El imperio del futuro: Star Wars

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Resulta bastante lógico que quienes verdaderamente rigen los destinos de la economía y los países (o lo que va quedando de ellos), se unan para trazar estrategias, planes que les permitan mantener y multiplicar sus ganancias. Decía Adrián Salbuchi, por ejemplo, en El cerebro de mundo que la consabida lucha entre comunismo y capitalismo que tuvo lugar después la Segunda Guerra Mundial, le sirvió a la aristocracia empresarial del planeta para comprobar cuál de los dos sistemas se adaptaba mejor a sus intereses. Observar cómo se podían controlar y unificar diversas naciones y culturas en torno a grandes bloques (Pacto de Varsovia y Otan) de entre los que elegirían el modelo más fuerte.

Para finales de los años 70, muy posiblemente ya se habían cerciorado de que el sistema ideal a imponer era el capitalismo y poco a poco, se fueron realizando los movimientos necesarios para desmantelar el telón de acero. Provocando que los jerifaltes de, por ejemplo, la Marvel o Hollywood comenzasen a realizar toda una serie de obras en las que más o menos quedaba bastante claro qué es lo que podía suceder. Entre ellas, por ejemplo, Rocky IV, (¿acaso el que un boxeador norteamericano, Rocky Balboa, tumbara al ruso Iván Drago en pleno centro de Moscú no era una advertencia de que el bloque comunista estaba próximo a caer frente al empuje del capitalismo?) y, por supuesto,  Star Wars.

De una manera u otra, todos los films de la saga creados por George Lucas han hecho referencia (siempre veladamente) a sucesos que estaban ocurriendo y, sobre todo, por ocurrir, inoculando ciertos mensajes en el inconsciente colectivo. En la trilogía original, tras cientos de esfuerzos y décadas de incontenible lucha, los rebeldes, demócratas y aliados de los jedis acababan con los maquiavélicos planes del Imperio y años más tarde, caía el muro de Berlín. Provocando que, a tono con las celebraciones de los acólitos de Han Solo y Luke Skywalker al final de El retorno del jedi, Occidente se convirtiera en una fiesta inmensa de crédito, dinero fácil y “supuesta” democracia durante la década de los 90. A lo que contribuía la infantilización de gran parte del cine de Hollywood de la época y por supuesto, ciertos detalles del Episodio VI de Star Wars. Tanto es así que a veces en mis delirios, he pensado que los ewoks, esos muñecos surgidos en medio de un planeta perdido y utópico, eran en gran medida el lado amable del “dinero deuda”. Y que, por contra, los Gremlins, aquellos monstruitos de la película de Joe Dante, eran una advertencia de sus peligros.

He imaginado, sí, que los ewoks eran una metáfora del dinero que no existía y se invertía alegremente en acciones de bolsa, commodities o casas. Que aquellos osistos eran una excusa para regodearse en el “maquiavélico” infantilismo económico que se iría progresivamente imponiendo. Pues la enorme victoria de los jedis justificaba que el mundo occidental y capitalista viviera un recreo, un tiempo de ocio y dicha desconocido desde los años 50. Una fiesta perenne que permitió que la población en su conjunto hiciera la vista gorda a todos los desmanes cometidos en Irak durante la Primera Guerra del Golfo o en la ex-Yugoslavia con la vulgar criminalización de Slobodan Milosevic y los serbios.

Sabiendo que Hollywood y el cine comercial en general es un altavoz más o menos velado de las élites, no pude por tanto sino estar absolutamente prevenido cuando apareció el que, durante años, consideré el peor film de la historia del cine. Me refiero, claro, a ese desastre estrenado en 1999, conocido con el nombre de Episodio 1, La amenaza fantasma. Aunque no fue hasta que contemplé el Episodio III, La venganza de los Sith (2005), que entendí la jugada completamente y comencé a vislumbrar con claridad el futuro de los tiempos que venían. El mundo que se avecinaba.

