René: ese señor que baila.

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Otro de los textos que he ido urdiendo desde hace tiempo, es un libro de críticas musicales redactadas en un imaginario siglo XX donde los nazis no fueron derrotados hasta la década de los 70 y los países del Este se convirtieron en el mayor epicentro cultural y de libertad. Llevo escritas ya más de 60 críticas de un total de 100. Pero soy consciente de que debo terminar de pulir el estilo de muchas de ellas por lo que, en principio, todavía queda mucho para que vea la luz. Sobre todo, porque cuando termine de corregir El jardinero, comenzaré a hacer lo propio con libros como Ruido del arte, El escritor imposible, etc…

Exactamente, cada libro tiene su momento y, antes o después, le llegará el turno a este pero a modo de recordatorio, me gustaría dejar hoy en avería una de las escasas reseñas del proyecto que tienen que ver con alguien al que conozco realmente: René Esquer. Un dj que me hizo sentir muchas veces que era un chamán africano con el don de conectar, enraizar a sus oyentes con la tierra y ponerlos a bailar como salvajes. No tanto por los temas que pinchaba -que también- sino por la actitud con la que lo hacía. Pues René es puro ritmo, gozo musical y si no fuera por los desabridos y apáticos tiempos que vivimos, tendría que tener su lugar exclusivo cada fin de semana en los clubs de cualquier ciudad.

Da la circunstancia de que en la mítica tienda de discos que René poseía en una esquina de la plaza de Santo Domingo en Murcia, experimenté al máximo hace 15 años, el mundo de las chill-outs cuando estas sesiones musicales eran todavía una experiencia de la que se podía esperar de todo. Recuerdo cómo entrábamos en su sala sin saber bien qué sucedería pero entendiendo que, de algún modo, nos embarcaríamos en un viaje infinito al fondo de la conciencia de consecuencias inesperadas. Y, en fin, de alguna manera, quería homenajear aquellos tiempos y, sobre todo, a quien tuvo el riesgo de organizar esas corrosivas experiencias con una crítica de este libro que viene acompañada por una brillante y muy adecuada portada de una querida amiga suya, Susana, a la que estoy muy agradecido por su trabajo y confianza en mí.

Sin más. Dejo a continuación el texto, indicando que no pienso que sea de los más brillantes del libro. Me parece, eso sí, muy adecuado para describir al personaje y permitir que entre un poco de aire dentro de sus páginas, dado su opresivo contenido y las referencias continuas a muertes y guerras escondidas en su interior.

 René: Forever Dancing. (1993)

La historia de René es digna de reseñar para quienes no conozcan los entresijos internos que lo llevaron a forjar ese clásico absoluto del dance más frenético y vacilón que es Forever Dancing.

Este dj oriundo de Francia, residente en Barcelona y lastrado por una amplia carrera de decepciones y frustraciones, tuvo la buena fortuna de estar en el sitio justo en el momento adecuado: la explosión frenética de la música disco en el verano del 87 en la isla griega de Mykonos que fue, poco a poco, expandiéndose por todas las islas del Mediterráneo hasta llegar a Ibiza y Mallorca, ayudando a configurar la escena dance tal y como la conocemos actualmente.

Desde muy joven y dado su condición de vendedor de discos y, más tarde, propietario de una tienda en el sur de España, René intuyó que el dj sería la figura esencial que dotaría de nuevas dosis de energía a un mundo necesitado de bailar y bailar para olvidar los horrores del pasado. Pero teniendo en cuenta que vivía en una ciudad perdida de la España franquista, se vio abocado a la incomprensión a lo largo de buena parte de su existencia. Sin embargo, a pesar de todo, no desistió en su lucha por vivir y gozar de la música disco y comenzó a organizar fiestas nocturnas en horarios prohibidos dentro de su tienda en donde era posible experimentar con drogas mientras él y otros invitados escogidos lo hacían con una tremenda retahíla de música y computadoras alemanas y niponas gracias a las que conseguiría una experiencia que le serviría de mucha ayuda en el futuro. Cuando, tras ser clausurado su negocio por las autoridades policiales de Murcia y viéndose amenazado de ruina, decidiera dar el salto a Barcelona donde se haría un hueco en la incipiente escena de baile catalana como dj residente en el club “Dust”, que lo llevaría como figura emergente tras los platos durante diversos veranos a la isla griega de Mykonos para celebrar fiestas relacionadas con el amor en sus distintas modalidades: gay, bisexual, hetero, etc. Siendo ahí, entre cuerpos desnudos, sensualidad desbordante, baños refrescantes y un calor seminal cuando entraría en contacto con los grandes capos de la música de baile germana, rumana y búlgara y conseguiría un triunfo sin igual por su capacidad de contagiar su peculiar vitalidad y forma de concebir la existencia a través de  la música de baile.

Es en Mykonos, en esa isla paradisíaca repleta de vicio y desenfreno, donde René entiende que el baile debe y puede ser conceptual y no detenerse jamás, que la música dance es una especie de bomba explosiva que, si se la sabe tratar con la delicadeza adecuada, no sólo debería ser degustada durante la noche sino en cualquier momento del día y comienza a gestarse en su cabeza lo que, posteriormente, será Forever dancing. Con las ganancias obtenidas y sus capazos de experiencia, René se siente seguro para dar el próximo paso. El más decisivo de su carrera. Vuelve a su ciudad natal, París, rechaza las continuas ofertas de los promotores de eventos y se aísla en un estudio de grabación donde, pacientemente, da forma a un disco que nace con la intención de ser el soundtrack eterno de la música de baile europea.

Concebido como un muestrario de lo que puede dar de sí todo un día dedicado a investigar las relaciones entre baile y cultura, Forever dancing es un disco de una enorme duración (8 horas) subdivido en 4 partes: “Matin”, “late afternoon”, “Night”, y “Amanecer”, y supone la primera manifestación adulta de lo que, hasta entonces, era sólo una fantasía imaginaria de la música disco underground que únicamente los muy expertos podían llegar a intuir. René va combinando todo tipo de estilos musicales, adecuándolos al estado de ánimo de un oficinista que necesita y ansía con todas sus fuerzas que llegue el último día de la semana laboral, el viernes, (existe una copia de este mismo disco de un tiraje de tan sólo 5000 ejemplares muy buscada en el mercado negro que tiene de título Friday)para lanzarse a la pista de baile. Y lleva el ritmo a cotas hasta entonces no vistas. Tanto que me atrevería a decir que el disco sería capaz de hacer moverse a un cadáver por la habilidad con la que combina reflexión e inteligencia con espontaneidad y visceralidad. Pues René tuvo el talento necesario para captar en los surcos de su maravillosa creación, la tensión que penetra en la espina dorsal de los hombres necesitados de divertirse horas antes de ir al club de baile, los momentos de exaltación y entusiasmo al cambiarse de ropa en su hogar, el éxtasis al llegar a la sala y comenzar a drogarse, beber y filtrear sexualmente así como la alegría o la decepción que sentirán al fin de la noche cuando los primeros rayos de sol impacten en sus ojos.

Por todo ello, Forever Dancing es una obra colosal, sí, por momentos, irregular pero cuyo empuje, intuición para captar estados de ánimos y fuerza son tan potentes que ni siquiera el paso del tiempo ha podido conseguir que sea quien sea quien lo escuche, al oír sus pegajosas melodías pueda dejar de bailar y bailar y bailar hasta el infinito. Shalam

من تسمّع سمِع ما يكْره

Disfruta hoy, es más tarde de lo que crees.

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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