Ellos viven: el Nuevo Orden Mundial.

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Entiendo que pueda ser difícil de aceptar que una élite de economistas, empresarios y políticos se hayan organizado durante décadas hasta estar en disposición de acabar y dominar a gran parte de la población de este planeta. Pero también había de serlo para los ciudadanos argentinos que gritaban como posesos los goles de Mario Alberto Kempes en el Monumental durante la celebración del Mundial de Fútbol 78, concebir que a escasos metros del estadio, su gobierno estaba torturando a algunos de sus compatriotas; o para muchos alemanes, imaginar lo que sería capaz de hacer Hitler al llegar al poder como para una gran parte de españoles el que existiera un acuerdo general para dar un golpe de estado en la nación por parte de los sublevados que oficialmente significó el comienzo de la guerra civil. Lo que no justifica el que todavía la mayor parte de la ciudadanía de este mundo globalizado no mire en dirección al Nuevo Orden Mundial o lo ignore. Ok. Tal vez hace diez o veinte años podría ser entendible. Pero teniendo en cuenta los hechos que están ocurriendo actualmente en Europa y USA además de en Oriente Medio me parece vergonzoso. Por más que considerando que nuestros países están dirigidos por la mano oculta de estos psicópatas y que sus artes de manipulación así como sus estrategias para aborregar a la mayoría de la población son muy eficaces y meditadas, esta ataraxia, este olvido colectivo de consecuencias tan negativas sea comprensible Hoy, por ejemplo, leía en El país un artículo sobre la inminente recuperación económica española. Algo que cualquiera con dos dedos de frente entenderá que es absolutamente falso. Pero la élite sabe bien que colocando este tipo de noticias en el primer plano de determinados periódicos y televisiones (junto a las noticias deportivas y “rosa”) generan cierta esperanza en la sociedad, amansan los conatos de rebelión y prenden la duda en el pueblo mientras continúan con su diabólico programa basado en la destrucción de la sanidad universal, las clases medias, el librepensamiento o la heteredoxia. Es decir; la construcción de un inmenso imperio orwelliano a gran escala para el que se están sirviendo de una crisis económica (y, sobre todo, ética) que se han encargado de acomodar a sus intereses y están acelerando o ralentizando según los mismos.

 Hasta ahora no he querido hacer mención en averíadepollos del Nuevo Orden Mundial sino de pasada. Sugiriendo su presencia en nuestra realidad. Inclinando al lector a observar su oscura influencia en nuestras vidas. Pero me parece que ya no me queda otro remedio que hacerlo directamente. Obviamente, no soy un experto sobre el asunto. Hay muchos que saben muchísimo más que yo a los que tengo que remitirme. Desde el gran Adrián Salbuchi hasta Esteban Cabal o Daniel Estulin como otros tantos que me dejo en el tintero. Todos ellos han escrito ensayos valiosísimos -futuras obras de referencia que hoy son ignoradas por una mayoría- para comprender el momento histórico presente sin los cuales (a no ser que se consulten otras fuentes igualmente fidedignas) no puedo concebir que se posea una mirada lúcida sobre nuestra realidad actual.

En estos textos se hace una disección muy aguda del Club Bidelberg, las tecnicas militaristas de la economía global, la ingeniería social o la genética, lo que supuso económica y socialmente la pérdida del patrón oro, los intereses que había detrás de la construcción de la Comunidad Económica Europea, la desmembración de la ex-Yugoslavia, la ascensión de los nazis al poder, la guerra fría y otros apartados que son esenciales para entender el porqué países (ahora regiones) como España o Usa enclaustrados en la inmensa jaula macroecónomica que las élites están empeñadas en construir, han perdido toda su autonomía y sus presidentes (Rajoy y Obama respectivamente) no son más que marionetas a sus órdenes. Políticos sin rumbo cuyo mayor mérito consiste en desviar la atención de esta realidad; hacer creer que trabajan para el pueblo cuando realmente son esclavos de la élite y están dispuestos a matar a miles de personas (en Siria, Irak o en sus propias fronteras -¡al tiempo!-), crear corralitos, destruir la educación y la cultura, provocar autoatentados o generar situaciones psicológicamente insostenibles que afecten a la masa general de trabajadores si en un momento dado sus jefes necesitan acelerar su programa. Como, por ejemplo, está sucediendo actualmente con la reforma educativa propuesta por Peña Nieto (otro de sus títeres) en México que no deja de ser otra batalla que estas maquiavélicas élites (haciendo del mundo un tablero de Risk) están jugando a escala global. Pues de implantarse en toda su crudeza en lo que se refiere al pago de la educación pública, dejaría desprotegidos y sin educación a más de dos millones de niños en el país azteca y a las clases bajas sin una mínima posibilidad de defenderse o evolucionar socialmente; casi en trance de desaparecer. Condenándose ab aeternitas a la pobreza, indigencia o delincuencia (algo que el gobierno vería con mucho agrado para imponer y justificar medidas fascistas) y lo que es peor y el verdadero fin de la reforma: a la ignorancia.

