La futura Sumeria

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Es curioso que ahora que parece que como los mayas indicaban, nuestra civilización se encuentra en fase terminal, la atención se vuelque en Oriente Medio y próximo. Que sea cerca del lugar que fue una de las cunas de la humanidad, allí donde se escribió la primera epopeya épica conservada (la de Gilgamesh) y el primer conjunto de leyes (el Código de Hammurabi), donde se esté dilucidando el posible inicio del fin del Occidente que conocemos. Donde se está llevando a cabo la actual y subversiva guerra global que tan difícil resulta desentrañar teniendo en cuenta que se encuentra movida por los intereses ocultos de corporaciones político-económicas cuyo lenguaje como la neolengua orwelliana hemos continuamente de re-interpretar o traducir. ¿No es por poner un ejemplo neoliberalismo un eufemismo de neoesclavismo y la bolsa un mar económico que simula y actualiza aquellos bravíos y salvajes gobernados por piratas siglos atrás?

Los hechos son fríos y objetivos. Hasta ahora, los países de la zona, como es el caso de la Libia de Gadafi o la Irak de Sadam Husein, que intentaron dejar de manejar dólares para las transacciones petroleras fueron invadidos, saqueados o sufrieron boicots. Guerras preventivas o humanitarias, (sí, cinismo orwelliano) las denominaron. Sin embargo, la eclosión de los Brics (Brasil, Rusia, China, Sudáfrica e India) y su deseo de volver al patrón oro o un modo de medir la capacidad y rendimiento económico de los países que no favorezca la especulación -la creación de dinero-deuda inexistente-, ha provocado que por primera vez EUA y los sionistas no puedan ejecutar sus chantajes ni sus políticas piratas con la libertad con la que hasta ahora lo estaban haciendo. De hecho, si no hubiera sido por la oposición de Putin, las tropas del inmisericorde Obama hubieran invadido Siria hace más de un año dejando el habitual reguero de muertos y devastación tan comunes en este país desangrado y partido por una cruenta guerra civil.

La eclosión, por tanto, de los BRICS unido al hartazgo de las políticas bélicas y económicas norteamericanas podría provocar que países como Arabia Saudí que tradicionalmente han apoyado estas medidas (y actualmente favorecen ese encubierto ataque a Rusia, Irán y Venezuela por parte de EUA que es la bajada de los precios del petróleo), pudieran plantearse por primera vez muy seriamente junto con otro países de la zona dejar de usar el petrodólar para sus transacciones. Algo que supondría el hundimiento del país más endeudado del mundo (sí, el yanqui), y en gran medida, provocaría que buena parte de los planes de la economía global se vieran o bien retardados o bien finiquitados. Razón por la me inclino a creer la hipótesis que sugiere que EUA ha permitido y probablemente favorecido atentados como los recientemente cometidos en París contra Charlie Hebdo y que esté, como ya ocurriera a partir del 11-S, intentando inseminar el odio y el miedo al árabe y al musulmán con el fin de invadir Oriente Medio o continuar haciendo presión sobre esa zona. Estrategia que es acompañada y fortalecida por la instauración de medidas fascistas en toda Europa para que la población libertaria de sus países no pueda oponerse a sus planes a fuerza de sufrir duras sanciones como podría suceder en España si a los ciudadanos se les ocurriera repetir las protestas que llevaron a cabo cuando José María Aznar dio el visto bueno para invadir Irak.

Se da la circunstancia (aun por ver) de que Estados Unidos ha comenzado a producir petroleo de esquisto lo que le permitiría ser autosuficiente en un futuro no muy lejano. Por lo que sus intereses por controlar Oriente Medio (más teniendo en cuenta que la mayor parte del petroleo que recibe procede de Canadá y México) pueden visualizarse con mayor claridad: intentar sostener el dólar todo lo posible y tener bajo su dominio una zona vital para dañar a los BRICS. Más aún, teniendo en cuenta lo próxima que se encuentra a Israel que es en gran medida el cerebro en la sombra de todas estas operaciones cuyo comportamiento con Palestina y regiones limítrofes le obliga a un continuo  esfuerzo para tener controlada la región.

En cualquier caso, no quería hablar hoy en avería sobre estos sucesos sino como testimonio y metáfora de una situación. El hecho de que nuestra actual decadencia se encuentre muy relacionada con el uso que hacemos de una substancia que se encuentra en el fondo de la tierra -el petróleo- cuya asimilación con la mierda se ha realizado en múltiples ocasiones. De hecho, no por casualidad ha sido denominada oro negro. Un material nocturno y dionisíaco que posee el mismo color que las fuerzas de la noche, las demoníacas y vampíricas, cuya entronización ha provocado que las guerras se multipliquen por mil y, sobre todo, nuestra capacidad destructiva y aniquiladora a cambio de un bienestar que hubiera sido el mismo o mayor si hubiéramos continuado la línea de investigación propulsada por visionarios como Nikolai Tesla o se hubieran incentivado y desarrollado al máximo la energía solar y la fotovoltaica.

