo que mí respecta, yo al menos no entendía nada de lo que ocurría en los primeros capítulos de Louie. Pero en el momento en que Pamela pasó a formar parte del paisaje habitual de la serie, me volví adicto a sus gestos y a sus exabruptos.  A la imprevisible manera que tenía de tratar a su compañero masculino y a su humor salvaje y punk tan corrosivo (o más) que el de Louis.

Pamela fue ganando terreno lentamente en la serie hasta el punto de que cuando desaparecía, la extrañaba. Y cuando volvió a reaparecer, respiraba. ¡Ya estamos todos!, me decía. De traca, desde luego, son sus constantes encuentros y desencuentros sexuales con Louis.

Pamela, por cierto, protagoniza uno de los mejores (e imprevisibles) episodios de la serie. Aquel en el que se va hacia París y dice adiós lacrimosamente a Louis en una escena que es una de las más divertidas parodias que he contemplado jamás de las clásicas despedidas en los aeropuertos. De todas maneras, Louie está plagada de otras tantas escenas que recordaremos toda la vida. Si he de ser sincero, yo al menos cuando las estaba viendo no era consciente del impacto que iban a causarme pero, meses después, muchas de ellas me han venido a la mente en los momentos más inesperados. Creo que esa es su grandeza. Que no parecen mucha cosa cuando las vemos, (de hecho, a decir verdad, parecen una nimiedad; una puta mierda) pero con el tiempo, descubrimos su valía. Más que nada porque casi nadie enfoca el entretenimiento como Louis y es capaz de llegar a su grado de sucia autenticidad y locura.

Recuerdo, por ejemplo, intensamente el episodio en el que Louis viaja junto a un grupo de artistas a Afganistán para entretener a las tropas norteamericanas destinadas allí. Sobre todo, por el momento en el que se le escapa un pollito de su mochila que provoca las risas de un grupo de afganos amenazantes que se convierten, por gracia del pequeño ave, en colegas suyos a muerte. Y tampoco me he podido olvidar de aquel capítulo en el que se encara con una atractiva y sofisticada rubia de bote que interrumpe constantemente sus monólogos en su club. Los efrentamientos dialécticos (además de la tensión sexual contenida) entre Louis y la atractiva y ridiculizada mujer alcanzan cumbres muy altas. Y, sobre todo, ponen de manifiesto la sordidez de la vida tanto de los cómicos como de los habitantes en general de Nueva York. De hecho, ese es uno de los logros indirectos de Louie: realizar un retrato veraz (no tan lejano, aunque así lo parezca, del acometido en otros tiempos por Martin Scorsese o Woody Allen) de la vida en la Gran Manzana.

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La verdad es que Louie es una serie que cita y hace rememorar cientos de situaciones tópicas del cine clasico y moderno y que, al mismo tiempo, las corrompe y juega con ellas inmisericordemente. Ocurre que, posibilemente producto del talento de Louis C.K. y de su temperamento anárquico, resulta difícil darse cuenta de aquello a lo el cómico norteamericano está aludiendo. De hecho, eso es un punto muy a favor de esta obra que sabe a camiseta sucia de manga corta y a barba mal afeitada: su frescura. El que parezca ser parte de la vida cotidiana del cómico, casi un documental, pero que también conserve la hechura de los típicos productos comerciales norteamericanos. Una puta locura que en otras manos habría desbarrado hasta lo insoportable y en las de Louis se convierte en una genial masturbación. Un polvo barato con sabor a polvo de lujo.

Da, por otra parte, que pensar el que precisamente sea con una extranjera con la que no se puede comunicar con palabras con la única mujer con la que Louis alcanza a experimentar algo parecido al amor. Experiencia que, lógicamente, tampoco le durará mucho. Será pasajera. Posiblemente porque si Louie posee una moraleja es la de que las cosas buenas lo son porque no duran mucho y engordan. Al fin y al cabo, nadie sabe bien qué cojones es eso de la vida y mucho menos las gentes de éxito o de bien. A veces, de hecho, ser un padre de familia o un cómico famoso no es más que un trampolín al abismo, una invitación al caos. Shalam

الثقافة تجعل الإنسان أكثر من مجرد حادث للكون

La cultura hace al hombre algo más que un accidente del universo

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

4 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen….este chocolate caliente tiene la voz rasposa y es alimenticio……
    2ºimagen…algo he hecho y tengo que salir zumbando……
    3ºimagen…..bajese los pantalones y ponga los codos sobre la camilla….sonrisa….
    4ºimagen…..si como se lo estoy contando……
    5ºimagen…..esta fue la contestacion del doc.
    6ºimagen…..perdona david, me he equivocado, no lo volvere a hacer…….
    7ºimagen……el tiene puesta una escayola en la pierna, ella le dice: el ascensor esta roto!…el contesta con la mirada: me la lleva al fresco, narizona del pijo!………..
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=XL20vPIXs-A….louie,louie….the kingsmen…1964….tiempos de agitacion y ritmos convulsos…..carne radioactiva,(final de nazarin….jajajj)

    • Alejandro Hermosilla on

      1) ¿Quién me mandaría nacer? 2) Voy a drogarme o mejor, tomarme unas pastillas para dormir o mejor, me pego un tiro. 3) ¿Duele? ¡Más te va a doler, cabrón! 4) Preparaos para una sórdida noche de alcohol, sexo y humor. Esto es el infierno. 5) ¿Dónde he metido este puñetero dedo? 6) El chico de las gafas es puro Daniel Clowes y Lynch. El protagonista secreto de la historia y la foto. 7) ¿Tendré alguna cita con alguna mujer que algún día me salga bien? Mujer: «Conmigo la puedes tener». PD: No lo había pensado pero esta canción hubiera sido ideal como sintonía de Louie. Me fascina lo que hicieron los británicos con el blues. Ahí se siente cómo está todo comenzando a cambiar…

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