Aunque cada vez sea más común hablar sobre este tema, es realmente difícil encontrar personas con las que hacerlo público. Pero comienza a urgir salir del guetto. Porque contra lo que digan los medios oficiales, cada año se va a agudizar más la crisis económica y de no reaccionar en conjunto la población, en el plazo de diez años una gran parte de los planes de estos grupos de poder se habrán cumplido y nos será mucho más difícil responder. Porque seremos ya en gran medida sus prisioneros. Y convendremos que es mucho más fácil reaccionar cuando uno aún tiene las manos libres que esposadas.

A este respecto, considero que uno de los grandes problemas para desenmascarar toda esta farsa y ese grupo de sociópatas no radica tanto en el tremendo poder que atesoran que únicamente es una parte del lienzo sino más bien en que gracias a su fuerza, se hacen invisibles. Es decir; es muy difícil denunciarlos, apuntarlos con el dedo. Señalar su responsabilidad. E incluso demostrar su existencia e influencia en nuestras vidas. Algo que no es en absoluto casual pues, si nos fijamos, se comportan como el Dios Yahvé del Antiguo Testamento o el Gran Hermano de la novela de Orwell. Determinando nuestra existencia. Controlándola desde su invisibilidad. Mostrándose lo suficiente como para que ciertos elegidos -los presidentes del gobierno o nuevos profetas del caos- tengan acceso a ellos pero manteniéndose la mayoría del tiempo en penumbra. Algo que, consciente o inconscientemente, retrató con una clarividencia absoluta John Carpenter en suThey live (1988). Una película que con el paso del tiempo -a pesar de las muchas imprecisiones en su desarrollo- se está ganando el estatuto de clásico con toda justicia.

Su punto de partida es absolutamente genial: un hombre de mediana edad, John Nada, (¡No encuentro un nombre mejor para describir al ciudadano-masa!) se hace fortuitamente con unas gafas negras a través de las que puede ver la verdad que se encuentra oculta a nuestros ojos. Ahora puede visualizar con absoluta claridad el verdadero mensaje que hay tras la publicidad, los anuncios de cosméticos, alimentos y diversos productos que están influyendo subliminalmente en la sociedad y  haciéndola esclava de un grupo de extratarrestres que se encuentran infiltrados en las élites y controlan la televisión, los bancos, el parlamento y otros centros neurálgicos de poder. Donde vemos una chica de ensueño que anuncia hamburguesas hay, en realidad, una frase que enfatiza la necesidad de obedecer al sistema como existen otras que aluden al consumo continuo o al trabajo sin descanso tras anuncios de automóviles, objetos de lujo o acontecimientos deportivos. Y tras un simpático y adusto economista se encuentra un oneroso extratarrestre cuyo mayor objetivo es tener dormida a la población para que trabajen para él y su raza.