Puede que cuando se eche la vista atrás, las generaciones futuras posiblemente nos califiquen como los hijos de la mierda. Los puercos. Los esclavos del petróleo. Quienes mancharon sus manos en excremento y utilizaron la mugre como abono para levantar la civilización hasta que el estiércol acabó enfangando todas sus instituciones, animales, bosques y océanos como está ocurriendo actualmente. Pues como advertían aquellas tribus y culturas primitivas que o bien Occidente ha aniquilado o ha envuelto en el manto de la superstición, al ser humano no le puede resultar gratis transgredir ciertos límites. Penetrar en determinados conductos sagrados como es el caso del cuerpo terráqueo sin un mínimo de respeto.

Desde el principio, el petróleo provocó rabia y odio. Dallas, el pastiche televisivo, es un claro ejemplo de ello así como la mítica Gigante de George Stevens con un James Dean desatado gritando ansioso al ser bañado por la diarrea incontenible del planeta. Aunque probablemente, no exista un film que con mayor destreza haya puesto de manifiesto la inmensa sacudida de furia y codicia que supuso el petróleo que There will be blood. La película de Paul Thomas Anderson. Una especie de Corazón de las tinieblas a la inversa que muestra sin ambages el momento en que Occidente y, en este caso concreto, Norteamérica fue colonizado por este tipo concreto del mal. Un virus acaso más dañino que la muerte que aceleró su proceso esquizofrénico. Pues su (nuestra) alma fue contaminada al tiempo que la influencia del lodo negro se extendía por el aire, inundaba nuestros pulmones y pasaba a formar parte del ADN de la sociedad capitalista.

En este sentido, la posible vuelta al oro que estarían postulando los BRICS y algunos de los economistas de la eurozona estupefactos, indignados ante el continuo aumento de moneda-zombie o no-dinero, debería ser un motivo de alegría. Pues como sabían perfectamente los alquimistas, los metales son objetos simbólicos que están relacionados con aspectos de nuestro alma que deseamos desarrollar. Y el oro evoca iluminación. Cambio de conciencia. El desarrollo de una cultura solar que podría potenciar los aspectos luminosos del ser y no tanto los oscuros como la distópica actual (no tan lejana a esa Negociudad cuya energía proviene de las heces de cerdo diseñada por George Miller en Mad Max III) sometida al dinero-deuda pantanoso y los fosos de mierda petrolíferos. Un mundo, sí, más próximo al primero, al mesopotámico, pero adaptado a los siglos por venir que pudiera contrarrestar si es que todavía es posible, los cientos de perjurios y guerras cometidos en nombre del dios único y la posesividad. El anhelo de inmortalidad y velocidad que no es más que deseo de autodestrucción. Impulso suicida más o menos reprimido o maquillado.

No obstante, no deberíamos ser ingenuos -y basta echar un vistazo a la cultura azteca o egipcia para tomar conciencia de ello- el sol y la luna se encuentran íntimamente unidos al igual que el bien y el mal o el oro físico y el negro. Es decir, una cultura solar no sería necesariamente mejor que otra lunar. De hecho, es necesario recordar que la fiebre por el metal dorado provocó tantas muertes y rabia como el frenesí y la ansiedad petrolíferas. Algo lógico porque en este caso también se estaría penetrando la tierra y retirando algunas de sus partes más preciadas identificables en este caso con el cerebro o corazón. Por lo que al fin y al cabo, se trataría de unir opuestos y no de negar. Efectivamente, necesitamos cagar, reconocer la mierda y no tirar del retrete y olvidar. Al igual que para vivir debemos entender la muerte. Y mientras no seamos capaces de construir una síntesis, una filosofía y ética vital que vincule los contrarios sin despedezarlos ni oponerlos seguiremos condenados a destrozarnos. Al engaño. En la prehistoria de nuestra historia aún por escribir. Sometidos al mandato de lo uno y enceguecidos para comprender las maravillas de los reinos plurales. Estaremos o bien sometidos a las ley del Talión babilónica, la inquisitorial católica o las visiones ortodoxas (y no simbólicas) del Corán. Bajo el dominio de Yahvé. El dios del sacrificio apocalíptico  y la guerra. Lo que nos indica que urge construir cuanto antes formas de conocimiento que incidan en el análisis simbólico de los hechos y objetos reales que favorezcan su múltiple e infinita interpretación sin por ello caer en el relativismo.

La futura Sumeria, el mundo por venir al cabo de los siglos, no ha de ser una ciudad-estado sino un mundo de ciudades-estados en el que la palabra extranjera sea escuchada con arrobo, secreto y misterio y los reyes desaparezcan como el dinero. Puesto que sólo allí donde los restos de cientos de pozos petrolíferos se confunden con los restos de la Torre de Babel anunciando el fin de las ambiciones del ser humano se vislumbra que aunque sólo sea por un segundo, podría ser posible que reinara el amor. Shalam

كُنْ ذكورا إذا كُنْت كذوبا

                      Sólo los peces muertos siguen la corriente

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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