Huracanes

0

Aparece de nuevo Tom Waits al rescate. Cuando todo se rompe, ahí está su voz quebrada y rugosa acompañándonos en el precipicio. Últimamente sólo puedo concentrarme escuchando sus discos. Probablemente porque el escualo norteamericano es quien ha mejor sabido tratar la épica del fracaso. Su voz es la llama que arde justo detrás del terremoto. Un huracán artístico cuyo estruendo poético se impone en medio del derrumbe. Los discos de Tom Waits se hicieron para momentos como los que estamos viviendo actualmente puesto que son puñetazos duros y directos que dan aliento en medio de la podredumbre. Aullidos que resuenan eternos cuando las mentiras de la sociedad del espectáculo quedan al descubierto y las calles se llenan de escombros, desorden y tristeza; de gente solitaria vagando como perros en busca de alimentos.

David Bowie, Tom Waits y Scott Walker son mis músicos favoritos de todos los tiempos. Al primero elijo escucharlo cuando deseo emprender una aventura. Un viaje a Estambul en tren. A Oriente. Una ruta por parajes desconocidos. Bowie es misterioso. Es un hechicero. Un pintor expresionista. Nos pide que miremos fascinados los puntos negros de los abismos. Nos permite emocionarnos y sonreír en medio de la decadencia. Caer sin fin en medio del vacío. Por el contrario, a Scott Walker lo escucho cuando no sé a dónde voy ni qué hacer. Su voz es la de un fantasma que me guía en medio de una ruta perdida por tiempos remotos o mientras paseo por castillo con la mitad de su estructura derruida. Su arte es sobrenatural. Es un canal de comunicación con los muertos. Con el mundo medieval y el Marqués de Sade. Con las cárceles inglesas y francesas del siglo XVIII y XIX y la novela gótica. Es, sí, una romántica fantasía dantesca que me hace acordarme del paraíso perdido de Milton. Y también de Plauto, Emily Dickison, Horace Walpole, Giacomo Casanova y Napoleón. Por último, Tom Waits es ideal, repito, para soportar una crisis. Su música es el testimonio de un boxeador caído que sigue luchando, peleando. Da fuerza en medio de la estulticia cotidiana. Impone rigor al sinsentido y poesía al caos. Es un muro opuesto a la voluntad del diablo de enfermarnos que huele a poema beat y a caravana de desheredados durante el crack del 29. Es un ebrio canto al destierro y al dolor de los perdedores que insufla fuerzas para resistir. Escucharla es casi como masticar un trozo de carne de caballo mientras vemos nuestra casa arder. Un corte de mangas a la depresión y al abandono. A toda esa panda de hijos de puta que intentan jodernos la vida. Shalam

الجنون يجعل العقل أكثر عقلانية

La locura hace al cuerdo más cuerdo

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Deja un deseo