Adán y Eva

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El mito de Adán y Eva tiene y tendrá múltiples interpretaciones. Uno de los objetivos del programa Adán y Eva que comenzó a emitir la cadena Cuatro hace unas semanas es eliminarlas todas. Aniquilarlas. La emisión, de hecho, busca controlar la desnudez. Quitarle su carácter transgresor y erótico con el fin de absorber, controlar, dirigir la intimidad no sólo de los concursantes sino sobre todo de los espectadores puesto que en realidad, es a estos últimos a quienes se desea conquistar. Anular.

La pantalla televisiva muestra la desnudez sin vergüenza con el fin de seducir a un ciudadano cuya voluntad se intenta someter conforme el mundo estalla. Para las hordas neoliberales, el capitalismo empresarial, destrozar la familia y la solidaridad social no es suficiente. Como tampoco lo es absorber la rabia y la frustración por medio del consumismo, ilusiones postergadas, Internet más o menos libre, televisión continua o la eclosión de partidos políticos como Podemos. Es necesario también controlar la masturbación y el modo y maneras de amar penetrando en la espina vertebral del sujeto sin clase, aislado, generalmente frustrado y (falsamente) escandalizado que se intenta generar. Y de ahí que no deba extrañar a nadie el hecho de que los productos de la industria pornográfica sólo paguen un 4 por ciento de IVA en España y los culturales un 21. Pues al fin y al cabo, esta medida no es más que una tropelía más de esa ideología neoliberal que hace de la muerte de la solidaridad social un espectáculo, mostrándola sin recato alguno, pornográficamente, delante de la pantalla, tanto para abrumar como para intentar eliminar toda resistencia.

En este sentido, cambiar un mito ancestral (Adán y Eva bíblico) por otro cotidiano (el programa Adán y Eva) no representa más que otra vuelta de tuerca a los bailes y festejos cotidianos que la ideología y política zombi realiza sobre la tumba de la cultura. Se desea terminar con el amor definitivamente. Pero, sobre todo, con la intimidad. La esencia personal. Los valores y las más arraigadas creencias. Facebook no deja de ser un experimento sobre la posibilidad de que los ciudadanos únicamente tengan vida exterior. Y el programa Adán y Eva otro intento más por lograrlo. Un batallón más de un ejército que ha conocido increíbles luchadores como Gran Hermano, Supervivientes o Acorralados cuya finalidad era (des)ideologizar al individuo y anularlo. Mostrarle que su lucha y sentido de vida está condenado a fracasar. Porque, en realidad, más allá de su carga de sensacionalismo, el objetivo final del programa televisivo es ese: destruir el mundo. Acabar con todos los relatos y la memoria. Hacer rememorar al individuo la vida social como un objeto que fue o pudo ser pero ya no es. Intercambiar relatos entre el presente y el pasado evitando moraleja alguna para (des)moralizar al ciudadano.

Una estrategia necesaria no sólo para restar fuerza a la masa social sino para desactivar toda lucha. Razón por la que ya no hay pecado ni serpiente en esta nueva actualización del mito de Adán y eva ni tampoco árbol de la ciencia ni del bien y del mal sino únicamente desnudez y cámaras. Televisión e intimidad mancillada. Un mundo sin mitos donde se compite por un premio sexual y regresar a la normalidad puesto que la estancia en la isla se concibe únicamente como pasaje entre el mundo del trabajo y el del trabajo, una siesta en una batalla perdida en la que todos hemos sido ya colonizados. Desde los escritores que no se cansan de publicar reseñas de sus libros y presentaciones en facebook hasta los actores del mundo cultural que necesitan de las plataformas digitales para elevar sus protestas y que la sociedad les escuche.


A este respecto, el programa Adán y Eva no es más que otro de los múltiples intentos neoliberales por finalizar con la historia. Comerciar con los cuerpos, ilusiones y deseos para acabar con el relato de la infancia de la humanidad. Su posible edad de oro. Pues subraya que lo interesante actualmente no es lo que sucede a la pareja en el paraíso sino lo que ocurrirá cuando vuelvan a incursionar en el mundo (real). Y en este sentido, desde luego, aunque parezca que la emisión es un canto a la libertad y al liberalismo sexual, en verdad no es más que un poema al adocenamiento y la sumisión. Es una prueba de que ya no existe necesidad de que Yahvé castigue a la raza desnuda sino de que ésta ya ha admitido su culpa; de que la culpa está inoculada en el centro del individuo. Y, por lo tanto, el mal no es ya tanto probar del fruto del árbol prohibido sino negarse a aparecer en pantalla. Negarse a participar. Disentir. No consumir. No besar.

Una prueba en definitiva, de que el mundo actual se ha convertido en tal antro de perversión que la libertad hemos de encontrarla en la sombra, en el fondo de la caverna y ya no en la luz. Y de que, antes o después, quien no consuma un mínimo de productos diariamente, será tachado como terrorista como de que la revolución sexual del 68 y las prácticas swingers promovidas por el capitalismo tardío no fueron sino medios de atenuar rebeldías y encauzarlas hacia el mundo del consumismo corporal y pornográfico plural teledirigido. Un ámbito del que Adán y Eva no es en definitiva más que un estertor, un nuevo resplandor entre tantos y tantos otros como, por ejemplo, los desahucios que al fin y al cabo no son más que maneras tan sólo un poco más violentas de despojar a las personas del templo de su intimidad (el hogar). Volvernos incapaces de formar una familia y por tanto dejarnos desnudos, tan indefensos como lo estuvieron Adán y Eva en el paraíso, ante el inmenso poder de Yahvé cuya maldición nos obligó a trabajar la tierra perennemente para honrar su nombre oculto. Shalam

 لِسانك حِصانك، إن صنْته

 Cuando bebas agua, recuerda la fuente

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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