Fantasmas

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Me parece a mí que la grandeza de Ghost radica en haber podido combinar una impresionante imagen con una música inmensamente atractiva y divertida. Melodías infernales junto a juguetonas. Un órgano de iglesia tocado por un diablillo con los tirones del rabo de un demonio por parte de un ángel. De hecho, Ghost serían un chiste si su música no tuviera fundamento ni base. Pero ocurre que al contrario, es absolutamente espectacular. Un lienzo de Salvador Dalí emitiendo silbidos, pequeños chillidos en medio de una iglesia devastada. No es tan fácil de encontrar, en verdad, dentro de la jungla musical global, esa mezcla entre el A.O.R. y el doom metal, el black metal y el pop, capaz de conseguir que dulces cantinelas infantiles sobrevuelen territorios lóbregos y nocturnos. Combinándose espontáneamente con solemnes giros psicodélicos, ráfagas de tétrico hard rock y alucinantes melodías que lo mismo podrían sonar en medio de un homenaje al glam metal que en los créditos finales de un film de horror. Y por supuesto que tampoco es frecuente hallar esa mixtura entre marcialidad y diversión que desprende su vestimenta. Porque lo cierto es que, siendo solemne, su look no es autoritario. Impone, sí, pero de la misma manera que lo hace el enorme afiche de una vieja película de ciencia ficción, un monstruo diseñado por Harryhausen, o la voz de Vincent Price leyendo un relato de Edgar Allan Poe. Esto es; causa respeto sin cesar de invocar a la fiesta eterna. El carnaval oculto en el inconsciente. Y la imaginación. De hecho, su “supuesto” satanismo es más bufo que trágico y provoca más sentimientos entrañables que miedo. Pues escuchar a Ghost es como volver a contemplar una película de terror sabiendo de antemano qué sucederá. Pudiendo por tanto anticipar la escena en que la niña de cabellos rubios que se balancea lentamente en la mecedora, se transformará en una anciana de cuyos ojos emergen gusanos. O aquella otra en que se nos revelará que el apuesto sacerdote que ofrendaba la comunión con una sonrisa a los niños, era en realidad, un emisario del mal.

Obviamente, para forjar la leyenda de Ghost ha sido muy importante que ninguno de los miembros diera señales sobre su identidad. Su cantante es el Papa Emeritus y el resto de los cinco componentes del grupo son “los demonios necrófagos sin nombre”. Cada uno de los anónimos diablos es representado por un símbolo -fuego, agua, aire, tierra y éter- cuyo poder ejercen de manera negativa o inversa a la conocida. Esto es; satánica. Y consecuentemente, sus discos son una invitación a recibir al nuevo Anticristo con los brazos abiertos, como cada una de sus canciones, un homenaje a la iglesia demoníaca cuyo poder controlará (si es que no lo hace ya) el mundo. Obviamente, toda esta parafernalia barroca que entrecruza inteligentemente la iconografía gótica y decadente con el derruido misticismo que recorre Occidente en su conjunto, podría ser muy fácilmente ridiculizable. Podría haberse convertido en una risible pantomima, de no ser porque es bastante evidente que la manera en que Ghost se regodean en el vacío y el nihilismo actuales, posee mucho (“o todo”) de operación artística. Eso sí, en ningún caso artificial sino en gran medida, sentida. Perfectamente interiorizada. Pues al fin y al cabo, si algo destaca en la banda sueca es su sentido del humor. Haber inventado o haberse apropiado del kitsch satánico. Además de la fascinante forma en que ironizan sobre sí mismos, exponiéndose sin ningún rubor como producto artificial pero al mismo tiempo, teniendo el talento y la valentía de explorar hasta el fondo las atmósferas lúgubres y los paisajes recónditos. Los abismos de la razón. Adaptando la iconografía y filosofía negra como si la hubieran mamado de niños. Con una naturalidad que en este caso sí que asusta. Pasma. Porque hay que ser o bien un genio, un loco inconsciente o un fanático irredento de Alice Cooper y el glam de los 70 para conseguir nadar con tanta habilidad y soltura entre referentes extremos que por lo general o aterrorizan a la mayoría de personas o son motivo de guasa. Logrando de paso hacer emerger el rock adolescente de las penumbras e incinerarse públicamente junto a él.

En fin, realmente creo que Ghost son una inmensa carcajada. El teatro de la crueldad de visita por el mundo del pop. Abba cenando con King Diamond en medio de una catedral románica. La risa de Georges Bataille al contemplar unas cuantas sábanas desplazándose libremente entre los anaqueles de una biblioteca. Rabelais echándose una partida de cartas con Andy Warhol. El Nuevo Orden Mundial presentándose a sí mismo como una nueva Edad Media. La prueba de que es posible danzar incluso en medio del fuego y el vacío cotidianos. Una invasión de calaveras surgidas de un antiguo tratado de brujería que provocan tanto miedo como placer. Orgasmos desoladores, intensos besos o gritos de asco.  Y en definitiva, la manifestación más evidente de que para conseguir que el rock continúe siendo excitante es necesario hacerlo retornar, de una manera u otra, al lugar donde surgió: los infiernos. Shalam

اِسْأَلْ مُجَرِّباً وَلاَ تَسْأَلْ طَبِيباً

             Hay que prestar atención cuando un viejo perro ladra

Encabezado_Averia

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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