Flaunt it

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Flaunt it era un disco con estética de videojuego nipón que, aún hoy en día, suena peligroso y actual. Tal vez porque Sigue Sigue Sputnik usaban la tecnología para hablar no tanto del porvenir del rock sino de su destrucción. Y porque, aunque estaban instalados en el presente más feroz, su discurso interno revelaba más impotencia y sospecha que confianza en el futuro. De hecho, creo que esa lúcida conciencia autodestructiva sobre su arte y el mundo del pop en general es lo que mantiene su propuesta viva y la hizo realmente transgresora. Pero, a su vez, les hizo ser escasamente entendidos en su época.

En realidad, Sigue Sigue Sputnik invitaban tanto a la diversión como a la reflexión. No grababan canciones sino bombas intelectuales tremendamente divertidas. En Flaunt it, por ejemplo, fueron capaces de mezclar glamour con nihilismo. Es decir, combinaron anfetaminas con batidos de chocolate y vodka. De hecho, el disco era un cruce entre un capítulo de un libro de Baudrillard o de Guy Debord, una canción de Suicide, un max mix de sonidos ochenteros y clásicos, varios comerciales televisivos y el ciberpunk. Un desafío a la industria musical realizado con absoluto desparpajo. Un atentado intelectual contra la generación MTV con mimbres tanto de jocosa broma como de vanguardista performance cuyo éxito, apogeo y ocaso fueron tan breves como intensos. Dejando de manifiesto que ni la industria ni el público estaban preparados para recibir y comprender una propuesta tan intelectual y meditada como lúbrica y libidinosa. Una combinación entre un tratado situacionista, el techno pop macarra y el pop visionario. Una ametralladora artística que buscaba ansiosamente sus cinco minutos de fama y básicamente, alertaba frívolamente sobre la superficialidad de nuestra época. La dictadura de la imagen. Subrayando lo dicho de otra manera por Bowie y Marshall McLuhan: que el medio es el mensaje.

Flaunt it tenía algo especial. Aunque estaba situado varios años por delante de lo que señalaba su fecha de publicación (1986), pues parecía haber sido grabado en el siglo XXI, también tenía una vena nostálgica muy acusada. Puesto que, de no ser por su futurista instrumentación, muchos de sus temas podrían haber pasado por canciones de rock granítico de los 50. El disco, por ejemplo, rememoraba las voces del pasado del pop o del surf y las convertía en fantasmagóricos ecos que aludían a un futuro espectral. Por lo que, finalmente, sonaba a broma posmoderna pero también a exorcismo. A incineración. De hecho, así veo yo Flaunt it. Como un baile carnavalesco sobre la tumba del rock. Como una obra que preludiaba la muerte de un estilo al que se intentaba salvar desesperadamente, casi de forma suicida, poniéndolo en evidencia. Shalam

أَنَا أَمِيرٌ وَأَنْتَ أَمِيرٌ فَمَنْ يَسُوقُ الْحَمِيرَ

El amor que muere no es amor

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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