El miedo

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The splendor of fear es un disco invernal. Una escalofriante joya lírica que condensa lo mejor del pop inglés de los años 80 y me atrevería a decir que fue capaz de augurar el advenimiento del post-rock cuando la mayoría de los medios oficialistas todavía estaban intentando desentrañar qué era el post-punk. The Splendor of fear es un viaje en tren por un paisaje nevado. Un disco íntimo. Interior. Una obra introvertida que explora la tristeza y el desconsuelo con valentía, tal y como muestran las tres magníficas canciones instrumentales que posee. Odas que parecen haber sido compuestas conforme los árboles de una oscura ciudad perdían sus hojas y la lluvia humedecía las ventanas de amplias habitaciones llenas de personas desconsoladas. Gente sola que ha perdido momentáneamente el rumbo de su vida. The splendor of fear es un disco literario. Evocador. Poético. Una obra que condensa la mayoría de los anhelos de los músicos y poetas ingleses de su época y que estoy seguro que habrían deseado firmar muchos genios de la música popular mucho más conocidos que Lawrence Hayward. De hecho, The splendor of fear no tiene nada que envidiar a cualquier disco de The Smiths y estoy seguro de que si Lawrence hubiera tenido una imagen y una voz tan icónicas como la de Morrissey, no se encontraría ahora sepultado en el cajón donde se hallan las obras de “culto” reverenciadas por minorías sino que reluciría orgulloso en el centro de las discotecas de cientos de muchachos crecidos en la era indie. Porque básicamente, The Splendor es un disco icónico. Un disco central. Una obra que remite musicalmente tanto a The Durruti Column y al pop nostálgico como a la psicodelia noctuna y parsimoniosa o al slowcore practicado años después de la aparición de esta gema por bandas como Codeine.

The splendor of fear es un disco gélido y sepulcral que parece haber sido creado, mientras se atravesaban paisajes invernales. Es un disco que sólo puede haber sido creado por personas que creían fervientemente en el arte más allá de cualquier condicionante. Y por eso es un disco suicida. Porque prima la belleza por encima de cualquier otro aspecto y muestra sus sentimientos con entereza y pasión. De hecho, lo considero la banda sonora perfecta para ilustrar el sufrimiento de una persona que acaba de haber sido abandonada por la persona que amaba o de quien se dirige a un funeral a dar el último adiós a unos de sus seres queridos. The Splendor, sí, es una obra que trasciende porque como todas las que lo han conseguido a lo largo de la historia, tiene un paso en el más allá. Es una obra intensa que inmediatamente consigue atrapar la atención del oyente. Un reflejo de lo que nos espera al abandonar esta vida. Un cofre lleno de sublime tristeza y jirones de miedo. Shalam

                                              نَّ الطُّيُورَ عَلَي أَشْكَالِهَا تَقَعُ 

¿Por que Dios le puso límites a todo menos a la tontería?

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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