El órgano del miedo

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En el año 2011, John Zorn tuvo una revelación “iniciática” al contemplar el órgano de tubo eólico de la capilla de San Pablo de la Universidad de Columbia y no tardó en celebrar un concierto basado en constantes improvisaciones de su obra que -a tono con la “secreta” naturaleza del instrumento- se llevó a cabo durante una noche de luna llena y meses después se convirtió en el primer disco de su serie El órgano hermético.

Echando la vista atrás, parece obvio que Zorn iba a quedar atrapado por este enorme y sugerente cáliz musical cuyas características le permitían llevar a cabo en completa soledad y sin necesidad de ser acompañado por una banda, todo tipo de resonancias e hipnóticas sugerencias relacionadas con la corriente hermética filosófica. Aquella atribuida a Hermes de Trimegisto según la cual las almas son inmortales, se encuentran siempre en movimiento, sometidas a la luna y existen debido al Alma del Mundo -una emanación de Dios-. Una concepción que entronca con esa tradición esotérica, oculta y mística del cabalismo hermético (fuente de sociedades mágicas como la Thelema o la de la Aurora dorada) que Zorn conoce y ama tanto por su origen judío como debido a sus inquietudes personales.

No obstante, no ha sido hasta la sexta grabación, que este proyecto ha tomado un desbordante interés para mí. Ante todo, porque el músico norteamericano lo consagra a Edgar Allan Poe y en concreto, a dos de sus asfixiantes narraciones: “La máscara de la muerte roja” y “La caída de la casa Usher”. Y lo hace con tanta pasión e inteligencia que logra sintetizar y extraer toda la angustia decadente que gobierna estos dos cuentos de los que en parte es banda sonora y en parte resumen lunático. Intuición melancólica y despótica del recorrido vital que realizan las nocturnas almas que los pueblan.

De hecho, creo que las notas parecidas a cabellos ennegrecidos y pétalos marchitos que Zorn logra hacer emerger son ideales para leer cualquiera de los dos relatos y deberían imponerse a cualquiera de los soundtracks realizados para ilustrarlos en imágenes. Porque más que describir, captan la esencia ignota de ambas obras. El telúrico recorrido espiritual y mental que realizan sus personajes. El ambiente de ignominia en que habitan y la decrepitud que corroe sus vidas parecida a la que reina en los viejos cementerios.

Poe es el escritor de las pesadillas nocturnas. Del exilio. De la devastación existencial. De los remolinos vitales. Aquel que convierte América en un paraíso de olvido y muerte. Es el rey de la locura. El profundo instigador de las conciencias rotas y las almas derruidas. Su litetatura es un abismo que narra el declive de la conciencia humana con tanta aridez que convierte los sufrimientos y vicios en un espectáculo de horror interminable. Y eso lo capta y desarrolla perfectamente Zorn en un disco que es una tumba abierta al orbe de los espíritus negros. Una nota musical infinita parecida a un viaje en barco por el infierno en cuyo transcurso los días devienen en noches perennes, tal y como lo hizo Poe en relatos cuyas páginas parecían encontrarse llenas de hojas secas y muertas. Flores destrozadas y estériles que anunciaban no tanto el fin del mundo sino la imperiosa necesidad de que lo seres humanos nos acostumbráramos a vivir en el ocaso. Añorando melancólicos nuestro pasado y temiendo con todas nuestras entrañas nuestro futuro. Deseosos al fin y al cabo de la Destrucción Total que, como castigo a nuestro errado comportamiento, ni dios ni el diablo nos concederían jamás. Shalam

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Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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