Kim

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Otro de los libros que he leído recientemente ha sido La chica del grupo de Kim Gordon. Una obra que es casi más un exorcismo que una biografía al uso. En realidad, es un adiós un tanto airado a su relación con Thurston Moore y un poco triste y frío a Sonic Youth.

En un momento dado de su relato, Kim recuerda estar escuchado a Joni Mitchel durante su adolescencia. Una anécdota que se me quedó grabada hasta el punto de leer su catártica confesión escuchando los discos de la cantante canadiense y no (como, en principio, hubiera sido natural) los del grupo neoyorquino. Ante todo, porque creo que hay algo en esa fragilidad hiriente de Mitchel, en esa voz de cisne que se hacía acompañar por desnudas instrumentaciones que conjuga perfectamente con la personalidad de Kim. Alguien que utiliza muy pocos elementos para hablar del dolor  (muy significativas sus anécdotas con su hermano esquizofrénico; narradas por cierto con idéntica distancia a como asaltaba los escenarios) y de una trayectoria artística que habría hecho a múltiples personas llenar páginas y páginas de anécdotas sin fin y conmovedores adjetivos. Ciertamente, Kim no los necesita. Con Sonic  Youth contribuyó a introducir el rock en una central térmica. Su grupo sonaba como el motor en combustión de un cohete sin necesidad de muchos integrantes y, desde que se dio a conocer, sin tener que alzar una palabra más alta que otra, manteniéndose a veces en un discreto segundo plano, contribuyó a dar relieve a la presencia de la mujer en el rock alternativo. A transformar el panorama escénico con una actitud distante y un tanto arisca que, en realidad, escondía un alma tímida. Una muchacha inteligente y viva que evitaba exponerse emocionalmente y, gracias a ello, contribuyó a convertir a su grupo en un colectivo cuyas soflamas trascendían sus propias experiencias.

De hecho, las visiones oníricas presentes aleatoriamente en sus canciones y portadas parecían profundizar en las tradiciones mágicas norteamericanas y sus aullidos más que alegatos desesperados parecían invocar la necesidad de cambios sociales. En otras palabras, Sonic Youth logró hacer del solipsismo individual una experiencia universal y del aislamiento personal (y sonoro), el síntoma de una era.

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Creo que hay dos pasajes claves en la biografía de Kim. Uno se narra al principio y el otro al final pero se conectan perfectamente. Me refiero a la crónica de su último concierto con Sonic Youth en Sao Paulo y su participación en el homenaje a Kurt Cobain. En ambos, la fragilidad y la sequedad dan paso a la fiereza. Una violencia contenida mezclada con hastío y vacío en el primer caso que estalla torrencialmente en su intepretación punk, con las puras tripas, de un tema de Nirvana. Desangelada, dura y real. Casi dolorosa.

Kim deja muy claro que el ruido que caracterizaba a Sonic Youth tenía casi más que ver con su sensibilidad acusada que con un carácter incendiario. Era más un escudo que una metralleta para derribar barreras e impactar en el espíritu de Norteamérica. Hay algo esquivo y triste en la personalidad de Kim que su separación de Thurston expuso claramente. De hecho, me atrevería a decir que el motivo esencial por el que escribió este libro fue para canalizar sus sentimientos tras la ruptura. La música y el arte, sí, están presentes. También por supuesto los snobs y los mercaderes. Otros rockeros. Giras. Pero, en el fondo, son excusas que utiliza para comprenderse a sí misma. Conectar con aquella adolescente que escuchaba ensoñadoramente a Joni Mitchel en su cuarto o la joven inquieta que trabajaba en galerías de arte y se mudó a Nueva York con ánimo aventurero.

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Repito. El leitmotiv del libro de Kim es el amor. No el arte. No las anécdotas típicas sobre las grabaciones de uno u otro disco. No los giros estilísticos ni los cambios de rumbo artísticos. Y eso, paradójicamente, lo hace valioso. Al fin y al cabo, para que un grupo grabe un disco inmortal o alguien toque una guitarra, antes un hombre y una mujer han tenido que reunirse en la intimidad y conocerse profundamente. La vida, y como consecuencia el arte (y para atestiguarlo existen múltiples canciones) brotan justamente de allí. De la dicha por haber vivido una experiencia renovadora o de la tristeza tras una relación traumática. Esta biografía nace de este último supuesto. De una de esas rupturas que parten en varios trozos el alma. Y por tanto, es prácticamente una herida al desnudo aún sin cicatrizar. Carne cruda sin condimentar. Shalam

العيش سهل وعيناك مغمضتان

Vivir es fácil con los ojos cerrados

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

3 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:….pienso en «nico» de la «velvet»……
    2ºimagen:…..incluso pienso en la musica de «laurie anderson» quiza mas acorde con la de «kim gordon»……
    segun «j.beuys» todos podemos ser artistas, claro, aunque la tal «kim» parece no tener argumento vital, ni de ningun tipo……..( no sabe si buscar criada o ponerse a servir)….jajajjjj
    3ºimagen:…..coño, la colega «se tira el moco» con el bajo, cerca, el otro amigo lleva la guitarra de «zalacain el aventurero»……sonrisa….
    PD:…..https://www.youtube.com/watch?v=bDB_OfLdRsc…..kim gordon…..pá matarla…..(el bailarin esta totalmente traspuesto)……….

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Guerrilla contra las Bikini girls y a favor de las riot girls 2) Kurt Cobain en una de sus primeras presentaciones. Aspecto ambiguo. 3) ¿Cómo es eso de que tiene la guitarra de Zalacaín. PD: en cuanto a la performance realmente no me gusta. Es como lo que hicieron Sonic Youth con Morente en Madrid hace años. Esa guitarra moviéndose de un lado a otro por la sala. Todo muy Yoko Ono. Vanguardia solipsista. Perdida en sí misma. Prefiero por supuesto lo que hizo con su grupo en disco sin performances ni nada que se le parezca: https://www.youtube.com/watch?v=LXkBIbVgQUs

  2. andresrosiquemoreno on

    3ºimagen:……kim gordon se «tira el moco» con esa guitarra que ha hecho hasta el desembarco de nombardia «na mas que le falta el fuego fauto»…………….y el otro colega «sonic youth» es que le ha pegado todas las pegatinas de su vida en la guitarra que podria pasar por «la famosa maleta de m.duchamp»…..jajajjjj…por eso es la guitarra de «zalacain el aventurero»………… tambien decian eso que: «esta mas corrio que los «calzoncillos de zalacacion el aventurero»……….sonrisa
    PD:…el «sonic youth» , este «antenna» es otra cosa, aunque sigue insipida y no es agua….la veo tradicional…..

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