La metáfora es, convendremos, prodigiosa. Hace unos días estuve en USA y desde el primer momento que pisé el país comencé a descodificar cada uno de los signos que tenía ante mí. El desayuno en los hoteles era verdaderamente pernicioso. Jugos artificiales, dulces, cookies, magdalenas para que nuestra sangre y cerebro no fluyan como es debido. Nos atrofiemos pero tampoco critiquemos aquello que vemos. Para lo que es necesario endulzarnos el paladar. Como si fuéramos cerdos en un matadero cuya única autonomía consistiera en su capacidad de consumo. Y, por supuesto, me entretuve bastante intentando descifrar el verdadero mensaje que contenían los innumerables comerciales que nos asaltan desde todas partes. Tomando conciencia de que, si no fuera por el tema extratarrestre, la película de John Carpenter no tendría que ser encasillada en la ciencia-ficción. Pues me atrevería a decir que es realista casi al nivel del documental. Hasta el punto de que debería ser de visionado obligatorio. Al igual que la corta narración de Ray Nelson, “Eight O’clock in the morning”, en la que se encuentra basada que, teniendo en cuenta la época (1963) en que fue escrita, puede ser leída como una crítica al sistema capitalista que embestía sin control el mundo comunista pervirtiendo todo tipo de mensajes; o un muy sano ataque a los mass-media debido a su capacidad de hipnotizar a la población que, por ejemplo, ha provocado que muchos aún hoy no sepan quiénes ordenaron la ejecución de J.F.Kennedy ni los motivos que había detrás de este cruento hecho o no quieran saber los intereses ocultos tras la caída de las torres gemelas el 11 de septiembre del 2001 sobre los que el escalofriante y conmovedor relato autobiográfico, El perseguido, de uno de los cámaras que tuvieron libre acceso a la zona de riesgo, Kurt Sonnenfeld, aporta bastante luz. Un libro por cierto que recomiendo fehacientemente no tanto por concedernos algún dato que otro muy pertinente para desentrañar este enredo sino porque pienso, no nos dejará dudas sobre las verdaderas intenciones de quienes gobiernan el mundo.  De hecho,  debo confesar que si hoy me he decidido a escribir sobre este tema, (al que, lo quiera o no, tendré que volver  en el futuro pues no nos dejan otra opción) no ha sido por ninguno de esos excelentes textos previamente mencionados o por las situación de alerta (casi de guerrilla) en la que vivimos gran parte de los ciudadanos del mundo occidental desde hace años sino por empatía y solidaridad con Sonnenfeld. Porque no podemos permitir que nadie más sufra lo que este hombre ha pasado. Y desde mi rincón, deseaba clamar contra tanta injusticia y podredumbre. Contra el Nuevo Orden Mundial o cualquier otra forma de autoritarismo.

Sucede, como dije anteriormente, que al referirse al Nuevo Orden Mundial, se siente uno a veces como el personaje de la película de John Carpenter. Aislado, incomprendido y prefiere no hablar demasiado. Es por otra parte muy lógico que nos suceda lo que a John Nada cuando le pide a su compañero Frank que se ponga las gafas negras. Que tenga que luchar con él en una interminable batalla filmada por el cineasta norteamericano en un callejón que ha sido interpretada por ciertos analistas -en mi opinión, con éxito- como la resistencia del ego normal, racional (Frank) a pasar a otra dimensión, violentar sus límites y tomar conciencia de la verdad (John). A lo que -hay que reconocerlo- sin dudas, contribuyen ciertas teorías sobre el Nuevo Orden Mundial que me parece que no ayudan a hacer creíble el relato de su existencia y la necesaria organización colectiva que ha de haber para hacerle frente y derrotarlo como está escrito que será. Me refiero por ejemplo a los que se empeñan en comparar a sus dirigentes con seres reptilianos o los emparentan con extraterrestres (como si estuviéramos dentro de la película de Carpenter) contribuyendo a desacreditar buena parte de las enjundiosas investigaciones que existen sobre ellos y también a esos discursos que ponen énfasis en sus rituales privados y, en algún caso, llevan a una deriva insostenible o esquizofrénica sus análisis sobre determinados símbolos numéricos o gestuales a partir de los cuales se estructurarían todos sus actos casi matemáticamente. También en parte me refiero a quienes rastrean con ansiedad toda catástrofe natural y con pulso nervioso esperan un acontecimiento bélico o una revuelta (teoría que, en parte, no descartaría) que las élites se encargarían de sofocar para salir definitivamente a la luz e imponer su gobierno global. Porque si a todo esto le unimos que, por ejemplo, en China, se sabe de la existencia de determinados blogueros que, haciéndose pasar por anti-sistema y contrarios al Nuevo Orden Mundial, se encuentran bajo su yugo y se encargan de mezclar información falsa y verdadera en sus post para desorientar a quienes los leen, se entenderá que la confusión sobre este tema sea bastante grande y, en general, la gran parte de las personas todavía no se atrevan a mirar más allá del sistema. Sigan confiando en las tradicionales y “gastadas” soflamas de la izquierda para dar un vuelco a una situación que no podremos enfrentar mientras no la reconozcamos.

