Un niño astral (1)

2

Deseaba hoy dedicar un breve avería a Joan Miró. En realidad, pensaba escribir uno o dos párrafos y pasar a otro tema. Pero una frase llamaba a otra frase y una idea a otra. Y, finalmente, me ha alargado un poco más de la cuenta. Por lo que para no saturar al lector, dividiré este avería en dos partes. De momento, dejo la primera. Ahí va.

Un niño astral (1)

Joan Miró es el único pintor que ha logrado dibujar como un niño. Al único que se le ha permitido. Ese es su gran mérito. Quien pinte como lo hizo el artista catalán se encuentra condenado al desprecio. A ser tachado de farsante y de poseer escaso talento. El nombre de Miró sin embargo aún concita respeto y admiración -y sobre todo, curiosidad- tanto por haber logrado crear una marca alrededor de su nombre y estilo como por la radicalidad ácrata con la que abrazó su aventura artística.

Es cierto que, a día de hoy, se encuentra bastante cuestionado. Pero creo que se debe más al hastío del espectador cotidiano con esa enorme estafa en que se ha convertido el arte contemporáneo que a los méritos reales de su obra. Incluso si reconociéramos que Miró no era ni el mejor pintor figurativo ni abstracto, lo que casi nadie puede negarle es la capacidad que posee de provocar sensaciones. Cuando uno presencia una exposición de Miró durante varios minutos desaparece el resto del mundo. Volvemos a la cuna. Retorna el espíritu lúdico, sobrevuelan hadas, duendes y estrellas de papel alrededor del cuerpo, nuestros pantalones largos se transforman en cortos y casi que podemos sentir el palito de una piruleta deslizándose entre los dedos de la mano. El sabor de un caramelo.

………………………………………………

Miró, por lo general, siempre logra extraerme una sonrisa. Muchos de sus lienzos son como cascarones de huevo. Me siento protegido dentro de ellos y feliz. Algo que, independientemente de su mayor o menor calidad, yo al menos no puedo decir de gran parte de la pintura actual con la que se le compara. Que, bajo mi punto de vista, se aprovecha y vive de un impulso y visión que sí que fue puro en un principio aunque el mercado y el oportunismo han terminado por corromperlo totalmente.

La pintura de Miró era simple, sí, pero no era un «todo vale». En su contexto y momento, tuvo amplia resonancia. Tenía un claro sentido transformador y libertario. Algo que no se puede afirmar de muchos de quienes han continuado su legado sin crear un camino propio o de todos esos marchantes que ponen precios abusivos a disparates de personajes (esa es la manera adecuada de denominarlos) que citan y se apoyan en Miró para intentar vender sus dibujos de guardería.

………………………………………………

Debo reconocer que hay un Miró que me aturde un poco. Me refiero al más intelectual. Algunos de sus cuadros técnicamente mejor logrados son sinfonías de color y formas que me recuerdan a las piezas sonoras más atrevidas de George Antheil. Sé que podría pasar sentado más de media hora escuchando el Ballet mecánico del compositor norteamericano mientras contemplo El carnaval del arlequín. En un momento dado, estoy seguro que, de tanto fijar la vista en el lienzo, a medida que la pieza se desarrollara, tendría la impresión de que las figuras se moverían. Y muy probablemente sonriera y me perdería en medio de un mundo de fantasía del que saldría rejuvenecido. Pero aún así, hay algo en este tipo de lienzos de Miró que me transmite cierto desasosiego. Tal vez el deseo del pintor catalán de ser plenamente moderno. Pintar como lo dicta su tiempo. Con un organigrama que le complaciera por supuesto a él pero también a André Breton y al resto de intelectuales  de la época.

………………………………………………

Quiero dejar claro que considero El carnaval del arlequín una obra maestra. Miró completó el trabajo iniciado por Dalí y Picasso. Lo llevó una dimensión más allá penetrando en habitaciones y rincones muy poco explorados hasta entonces. Miró era un minimalista. No se centraba tanto en el hombre en su conjunto ni en sus transformaciones sino en los márgenes. En los rincones de libertad que surgían tanto en los lugares más pintorescos y tradicionales como en los más inesperados conforme las grandes guerras y procesos sociales del siglo XX se desarrollaban.

