Submarinos (1)

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Dejo a continuación un nuevo avería dedicado a submarinos que, debido a su extensión, publicaré en cuatro partes. Por cierto que si alguien así lo desea, le recomiendo leerlo escuchando el tema central de la banda sonora realizada por Klaus Doldinger para el filme de Wolfgang Petersen: «Das Boot».

Submarinos (1)

Los submarinos son las naves más misteriosas que existen. Creo que porque la faz del mundo que nos es más desconocida se encuentra bajo las aguas.

Ciertas tribus americanas y africanas compartían la creencia ancestral de que el infra-mundo se encontraba en el fondo de los océanos. Y era habitual que, de tener la oportunidad, en vez de enterrarlos bajo tierra, arrojaran los cadáveres de sus deudos en lagos, ríos y mares con la intención de ayudar a sus espíritus a realizar el trasvase hacia el más allá.

Según parece, las aguas impulsaban el viaje que el alma del fallecido debía realizar en el transcurso del cual se veía obligado a enfrentar diversos peligros. Muchos eran derrotados por tigres y leones infernales y eran forzados a permanecer en grutas y cavernas hasta que adquirían fuerzas suficientes para imponerse. Por ese motivo, sus familiares y amigos acostumbraban a rezar diariamente incluso meses después de su partida. Para infundirle el vigor necesario con el que poder superar una prueba que finalizaba con la llegada de su espíritu a un lago donde se borraban sus memorias y o bien era enviado a un pacífico y calmo lugar semejante al paraíso occidental o bien renacía en la tierra con una misión que cumplir. Generalmente, consecuente con su vida anterior.

Realmente, estas conclusiones debían poseer un carácter universal porque, aún hoy en día, las literas de los submarinos modernos tienen la forma y medidas de un ataúd. Los marinos de hecho suelen bromear entre ellos, denominándolas tumbas. Es habitual, asimismo, que graben las fechas del inicio de su viaje y las de su vuelta en algún recodo de los estrecho lechos donde duermen como si la persona que fuera a reincorporarse a la vida cotidiana fuera un renacido. Hubiera resucitado dejando para siempre a su viejo espíritu en el submarino.

Por otra parte, si bien no se tienen noticias de que Cornelius Drebbel, el inventor del primer submarino, (aunque propiamente era más bien un sumergible), tuviera conocimientos de aquellas remotas culturas, lo parecía puesto que denominó a la máquina acuática que contribuyó a desarrollar con un significativo apodo: «espíritu subterráneo».

Días antes de realizar los primeros ensayos de navegación, cuando se le preguntó por la posible supervivencia de los voluntarios que habían aceptado sumergirse en el fondo del río Támesis, respondió que no le preocupaba en absoluto. De alguna forma, dijo, aquellos hombres estaban ya muertos. Puesto que iban a transitar por lugares ignotos para los seres humanos. Muchos se rieron y pusieron en cuestión sus palabras. Las cuales crearon bastante polémica en su tiempo hasta el punto de que existieron quienes propusieron que los navegantes fueran reclutados en las cárceles o manicomios. Algo habitual a principios del siglo XVII.

La mayoría de los londinenses daban por descontado el fracaso del proyecto. Se escribieron incluso poemas lamentando prematuramente la pérdida de los jóvenes padres de familia que habían decidido embarcarse en aquella aventura. Así que, cuando, tras varias horas surcando el fondo del Támesis, el sumergible apareció y de él descendieron sanos y salvos los navegantes, el asombro fue general. Muy pocos aplausos se escucharon. Y un amplio y respetuoso silencio se hizo en torno a ellos como si fueran espíritus procedentes del más allá. Héroes que hubieran derrotado a la muerte o gozaran de su amistad.

Sobre el inventor holandés existe todo un cúmulo de rumores que han envuelto su nombre en flujos legendarios. Se dice que era un alquimista que llegó a Inglaterra debido al declarado interés del rey Jacobo I de encontrar la fórmula de la inmortalidad. Y que realizó todo tipo de avances científicos para los que le fueron muy útiles ciertas fórmulas mágicas. En cualquier caso, el sumergible que diseñó se encontraba basado en un modelo previamente planificado por el matemático William Bourne. Era un bote cuyo techo estaba cerrado y se desplazaba gracias a un timón y cuatro remos cuyos huecos se encontraban sellados con cuero engrasado a los lados. Y no existe consenso en determinar cómo podían respirar los navegantes. Hay quienes aseguran que lo hicieron gracias a un misterioso gas, otros merced a odres de aire fresco y los que afirman que habían tomado previamente un brebaje. Estas dudas, en cualquier caso, aumentaron el carácter enigmático de estas embarcaciones

Aunque de forma muy rudimentaria, la invención del sumergible reavivó durante décadas el vigor de varias fantasías que se remontaban a los albores de la cultura occidental y cada cierto tiempo reaparecían con aires renovados. Algunos cartógrafos volvieron a estudiar los viejos mapas y libros de geografía y, aprovechando el cada vez más extenso conocimiento de las rutas oceánicas que conducían a América, pugnaron por intentar fijar definitivamente distintos lugares como la compuerta del infierno o el ombligo del mundo. También por supuesto intentaron trazar con mayor precisión el exacto lugar donde la Atlántida debía yacer sepultada bajo las aguas o donde podían encontrarse restos de Lemuria.

