La raza

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Como he indicado en ciertos momentos en Avería, suelo leer varios libros al mismo tiempo. Uno de los que estoy frecuentando actualmente es el exultante Historia de Roma de Indro Montanelli. Son bastantes conocidos los pormenores que rodean a este peculiar, vibrante y vitalista texto. Fatigado de explicaciones eruditas sobre el glorioso, épico pasado de su patria, de asistir con rabia muda a cómo profesores universitarios y ensayistas oscurecían los entresijos de una historia que continúa resplandeciendo por las plazas y calles de toda Italia, este inclasificable intelectual se propuso narrar de manera amena y distendida, como si se tratara de una conversación o una lección para adolescentes, los hechos más refulgentes del Imperio Romano. Y el resultado fue realmente espectacular. Originalmente publicado en periódicos, y más tarde recopilado en un tomo que ha sido reeditado en múltiples ocasiones, la Historia de Montanelli es un festín pantagruélico. Un plato de pasta cocinado con mimo en un horno italiano. Dos trozos de pizza hecha en Sicilia derritiéndose lentamente en la boca. Y un mágico paseo en góndola por los orígenes y estertores de la civilización. Pues a su temperamento didáctico une un cierto tono marcial y una fina ironía y erudición que se complementan perfectamente.Y desde luego permiten adentrarse en la mente de un hombre tremendamente difícil de definir.  Fascista en su juventud y más tarde, terriblemente crítico con el Duce. Perseguido por los comunistas y abiertamente opuesto a Berlusconi. Contradictoriamente libertario. O como él mismo se calificó, conservador y anarquista al mismo tiempo. Colaborador de Roberto Rossellini y amigo de Dino Buzzati. En cualquier caso, no deseaba aludir hoy -aunque por supuesto nunca está de más- al libro de Montanelli para recomendar su lectura, analizarlo o elogiarlo sino para citar un pequeño fragmento. Una de esos finos aforismos que deja por aquí y por allá en un texto tan profuso en ellos que a veces no permite conceder a cada uno su real valía. Este en concreto condensa en escasas palabras casi todo de lo que hay que aprender sobre una revolución. Es obvio que a Montanelli no se le puede tachar de conspiranoico. Pero sus conclusiones son muy parecidas a las de estos. Y entiendo que permitirán valorar con mayor perspectiva los intereses que hay detrás de algunos de los “nuevos” partidos políticos españoles y europeos en general. Así como percibir con más claridad porqué suele decirse que los nuevos leones (o vasallos) políticos no alcanzan el poder hasta que los “dejan” o los han preparado suficientemente para no atentar en ningún caso contra determinados intereses.

Señala el pensador italiano tras realizar una lograda descripción de Escipión el Africano y determinadas actividades artísticas y aprendizajes retóricos que se llevaban a cabo en los salones que comenzaron a florecer por la época: “Fue en uno de aquellos salones donde se preparó la revolución. La cual contrariamente a lo que se cree, no nace jamás en las clases proletarias, que después le prestan la mano de obra, sino en las altas, aristocráticas y burguesas, que luego la pagan. Siempre es, más o menos, una forma de suicidio. Una clase no se elimina sino cuando ya se ha eliminado a sí misma”. A lo que Lampedusa probablemente añadiría, “o cuando se encuentra preparada para una nueva muda de piel y está dispuesta a sacrificar a varios efectivos”. Shalam

إِذَا أَرَادَ اللَّهُ هَلاَكَ النَّمْلَةِ أَنْبَتَ لَهَا جَنَاحَيْنِ

Es larga la mano del mendigo

Encabezado_Averia

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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