Remolinos (1)

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Comienzo hoy una serie de breves reflexiones sobre una serie de productos creados a partir de esa inmensa bomba creativa llamada Watchmen.

Si he de decir la verdad, la mayoría de obras de las que voy a hablar me parecen prescindibles. Muchas incluso -como es el caso de la serie de la HBO- creo que están un tanto sobrevaloradas. Pero eso no significa que no estime muchos de sus aspectos ni que no haya pasado buenos momentos leyéndolas (en el caso, por ejemplo, de Before Watchmen) o contemplándolas. Ninguna se aproxima en cuestión de calidad a la obra madre pero tampoco creo que haya ninguna excesivamente vergonzante.

Yo las vislumbro como pequeños remolinos surgidos tras la explosión provocada por el cómic de Moore y Gibbons. Lo ideal probablemente es que lo hubieran dejado en paz pero supongo que el manjar económico (y, en algún caso, el desafío creativo) era demasiado grande como para lograr vencer las tentaciones de toda una horda de escritores, realizadores y dibujantes cuyo empeño en realidad ha servido para que muchos valoremos aún más (si cabe) el original en que se basaron. En fin. Sin más. Ahí voy.

Remolinos (1)

Watchmen es la película perfecta para que un lector o un cinéfilo compulsivo la contemplen un sábado noche para distraerse de sus obligaciones o durante unas vacaciones. Básicamente, porque es muy divertida, tiene ritmo y, al mismo tiempo, plantea ciertas reflexiones que no permiten a la mente divagar totalmente como cuando contempla uno de esos espectáculos hollywoodienses realizados a mayor gloria de las palomitas.

El Watchmen de Zack Snyder es un filme cool. Es un frappé. Un cono de helado de Moka. Un vestido de noche de colorines. Es una obra seductora. Hay que estar muerto para no disfrutar, por ejemplo, de varios momentos en los que aparecen diversas canciones pop durante su desarrollo.

El Watchmen de Zack Snyder esconde en su interior unos cuantos videoclips inolvidables. Escenas de esas que hacen mover los pies. El director norteamericano sabe cómo conectar con el espectador joven. Cómo ganarse a los nuevos hipsters (nada que ver con los peligrosos originales) que pueblan los cafés de Nueva York o Seattle y a todos esos intelectuales modernos crecidos entre cómics y discos de rock y techno que ya no conectan con las obras de Woody Allen pero aún sienten deseos de ir al cine de tanto en tanto. Y bueno, ese es precisamente el problema. Que Snyder realizó una película para engatusar y seducir a cuanto más público mejor. Así que incluso aunque el final de su versión es trágico, no logra transmitir ni la mitad de desasosiego y nihilismo que el cómic de Moore y Gibbons.

Tras leer el Watchmen original el mundo era diferente. El guionista británico transformaba completamente nuestra visión de la realidad y del mundo de los superhéroes. O al menos -en el peor de los casos- la alteraba. Nada que ver con lo que ocurre tras contemplar el filme de Snyder. Un director que está obsesionado con contentar al espectador y se esconde tras Moore y los mentados superhéroes para darse una pátina cultural.

Lo que intenta lograr Snyder es que si no te gusta su filme, te acuses a ti mismo por ser un carca o ser excesivamente exigente pero no escarbes demasiado en la superficialidad con la que aborda varios temas y personajes. Puesto que esa es precisamente su baza para conseguir que el producto recaude grandes cantidades de dinero en taquilla y sin convencer a todo el mundo tampoco disguste en exceso. Nada que ver con la mentalidad anárquica y transgresora de Moore. Con el relato impiadoso que realizaba de sus ególatras personajes.

Snyder es el típico camello de discoteca (o político) que logra que nadie se quede sin su ración de droga pero que, asimismo, nadie tenga exactamente ni la cantidad ni (tal vez) el producto que pidió.

