Silencio

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Además de por sus sobrias e icónicas fotografías de rockeros, si el cielo le reserva un cómodo espacio para disfrutar de la eternidad a Anton Corbijn es sin dudas por su vídeo de “Enjoy the silence”. Uno de los singles más pegadizos y enigmáticos compuestos jamás. Una oda techno capaz de convertir las discotecas en un templo de meditación y un día soleado y monótono en intrigante y festivo con su sola escucha cuya plasmación en imágenes fue realmente gloriosa. Pero no fue fácil en absoluto porque ninguno de los componentes de Depeche Mode tenía nada claro que las ideas del artista neerlandés potenciasen su creación. Todos tenían miedo de que un hit tan claro y absorbente, una canción destinada a romper piernas y sonar a todo volumen en autopistas y automóviles de parejas, yuppies y cocainómanos, perdiera fuerza e intensidad debido a la historia que Corjbijn se había propuesto contar (o más bien ilustrar): la vida de un rey -basado levemente en El principito– que, hastiado de sus obligaciones diarias, recorre los más escarpados paisajes en busca de un rincón, un pequeño lugar donde al fin disfrutar del silencio. De un momento de paz lejos de los oropeles de la gloria, el fragor de las batallas o los asuntos de la corte.

Depeche Mode no las tenían todas consigo. Estaban cansados de viajar de un país a otro para buscar los exteriores adecuados. A Dave Gahan el traje de monarca le resultaba tan incómodo que no veía el momento de quitárselo. Por momentos no comprendían nada. Y de hecho, pensaron en grabar un videoclip más estándar y tenerlo de repuesto. Pero Corbijn realizó una obra maestra. Grabó fascinantes imágenes granuladas del atractivo vocalista caminando, vestido de rey, con una silla plegable en sus manos por paisajes nevados, arrecifes y bosques que ya son historia del videoclip. Han trascendido. Porque profundizaron, fueron más allá del incisivo mensaje de la canción. Convirtieron un single de ensueño en un cuento romántico. Una novela sobre un hombre solitario. Y además, eran misteriosas. Puro arte pop. Dignas de un experimento de Andy Warhol. Instantáneas y frescas como un helado Calippo. E ideales para crear ambiente en una clase sobre filosofía del siglo XX.

La combinación entre la sutil melodía, el uso equilibrado y armónico de unos sintetizadores celestiales y el vagar infinito de aquel monarca que parecía salido de una obra de Alfred Jarry despertó muy pronto el entusiasmo del público. Y disipó cualquier duda que pudieran tener los componentes de la banda británica sobre su efectividad. Porque Corbijn logró dar patina intelectual al grupo sin restarles un ápice de su inmediatez. Sin substraer ni una sola nota de ritmo a una canción que aún suena tan bien como el primer día puesto que su único rival es la eternidad. Shalam

إدارة الصمت أكثر صعوبة من التعامل مع الكلمة

Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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