Too fast for love

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No me extraña que Bobby Gillespie tenga en un lugar selecto de su amplia discoteca a Too fast for love. Estoy seguro de que -salvando las distancias- Primal Scream han deseado conseguir en varios momentos de su carrera, un sonido tan crudo y directo como el de este disco. Algo muy difícil porque la primera macarrada grabada por Mötley Crüe es, sobre todo, un estado de ánimo. La crónica de un momento irrepetible que no es posible recuperar en un estudio de grabación. Cuando grabaron Too fast for love, Mötley Crüe eran una banda de piojosos melenudos sin un dólar que tenían una sola fijación: el éxito. Por entonces, se follaban todo lo que se movía, su dieta diaria era un pantagruélico menú de drogas y alcohol y todavía no habían caído en las garras del lujo y el confort. Eran una banda de descarados, desarrapados, empecinados en conseguir un sueño que lo mismo podían haber muerto de sobredosis que en un accidente de tráfico o haber pasado desapercibidos en el inmenso maremoto de jóvenes bandas que fluían por Los Ángeles a principios de los años 80. Mötley Crüe vivían al límite. Como si no hubiera mañana. Y esto lo refleja Too fast for love a la perfección. Un disco peligroso lleno de canciones directas. Rotundas melodías sin excesivas sutilezas que están eso sí, interpretadas con inmensa convicción. Y desprenden magia. Esa que sólo tienen algunos discos suicidas. Too fast for love, sí, es un trallazo de punk crudo con ciertas gotas de perfume glam que lo hacen irresistible. Es la mezcla perfecta entre el incipiente heavy metal y los grasientos y ácidos eructos punkies. Un aullido nihilista que huele a sexo y heroína por los cuatro costados. Y también, a descaro, rebeldía, insolencia, incosciencia y violencia. Una amalgama de pasiones que enloquecieron a cientos de mujeres y muchachos que conectaron instintivamente con una obra que desprendía autenticidad y olía a rabia y barrios bajos. Lavabos sucios y frigoríficos vacíos.

Too fast for love son unos baqueros rotos decorados con un lápiz de labios. Una Harley que a pesar de encontrarse gripada, sigue rodando por las autopistas. Es una obra compuesta en las catacumbas del sistema, llena de hedonistas canciones que crujen y hacen daño. Reflejan a la perfección el sórdido ambiente sexual que había en la escena rockera de L.A. El caos, la diversión y la destrucción. Es un disco que se encuentra lleno de imperfecciones como por ejemplo, la sucia producción, ciertos desajustes rítmicos o la voz aún suelta e inmadura de Vince Neil que lo hacen, no obstante, añorable. Sumamente disfrutable. De hecho, la grandeza de Too fast for love radica en su aspecto deslavazado y políticamente incorrecto. Muchas veces al escucharlo, he tenido la impresión de que me encontraba ante un perro rabioso y lleno de pulgas. Alguien salvaje e incontrolable. Y eso, en un mundo lleno de artistas pop extremadamente pretenciosos, rock maduro y música demasiado sofisticada y meditada, lo convierte en un álbum imprescindible. Una patada en los huevos al mundo adulto que de vez en cuando es necesario escuchar. Shalam

أَنَا أَمِيرٌ وَأَنْتَ أَمِيرٌ فَمَنْ يَسُوقُ الْحَمِيرَ

Cualquier esfuerzo resulta ligero con el hábito

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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