Yo recuerdo haber visto Watchmen en México. Había hecho mucho deporte aquel día y, siendo sincero, el filme de Snyder me entretuvo como lo hacen algunos partidos de Champions. De octavos para entendernos. Pero también es cierto que lo olvidé al momento. Algo que jamás me ha ocurrido con la obra de Moore que cada cierto tiempo necesito revisitar y nunca se ha ido completamente de mi mente.

Claro que la visión de Snyder tiene muchos puntos positivos. Snyder es un publicista genial. Muy avispado. La mayoría de actores elegidos (caso de Jeffrey Dean Morgan para El comediante o Jackie Earle Haley para Rorschach) son ideales para encarnar sus personajes. Tampoco me parece en absoluto una mala conclusión el que sea en este caso el Dr. Manhattan el responsable de la matanza final. Y si bien es cierto que su visión de Ozymandias era demasiado caricaturesca (con Moore el personaje era tan ambiguo como astuto y misterioso) y abrió la veda para posteriores visiones grotescas sin demasiado sentido, hay que reconocerle que sabe aguantar el peso de adaptar una obra inagotable. Nunca de hecho se le va de las manos aunque no comprende (o al menos no refleja) ni el patetismo de los personajes de la obra madre ni su decadentismo apocalíptico. De hecho, como ha dicho medio mundo, presenta determinados roles principales de Watchmen como si fueran superhéroes y no narcisistas con ínfulas de reconocimiento y gloria.

En realidad, creo que Snyder no se encuentra tanto preocupado por el mensaje final de su filme ni en profundizar en lo que relata como en diseminar señales, pistas e indicios de todo tipo relacionados con el cómic original para contentar (y despistar) a los lectores de Moore. Algo que no creo que consiga. Porque Watchmen no era ningún puzzle. No era un juego adolescente y posmoderno. No era Lost. De hecho, cuando terminaba, se abría un mundo para sus lectores. Su final era su principio. Y el final del filme de Snyder no es el principio de nada. Si acaso lo más que conseguirá es que los espectadores que no lo conozcan, lean Watchmen. Ok. Sí. Algo que no posee escaso mérito. Pero deja bien claros los objetivos y aspiraciones.

Resumiendo, si yo fuera productor, no dudaría demasiado en invertir dinero en un proyecto comandado por Snyder, pero si fuera un autor de prestigio tendría más que razonables dudas de que fuera la persona adecuada. Más que nada porque su mente no está puesta en el viaje y la aventura sino en el público. Shalam

كل الفجور التام يتطلب راحة مثالية

Todo libertinaje perfecto requiere un ocio perfecto

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen…no se por que la gran mayoria de las lineas del dibujo-diseño de los trajes acaban en punta………….agresividad………………
    2ºimagen……cachonda sonrisa y cachondo antifaz pentagonal….el puro, segun el periodico, sera cubano, jajajjj
    3ºimagen……murcielago, impronta de diana rigg (la vengadora emma peel),el hombre test rorstchach….el telon son las sepulturas egipcias………
    4ºimagen:…..es que aqui no habia un doble para llevarse las tortas…………..
    5ºimagen……el hombre cachondo lleva el hombro del titanio de la fachada del guggenheim de bilbao y en el hueso de la suegra lleva una pletina inoxidable…………..
    PD:…https://www.youtube.com/watch?v=A5H6wQHVZPs—–cabecera–los vengadores–(1961-69)……

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Están como adolescentes en una discoteca. Han recuperado la juventud. 2) Las hombreras son de jugador de rugby. Indican que al tipo le gusta el contacto físico. 3) Parecen tres personas disfrazados de los personajes de Watchmen que van a una fiesta de carnaval llena de sorpresas. 4) Durante un tiempo se valoró a Bowie para interpretar este papel. Aquí se ve por qué. Hay un parecido entre Kovac-Rorschach y Bowie. 5) Soy un tipo cool y quiero hacer algo más divertido que Gladiator y Juego de tronos. Eso dice Snyder. Eso piensa. Aunque por aquel entonces la serie de la HBO no existiera. PD: deliciosa serie.

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