TNT

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TNT es un disco inagotable. Exquisito y futurista. Sensual y abstracto. Tortoise venían de grabar un clásico incontestable: Millions Now Living Will Never Die. Uno de esos discos que justifican una vida y una discografía entera. Una obra tan intensa que parecía que Tortoise estaban condenados a repetirse de por vida. A la involución perpetua. Porque Millions Now Living era tan moderno que prácticamente cerraba cualquier camino. Obligaba a los músicos que deseaban superarlo a poner la mente y el corazón veinte o treinte años más allá de su tiempo. Más que a vislumbrar el futuro, a tocarlo con los dedos. Lo lógico, por tanto, es que TNT hubiera sido una continuación más o menos lograda de Millions. Gran parte de los discos posteriores a TNT que han ido grabando Tortoise son en parte eso: dignos desarrollos artísticos de unas ideas que ya quedaron ampliamente fijadas en su obra magna. Buenas creaciones a las que, no obstante, les falta el genio y el alma de aquel tremendo trallazo apocalíptico que condujo la música popular a otra dimensión. Sin embargo, no era esto en absoluto lo que ocurría con TNT. Un disco que, aunque parezca mentira, amplió y casi que desbordó las coordenadas musicales de Millions. Tal vez por la participación de Jeff Parker. Un músico que tocaba su guitarra como si fuera un saxofón e hizo que Tortoise más que una banda de post-rock pareciera un inquieto y sugerente combo jazzístico posmoderno.

Tortoise, de hecho, nunca hicieron un disco tan abierto como éste. Un cruce entre el rock progresivo y el free-jazz. Un cuelgue de música experimental que va creando una sorpresa tras otra. Una obra parecida a un océano en la que hay tiempo para todo y resulta difícil recordar una melodía porque la música no se detiene nunca. Explora rincones desconocidos, incursiona en coloridas lagunas y se pierde, reencuentra y se deja ir en lo que supone un ejercicio de improvisación musical prácticamente inédito hasta entonces.

 En su momento, Tortoise consiguieron algo que, en palabras, parece casi imposible: fusionar a Steve Reich con Miles Davis y a Ennio Morricone con el minimalismo y el hardcore. Lograron crear clásicos instantáneos con los artefactos de la vanguardia más feroz. Pero, repito, en TNT dieron un paso más. Mezclar ese enjambre de impresionantes influencias con la música latina. Una cálida textura que hace posible relajarse al escuchar este disco parecido a un viaje submarino. Probablemente también debido al uso que hicieron de las marimbas y los vibráfonos. Instrumentos que conseguían que algunos pasajes del disco permitieran rememorar bailes ancestrales llevados a cabo en islas del Pacífico. Danzas rituales juveniles. Y conseguían colocar una sonrisa en el rostro de las habituales exploraciones de la vanguardia.

En verdad, TNT es un disco muy joven. Lo único que ha envejecido de él son sus pretensiones de modernidad. La tecnología que hay detrás a veces impide empatizar totalmente con sus propuestas. En su momento, era necesaria, supongo, para marcar el cambio de era. De hecho, en parte, es con ella que identificamos el sonido de los 90. Pero suena tal vez demasiado circunscrita a su época. Eso sí, desde luego, lo que permanece intacto es la música. Esas composiciones parecidas a pompas de jabón que vuelan de un lado a otro con total libertad y continúan abriendo caminos. Ese tal vez sea el mayor problema (y mérito) de TNT: que hay tal cantidad de ideas en su interior que para escucharlo como merece es necesario vaciar el cerebro. Actuar como si fuéramos a realizar una meditación Que es un disco exigente que nos pide poner demasiado de nuestra parte para completar la insólita aventura que nos invita a emprender. Y que siempre nos da más de lo que generalmente pedimos a un disco. Shalam

ما حكّ جْلْْْْْدك مثل ظْفرك

El tesoro que no se gasta aprovecha poco

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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