¡Ojo!. Como siempre, es necesario matizar. No estoy diciendo que muchas de las teorías procedentes de la izquierda no sean válidas, justas y necesarias. Tampoco que los miembros del Nuevo Orden Mundial o los Iluminati -como muchos los nombran- no posean sus rituales ni un plan fijado que intentan ejecutar con absoluta precisión. Lo que estoy intentando indicar es que  analizar este tema según un enfoque tradicional izquierda-derecha (PP-PSOE por ejemplo) o prestar excesiva atención a los datos previamente mencionados, nos desvía muchas veces del tema central. Y que una vez que se reconoce la existencia de este diabólico organismo, por más que es necesario seguir estudiando al enemigo, me parece que urge más crear conciencia en la sociedad y, sobre todo, construir planes alternativos para enfrentarnos a ellos que regodearnos en ciertos detalles que, como los que rodeaban al aparato nazi, tiene todo el sentido leer después de la guerra pero acaso no tanto cuando ésta se produce y se despliega con tanta virulencia como ahora mismo.  Probablemente porque no se tiene la certeza absoluta de lo que se afirma. Como se demostró con quienes, con su buena voluntad, daban por seguro un atentado en Londres en los pasados Juegos Olímpicos que, desde mi óptica, era casi imposible que sucediera. No tanto tal vez por el deseo de estas élites sino porque el rumor o hipótesis había llegado a niveles de noticia en muchos ámbitos y, desde luego, lo que los jerifaltes no iban a hacer es darle la razón a quienes se dan el gusto de llamar conspiranoicos. Más bien, todo lo contrario. Yo de ser ellos, hubiera montado unas Olimpiadas seguras, como así fueron, y de paso, hubiera desacreditado y cerrado unas cuantas bocas repletas de palabras incómodas.

En fin. Por hoy no tengo mucho más que decir. Simplemente que no debemos olvidar que la realidad supera muchas veces la ficción porque es su fuente y raíz y lo lógico es que antes o después, las obras de arte sean espejo de ella. Hay cientos de libros y películas que nos han advertido que situaciones como estas, podían suceder. Cierto que sólo unas pocas con la inteligencia necesaria. Pienso ahora por ejemplo en La invasión de los ladrones de Ultracuerpos. La versión de 1978. Cuando la vi de niño, quedé fascinado y aterrorizado. Obviamente, mi interpretación fue plana. Quienes nos invadían y adaptaban nuestra estructura corporal, eran los extraterrestres. Más tarde, de adolescente, la leí en clave de guerra fría. Pero hoy no puedo dejar de interpretarla según esta situación que vivimos actualmente. A esto me obligó mi última visita a España cuando al mostrar mi absoluta repulsa a la suicida e interesada política de recortes del gobierno títere español, un amigo se volvió hacia mí, como si fuera el personaje interpretado por Donald Sutherland en la película de Philip Kaufman, y casi gritando, me dijo que él estaba absolutamente de acuerdo. Lo que me llevó a pensar si acaso no estaría extendiéndose un virus maléfico por todo el mundo y me encontrara en serio peligro de ser contagiado por el mismo.

De hecho, escuchar hace unos días a Antonio Escohotado defender con su tranquilidad e inteligencia habitual el neoliberalismo en la entrevista que se le realizara en el -más necesario que nunca- programa de radio, Carne Cruda, (mi favorito junto a El Vórtice para estar al tanto de la realidad social) me volvió a dejar, si soy sincero, totalmente shockeado. Como si estuviera en medio de un apocalíptico film de ciencia-ficción y fueran a aparecer robots a mis lados que me impidieran la marcha y me obligaran a huir como lo hacía Logan en aquella famosa narración de William F. Nolan y George Clayton Johnson (luego llevada al cine). No porque considere que lo que el hetorodoxo pensador dijera sobre este sistema fuera errado sino por la poca empatía que mostró hacia la triste situación actual que ha generado. Porque no se trata tanto, me parece a mí, de proclamar las bondades y virtudes del capitalismo -que, sin dudas, las tiene y muchas- y las maldades del comunismo -que también existen a miles- sino de comprender que  ha llegado a un punto de colapso. Y que, más allá de su propio funcionamiento, se trata de alterarlo y modificarlo sustancialmente para que una gran mayoría de la población, previo sacrificio y cambio de conciencia, pueda beneficiarse del mismo y no estar bajo sus dominios como esclavos que es lo que está intentando a toda costa el Nuevo Orden Mundial y probablemente esté consiguiendo. Como revela, por ejemplo, las escasas revueltas -teniendo en cuenta la gravedad de lo que está ocurriendo- ocurridas en Europa o la apatía con que se recibió hace dos años desde los medios generalistas la vuelta a la actividad de un grupo como Atari Teenage Riot. Algo que me parece muy sintomático teniendo en cuenta que las hordas de Alec Empire continúan atacando con la visceralidad con que lo hacían cuando surgieron, al capitalismo. Siguen siendo su azote. Y carecen (o al menos lo tienen muy opacado) de ese sentimiento a través del cual nos maniatan y manipulan, el miedo, que no nos permite otear el porvenir. Prepararnos para lo que surja cuando las torres de Babel vuelvan a caer y tengamos que mezclarnos con nuestros hermanos para crear un nuevo mañana. Shalam

ما حكّ جْلْْْْْدك مثل ظْفرك

Dios nos envía la carne y el diablo, los cocineros

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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