En principio, cuando aún el impulso clásico de la época renacentista no se había extinguido del todo, el sumergible se consideraba la embarcación ideal para visitar esos territorios desconocidos. Se les consideraba bellas aves marinas. Más máquinas exploradoras que bélicas. Una función esta última que sí sería completamente prioritaria en el siglo XX. Algo que Thomas Pynchon, desde luego, tenía muy claro.

Como es bien sabido, la escena más famosa de El arco iris de la gravedad se encuentra protagonizada por un pulpo gigantesco. En ella, Slothrop, Bloat y Tantivy se encuentran descansando de los terribles avatares de la Segunda Guerra Mundial en una playa francesa. Disfrutan del vino y el sol entre bromas y sonrisas. Hasta que, inesperadamente, un gigantesco pulpo emerge de las profundidades del mar y uno de sus tentáculos agarra el cuello de una atractiva chica francesa. Si bien Slothrop consigue alejar al enorme crustáceo, lanzándole un sabroso cangrejo, queda claro que la fiesta de la que disfrutaba hasta entonces se encuentra completamente arruinada. La paronoia psicótica de la guerra vuelve a instalarse en su vida. La presencia del pulpo es la viva prueba del trauma bélico. De que lo reprimido (la guerra) siempre aparece cuando menos se le necesita y se le espera. Y ni el pop ni todas las chicas guapas ni las vacaciones más evocadoras conseguirán hacerlo olvidar.

Pues bien, según parece, en los manuscritos iniciales de El arco iris de la gravedad el lugar del pulpo era ocupado por un submarino. Un submarino que sólo dejaba ver su periscopio. El cual se ocultaba y mostraba en la superficie en repetidas ocasiones. Algo que bastaba para sembrar el caos porque la distancia a la que se encontraba de la playa no permitía certificar a qué país pertenecía. Finalmente, se producía una desbandada general y el submarino se alejaba sin desvelar si era amigo o enemigo. De todas formas, a tono con la paranoia nuclear, la radiactividad y las mutaciones, (temas centrales en el desarrollo científico de mediados del siglo XX), Pynchon se decantó en última instancia por hilvanar la famosa escena protagonizada por el pulpo gigantesco.

A mí, desde luego, la idea original del escritor norteamericano me parece realmente sugestiva. Permite vislumbrar el cariz amenazante del que gozaron los submarinos en el siglo pasado. El cual se superpuso completamente a su carácter misterioso. Hace varios años, por ejemplo, soñé que un submarino aparecía en La Manga. Dirigiéndose lentamente desde el más lejano horizonte hacia la urbanización donde resido. Ayer, sin ningún motivo aparente, no pude evitar pensar qué hubiera ocurrido de ser el sueño real. Imaginé de hecho que no uno sino varios submarinos asomaban sus escotillas y apuntaban en dirección a las muchas torres o rascacielos que repuntan en esta especie de siniestro territorio artificial en el que resido.

En realidad, creo que la diferencia de la escena que imaginé con la que originalmente iba a aparecer en la novela de Pynchon radica en que en el libro del escritor norteamericano, el submarino nunca disparaba. Sin embargo, en mi caso, yo sí tengo claro que los submarinos habrían bombeardo y habrían sepultado bajo las aguas para siempre a La Manga. Creo que porque vivo en una época que se encuentra enamorada de su ocaso y que percibe el derrumbe de la civilización como un acto de justicia divina. De este modo, La Manga habría cumplido el destino que, de uno u otro modo, todos los que vivimos en ella somos conscientes de que antes o después experimentará: la destrucción total. Pasando posiblemente a convertirse en tierra ignota. Una moderna Atlántida cuyos restos, en este caso, nadie buscaría. Shalam

الشيخوخة لا يمكن أن تحتمل دون المثل الأعلى أو الرذيلة

La vejez no podría soportarse sin un ideal o un vicio

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen…… kursk……..
    2ºimagen….gran pez de hierro…..(guapisimo)…
    3ºimagen…..onibaba(el agujero)1964-kaneto sindo….https://www.youtube.com/watch?v=ajVoLJjc5o0…tema del film…….
    4ºimagen….lenguado con remos(solea solea)…..
    5ºimagen……forma de nuez pecana(pecano arbol de america del norte)……
    6ºimagen…..octopu´s garden..1969…..beatles……(estupenda escultura inglesa en la cubierta)…..
    7ºimagen……se divisa el final del mar, montañas o glaciares……
    PD:……https://www.youtube.com/watch?v=x9VzJpl05N0…….como no, ah ah, happy in the sea…..jajajjj

    • Alejandro Hermosilla on

      1) El cielo parece pintado. Ideal para ser retratado para un pintor. El típico pintor que pintaría un
      buen amanecer pero dibujaría muy mal el submarino. 2) Tiburón con piel de ballena. Máquina animal. 3) Por ese agujero entró el martillo de Thor causando un espamo en las aguas. 4) Pequeña pintura que abre un capítulo de un filme de Greeneway dedicado al inventor del submarino. 5) Sumergible que imagino apareciendo en un cómic de Little Nemo. 6) Escena en las que se inspiraría Ray Harryhausen para la película: «Surgió del fondo del mar». 7) Parece que hay un humano en el periscopio. Haciendo una reparación. PD: The Beatles aparecen en el siguiente capítulo sobre submarinos.

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