Mueran humanos

0

Los discos de Mueran humanos son adictivos. Una ruidosa paranoia que huele a sangre y sexo por todos los costados. A vampirismo. Es muy fácil encontrar grupos que hagan rock o techno pero mucho más difícil es hallar bandas que necesiten hacer música para respirar o que siga corriendo el flujo sanguíneo por sus venas. Mueran humanos son de estos últimos. La unión de dos personalidades que han convertido el morbo y sus obsesiones en arte. Vínculo sagrado. El par de discos que han publicado hasta ahora –Mueran humanos y Miseress– son dos fogonazos de ruido sexual. Óperas ancestrales que describen asesinatos y violaciones mentales con la misma facilidad con la que ciertos adolescentes se masturban. Y lo hacen además, con las tripas del estómago. Uniendo cerebro y vísceras para componer música llena de lágrimas y semen. Deseo y miedo. Atmósferas opresivas y discordantes. Vaginas abiertas en medio de campos áridos arrasados por la lluvia.

Mueran humanos son un cruce o, más bien, una mutación de Parálisis Permanente, Cabaret Voltaire, Jesus & Mary Chain, Edgar Allan Poe y Boris Vian. El noise y el techno oscuro. El post-punk y la novela gótica. El Krautrock y la vanguardia artística argentina. Son aquello en lo que podía haberse convertido la música de los 80 de haber seguido una línea experimental y no haber sido fagocitada por la industria. Por eso, son posiblemente uno de esos escasos grupos que provoca sensación de peligro al escucharlos. Porque, a pesar de estar completamente instalados en el presente, parecen proceder de un tiempo distante. Vivir en un castillo lejano desde el que pueden describir cualquiera de los actos cotidianos de la vida como si fueran perversiones. Uniendo placer y castigo. Tiranía y deseo.

Tengo la sensación de que tanto Tomás Nochteff como Carmen Burguess estarían en riesgo de suicidarse de no poder hacer su música. De que ambos están obsesionados con la muerte y son capaces de establecer un contacto sexual y místico con el sonido parecido al que tenía el protagonista de Arrebato con las imágenes. De hecho, sus discos están llenos de imágenes evanescentes y decadentes que invocan la destrucción de los deseos, la belleza y la juventud. Y por ello creo que los recintos ideales para escuchar sus canciones son, sin dudas, los cementerios. Puedo imaginar perfectamente a muchas de sus canciones siendo utilizadas como banda sonora de sangrientos rituales de vudú o a montones de adolescentes caminando con los ojos cerrados por las calles para arrojarse a un puente mientras ellos interpretan su música en un garage. Ilustrando el caos contemporáneo, revueltas juveniles y el dolor que provocan las menstruaciones.

La música de Mueran humanos huele a anarquía nocturna. Es punk onírico. Niebla. Techno autodestructivo. Y, a pesar de ser muy meditada, está llena de factores de riesgo. Muchos de sus temas parecen haber sido grabados en directo. En una sola tema. Parecen improvisaciones. Agujeros negros surgidos de las entrañas de un capitalismo que, a estas alturas, no sólo parece estar dispuesto a devorar a sus hijos sino a sus padres, abuelos y sobrinos. A todo bicho viviente. Shalam

إِنَّ الْحَدِيدَ بِالْحَدِيدِ يُفَلُّ

La buena conciencia sirve de buena almohada

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

Deja un deseo