Amor para mamones

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Sé que lo que voy a afirmar le parecerá una herejía a muchos fans de Twisted Sister pero Love is for suckers es mi disco favorito de la banda norteamericana. La verdad es que no entiendo en absoluto todo el desprecio y críticas que ha generado. Basta citar el nombre de este caramelo rockero para que se nos mire con aire desconsiderado y no pase demasiado tiempo en que alguien cite Under the blade, You can’t stop rock’n roll Stay Hungry como sus obras de referencia. El mismísimo Dee Snider pasa muy por encima de él en su autobiografía como si se avergonzara de haberlo grabado por más que, en principio, -como es bien conocido- iba a ser su debut en solitario y debería tenerle más cariño. De hecho, con el tiempo se supo que los componentes de la banda únicamente pusieron su nombre en los créditos y que el trabajo fue realizado por músicos de sesión como Reb Beach, Kip Winger o Steve Whiteman.

En fin, no seré yo quien contradiga al martillo del glam pero creo que buena parte de sus problemas con Love probablemente se encuentren más relacionados con temas externos que con el disco en sí mismo. Pues fue el último Lp que apareció con el nombre de la banda hasta su reunificación posterior en el Siglo XXI, no vendió ni la mitad de lo que se esperaba y Dee estaba sometido por entonces a presiones de todo tipo -incluidos los de su compañía Atlantic Records– que lo abocaron a las consabidas crisis personales y económicas que narra en su impresionante Shut up and give me the mic.

Love es un epílogo. Un fin de fiesta. Un disco triste, por tanto, pero es injusto minusvalorarlo porque se encuentra lleno de buenas canciones. Muchas de ellas, de hecho, podrían ser singles y deberían ser consideradas brutales himnos adolescentes y no haber caído en el olvido. En cualquier caso, yo lo considero el Lp más equilibrado de la banda. Una obra que combina perfectamente el sonido furioso y festivo que la caracterizó con una esmerada producción FM de Beau Hill que conseguía dar aire a los pegadizos temas y, en algún caso, hasta permitía bailarlos.

Love fue calificado como pop metal tal vez peyorativamente pero yo entiendo que este adjetivo es muy positivo. Porque, en cierto modo, Twisted Sister no eran un grupo de heavy metal a secas. Su sonido era bestial pero, de alguna forma, conservaba ciertos matices del espíritu de los 50. Eran una banda de rock clásico adaptada a los nuevos tiempos. Una mutación monstruosa de los antiguos grupos de soul y doo wop. Un auténtico huracán. Un tornado que perfectamente podría haber aparecido en cualquiera de las películas apocalípticas y sombrías de John Carpenter que, por insistencia, acababa dinamitando la conciencia de quienes acudían a sus conciertos. Probablemente eran, sí, una banda más de directos que de estudio y por eso mismo, soy de los que piensan que esta producción le favorece. Y que incluso podría haber sido el preludio a una posible transformación artística en los años 90. Porque Love era una obra que unía muchos mundos. Ideal para escuchar tanto en un descapotable o una discoteca macarra como en un garito guarro lleno de descerebrados. Era un disco con el que, de alguna forma, se podía hacer el amor de manera sensual y también realizar los habituales pogos sin retortijones de conciencia.

Parece claro, por otra parte, que resulta difícil separar Love de la fecha en la que surgió: 1987. Un año lleno de discos con sofisticadas producciones que marcaron un hito en el heavy metal y, obviamente, fueron muy importantes para la «modernización» del sonido Twisted. Ocurre que estos trogloditas eran tan peculiares y esquizofrénicos que cualquier cambio de look artístico les hubiera afectado en uno u otro sentido. El público deseaba a los hombres primitivos pintados como muñequitas y enfundados en pantalones rotos que había conocido y no toleró su edulcoramiento que, como creo haber dejado claro, en mi opinión ampliaba su paleta de sonidos. Los conducía a otra era que tan sólo pudieron vislumbrar tras haber autodestruido una y cien veces el automóvil parecido a un tiranosaurio en el que viajaban por las sucias autopistas del rock duro, grasiento y glaumoroso. Shalam

أَحْمَقُ مِنْ رَاعِى ضَأْنٍ ثَمَانِينَ

Las personas eran hojas sin espinas y ahora son espinas sin hojas

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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