La locura

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Ayer viví uno de los momentos más intensos artísticamente de los últimos años. Comencé a ver la tercera temporada de Twin Peaks. Y ya estoy totalmente enganchado. Porque David Lynch no ha perdido fuelle con el tiempo sino que al contrario, lo ha ido agrandando. Ese primer capítulo es perturbador y mágico. Una maravilla que sobrevuela los linderos del subconsciente colectivo con una frescura y grandeza que parecen sobrehumanas. No es que esté atrapado o seducido de nuevo por la serie. Es que estoy viviendo en ella. No salgo de sus paisajes mentales desde que la he contemplado y si no he visto inmediatamente el siguiente capítulo es porque quiero alargar en lo posible el placer de poder disfrutar de nuevo de más dosis de mi droga favorita: las creaciones de David Lynch. Uno de esos genios de los que aparecen pocos en un siglo al que afortunadamente los productores le dieron libertad para hacer lo que le diera la gana y vislumbro que ha filmado una obra crepuscular a medio camino de una pesadilla y un viaje por las dimensiones ocultas. Una obra que retrata el mal con una clarividencia absoluta, casi con sentido del humor, y explora los linderos de lo “desconocido” con una naturalidad que asusta y hace parecer a series como Fringe o Expediente X villancicos infantiles.

Tras terminar este onírico, surreal, violento, destructivo primer capítulo me he planteado dos cuestiones. Por un lado, me he preguntado si es posible contarle a alguien lo que ocurre durante estas dos horas mágicas y he llegado a la lógica conclusión de que resulta prácticamente imposible. Pero por otro lado, me he dicho a mí mismo que tal vez tampoco sea tan difícil hacerlo. Sobre todo, si el interlocutor es un niño. No sé cómo explicarlo y por supuesto no me atrevería a sostener esta opinión en ningún debate serio (ni falta que hace) pero creo que las locuras filmadas por Lynch podrían ser entendidas perfectamente por el público infantil. Mentes aun por formar que podrían comprendernos perfectamente cuando les dijéramos que el detective Cooper ha sido poseído por un espíritu maligno llamado Bob y por ello, en un plano de la realidad, es un asesino terrible y en un segundo plano, se halla encerrado en una habitación situado en otra dimensión sometido por la logia negra. De hecho, estoy casi convencido de que no tendrían dificultad alguna en empatizar intuitivamente con las derivas esquizofrénicas de una serie que desde determinado punto de vista no es más que una actualización de los cuentos de hadas. Una nueva revisión de la eterna lucha entre el bien y el mal en medio de esa especie de purgatorio que es la localidad de Twin Peaks. Esa “zona” donde “lo terrible” y “lo cruento” se unen para dar luz a “lo bello”. Shalam

                                      إِذَا كَانَ الْكَلاَمُ مِنْ فِضَّةٍ يَكُونُ الصَّمْتُ مِنْ ذَهَبٍ

El arte de vencer se aprende en la derrota

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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