Dalí y Picasso eran generales de la pintura. Siempre aparecían en los momentos trascendentes. Su silueta podía vislumbrarse en medio de confrontaciones enormes. Miró, al contrario, era el niño que recorría el campo de batalla días después de la disputa y, con un soplido, liberaba a los pequeños espíritus e insectos. Les indicaba que podían volver a jugar mientras los pintaba. Y es en este sentido que percibo que El carnaval es el tipo de lienzo que el pintor catalán hacía para lograr prestigio. Conseguir apoyo crítico y financiación. Que era una mezcla entre su verdadero mundo interior y el de los movimientos artísticos con los que se relacionaba y frente a los que tenía que dialogar, de uno u otro modo, para sobrevivir. Transformarse en marca.

Esa tensión le perjudica porque yo creo que el Miró puro y verdadero es el que no le debe nada a nadie. El que no tiene que demostrar nada. El que sabe que le basta firmar con su nombre un lienzo para conseguir venderlo. Es ahí, sin presiones de prestigio y dinero, que sus obras logran diferenciarse del resto y, sobre todo, transmitir relajación.

……………………………………………….

El Miró joven transmite tensión. El más anciano, jovialidad. Un sano egoísmo que nos remite a un tiempo incognoscible antes del Edén. Los colores de sus lienzos están llenos de calidez y buenas vibraciones. Son una mezcla de pigmentos extraídas de una canción de Beach Boys y otra de Animal Collective.

El primer Miró es un espejo donde pueden encontrarse múltiples influencias. El último sólo remite a él mismo. A un niño recién nacido que no reconoce ni a su padre ni a su madre pero es consciente de que el mundo se encuentra pendiente de él. Que él es el rey del universo aunque no tenga corona ni cetro ni necesite de amplios gestos para saberse el ombligo del mundo. Shalam

لا أحد يستطيع أن يضعنا في سجن نفسي. نحن بالفعل فيه

Nadie puede ponernos en una prisión psicológica porque ya estamos en ella

COMPARTE.

Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:..cielo..en part izq el cielo geometrico(mujer)..en la part dech el cielo ajedrezado(hombre)…sonrisa
    2ºimagen:….solo pienso en la linea geometrica (cerrada o no) y cuando me pongo a hacerlas dejo de pensar…….eso nunca lo dijo el autor……..
    3ºimagen:….zona surrealista……paisaje con ensayo de personajes vegetales-animales y humanos…….
    4ºimagen:…..dos diagonales…..la primera robert delaunay y la estrella de 5 puntas….la segunda el pajaro y las montañas…su punto de corte es el ojo apotropaico de la proa de los barcos griegos(tambien un ojo-vagina)…
    5ºimagen:…..el mas kandinsky aunque argumentado no solo por improvisaciones y musica ………………
    6ºimagen:….anfora punica…la rueda de alfarero con decoracion (no solo catalana)….collage craquele ordenado (modernismo)………
    PD:….https://www.youtube.com/watch?v=LT8dW7bGuuM…..a que ver que capaces son estas voces negras…
    ….sonrisa……………
    ….https://www.youtube.com/watch?v=nM0HrHTfd2E…..otro que descarga un camion de bourbon-segovia…..

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) El sueño de un tripulante durante su vuelo por Galaxia Andrómeda. 2) El sueño de un niño grumete durante su viaje en barco por el Atlántico. 3) Un sueño de Dalí en la cuna. 4) Lo que recuerdo de un sueño al despertar. 5) Fiesta de emoticons. 6) Menhir pacífico en medio de un mundo desordenado por la Onu. PD: A) Voz digna de aparecer en Treme. B) No soporto a Dave Grohl. Steven y Slah pase el tiempo que pase y hagan lo que hagan, siempre en mi equipo.

Deja un comentario