El Episodio III ha sido muy denostado como los otros dos de esta mediocre precuela. Sin embargo, a partir de su media hora inicial, a mí consiguió emocionarme. Incluso diría que me impactó. Tanto es así que, a pesar de sus defectos, lo he revisado varias veces puesto que, aun siendo tal vez demasiado obvia, la historia de aquel joven caballero jedi, Anakin Skywalker, que cayó atrapado en manos del lado oscuro, me fascina. Creo además que, por más típica que pueda parecernos, tiene un mensaje secreto que comunicarnos a todos. Pues uno entiende que un músico como Saltieri o aquel muchacho acomplejado de nuestra clase que babeaba de rabia con la felicidad de los demás, se hayan convertido en monstruos al crecer pero, ¿un rockstar de la galaxia jedi, un joven apuesto con un futuro prometedor que había dado su vida por la galaxia educado además entre maestros de luz? Sí. Ok. No sabemos quién fue su padre y su madre muere asesinada pero en cualquier caso, su inmersión en el lado oscuro resulta bastante incomprensible.

Cuando yo era niño y escuchaba a Obi-Wan Kenobi o a Yoda hablarle a Luke Skywalker de su padre sugiriéndole entre líneas qué podía haber sucedido, me estremecía de imaginar en qué abismos insondables de locura había caído aquel caballero jedi cuyo destino no estaba tan lejos del Capitán Kurtz de El corazón de las tinieblas. Pues bien, años después y contra pronóstico, La venganza de los sith, me ofreció una respuesta a esta interrogante. Y lo hizo sin piedad. O con toda la crueldad que le era posible a un film comercial.

Decía Slavoj Zizek y puedo comprenderlo, que la transformación de Anakin en Darth Vader carecía “de grandeza trágica, porque en vez de centrarse en el orgullo de Anakin visto como un deseo irresistible de intervenir, de hacer el Bien, de ir hasta el final por aquellos a los que ama (Amidala), extraviándose de este modo en el Lado Oscuro, Anakin es presentado simplemente como un guerrero indeciso que se va deslizando gradualmente hacia el Mal al sucumbir a la tentación de Poder bajo el influjo del maligno Emperador. Dicho de otra forma, George Lucas carece del valor para establecer realmente el paralelismo entre República-Imperio y Anakin-Darth Vader”. Pero por lo que a mí respecta, la transformación sí está bien conseguida. De hecho, sentí un agobio tremendo y un dolor intensos justo en el momento en que Anakin se unía para siempre al negro traje por el que sería conocido y temido. Y, desde luego, en su proceso de conversión al mal no me parece algo secundario que el héroe del bien asesinara de un tajo de su espada la cabeza y cuerpo de decenas de niños aprendices de jedi.

Sucede que para Zizek, el problema central del film de Lucas radica en que dado que Anakin se acerca al mal por no ser capaz de controlarse a sí mismo: “el taoísmo jedi se presenta como la baza para volverse la ideología hegemónica del capitalismo mundial. Una suerte de “budismo occidental” que se presentaría ahora como remedio contra las tensiones de la dinámica capitalista. Y permitiría que nos desengancháramos y conserváramos la paz y la serenidad interior, funcionando como un complemento ideológico perfecto (del capitalismo)”.

No voy a contradecir al esloveno por más que lo que dice al respecto del Episodio III sea atribuible a toda la saga. Sea la esencia misma de Star Wars y no tanto de esta película en concreto. Y no lo haré, porque en realidad, si salvamos este desliz (que tal vez únicamente sea un problema de apreciación mío) sus palabras son muy lúcidas. Pues como se ha demostrado en estos últimos años, pareciera que los ciudadanos tenemos muy claro que debemos serenarnos, meditar y perdonar en lo posible a nuestros verdugos o enemigos o al menos no perder el control. Es decir, el capitalismo nos necesita taoistas para que no le causemos más problemas de la cuenta. Y la mansedumbre y sumisión es rociada con el matiz de la filosofía oriental para que nos sintamos esclavos “cool”. Miembros del lado luminoso de la fuerza que con nuestro actitud “oriental” -aunque esto nos suponga perder todos nuestros derechos y dignidad como trabajadores- no caemos en los abismos del lado oscuro como lo hace Anakin.

