Zombis navideños

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No se me ocurre ningún disco mejor para escuchar y bailar en Navidad que el divertido y brutal Leather Teeth de Carpenter Brut. Una gamberra obra maestra de la serie B musical que soprendentemente hace rememorar a The Cramps, Ghost, Quiet Riot, Roger Corman, The Mission, Judas Priest, The sister of Mercy, las bandas sonoras de las películas y series de terror, la música de videojuegos y algunas de las obras y referencias más “trash metaleras” del house y el techno de los 80. Una marcianada divertidísima que -como he leído en alguna parte- podría perfectamente aparecer en cualquier película de Cronenberg entre loas de sus personajes a la nueva carne y ejercer de soundtrack de un ataque de zombis a un supermercado o a una gasolinera y de una película adolescente de vampiros. Un pastiche tan, tan, tan, tan, tan posmoderno que sabe a chicle, a cartucho extraíble de computadora y a neumático de automóvil; me hace rememorar constantemente -mientras lo escucho- las infecciosas imágenes rodadas por John Landis para ilustrar el “Thriller” de Michael Jackson; y, sobre todo, me divierte casi tanto como una de esas maquinitas de juegos (Game & Watch) que hacían furor entre los niños crecidos en los 80 o cualquiera de los regates de Messi.

Cuan Hueso es el seudónimo del desconocido que se encuentra detrás de Carpenter Brut. Un hedonista incendiario y punk que disfruta del anonimato para hacer lo que le da gana y, en este caso, ha compuesto -según dice- el primer eslabón de una trilogía en la que describirá musicalmente cómo un adolescente llamado Brett Halford se convierte en un icono de una banda de heavy metal para lograr conquistar a la chica de la que está enamorado. Un argumento simplista a más no poder que proporciona, no obstante, dosis de placer importantes y da como resultado una de esas obras espectrales parecidas a un videojuego de Atari a las que no les importa ni ser recordadas ni dejar su sello en el tiempo porque nacieron para ser consumidas sin descanso, un día tras otro, como unos zapatos deportivos. Para ser, en definitiva, objeto de placer como un Chupa Chups o unos polvos pica pica. Shalam

مَنِ اسْتَرْعَى الذِّئْبَ ظَلَمَ

El que convierte al chacal en pastor es injusto

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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