En cualquier caso, deseo aclarar que a mí no me interesa tanto como a Zizek la manera en la que se produce el proceso de transformación maligna sino el hecho de que se produzca y la podamos contemplar. Esto es; que la última imagen (sí, ya sé que el film finaliza con la entrega del recién nacido Luke a su familia adoptiva en Tatooine pero convendremos que la esperanza del cambio queda aún muy lejos) que nosotros como espectadores tengamos de la saga Star Wars, no sea la de Han Solo abrazándose a un puñado de ewoks sino la de Darth Vader ubicándose a un lado del Emperador mirando la galaxia que intentará doblegar imponiendo el mal. Eso es, repito, lo que me interesa. Que la última entrega de Star Wars termine mal. Con el odio imperando a sus anchas y la democracia rota y desestructurada por las artimañas de manipulación de astutos políticos que imponen una dictadura de modo global. Porque existen allí demasiados paralelismos con nuestro mundo actual como para no entender que desde algún lugar, las élites deseaban comunicar cierto mensaje a la población con este film.

De hecho, desde el estreno del Episodio III, Occidente se ha convertido en una cárcel aún mayor que antes donde la palabra democracia es una mera quimera. Y si alguien me dijera que los misteriosos empresarios que dan sus órdenes desde despachos invisibles para imponer su idea del mundo tienen un rostro similar al de Darth Vader o el Emperador Palpatine, o -tanto da- que ambos dos existen y están a sus órdenes actualmente, podría llegar a creérmelo. Pues desde la conversión de Anakin en Darth Vader no hemos hecho más que adentrarnos en la oscuridad. Resistir como nos ha sido posible frente a un imperio del mal que ha perdido toda la vergüenza y decoro para imponerse. Siendo inevitable además no establecer comparaciones entre la huida de Yoda y los escasos jedis que sobreviven a la matanza ordenada por las tropas imperiales con los cientos de jóvenes españoles, griegos, portugueses, italianos que han debido marcharse a otros lugares buscando una vida mejor. O al menos no ser arrollados por un Imperio globalizado y neoliberal que en cada lugar del mundo utiliza sus armas al límite. En México, asesina estudiantes. En USA, los endeuda. Y en España, les prohíbe manifestarse y les sube las tasas.

Dicho esto, se comprenderán mejor las expectativas (en mi caso mucho más políticas que cinematográficas) provocadas por el Episodio VII. ¿Puede ser casual que Star Wars esté de vuelta de nuevo? En absoluto. La crisis económica continúa y me parece bastante lógico (¡Ya se sabe que los esclavos no han de desfallecer. Han de seguir creyendo y consumiendo!) que para diciembre del año 2015 tengamos con nosotros esta nueva entrega. Ya lo dice el subtítulo de la nueva entrega, todo final es un nuevo comienzo. Con lo que, de alguna forma, pareciera que se nos está preparando para el ocaso definitivo y soportar la decadencia y los sufrimientos que aún nos quedan hasta el 2019-2020 -fechas en las que la nueva trilogía debería haber terminado- o un poco más allá ante las expectativas de ese nuevo principio y recuperación que se me antoja que no llegará hasta que los nuevo episodios hayan concluido.

Aunque desconfío totalmente de la marca Disney y J.J. Abrams es un director que me da repeluz, he de reconocer que el trailer del nuevo episodio me ha seducido. No me gustaría, en cualquier caso, que este atípico post (si es que algo puede ser atípico en avería) se viera como una llamada al optimismo o a dejarnos llevar por la fiebre galáctica, sino más bien, como una llamada a leer de la más lúcida de las maneras el acontecimiento cinematográfico por venir. ¿No es al fin y al cabo todo Star Wars un lavado de cara del capitalismo global?

Seamos además realistas. El panorama que se nos presenta en concreto en España no es demasiado alentador. Todos los partidos son parte del sistema corrupto. Ninguno es capaz de ofrecer una verdadera democracia. Y en este sentido, no creo que haya demasiadas buenas noticias. Pues los políticos se encuentran controlados por las élites de una u otra manera. Prueba de que  la resistencia, la real, se encuentra fuera de los bancos, las empresas y el consumismo.Otra cuestión, claro, sería dónde se encuentra ese “afuera”: ¿Es realizable? ¿No será que el futuro de existir, sí, está en las estrellas? ¿Quién lo sabe? Desde luego, no yo. Shalam

 ربّ اغْفِر لي وحْدي

Dios, cuando hizo el tiempo, lo hizo de sobra

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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