Risas y risas

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¿Estamos predestinados? Me hago hoy esta pregunta porque leí ayer una entrevista a J.J.Benítez en la que el escritor español afirmaba que sí que lo estamos totalmente. No sólo nuestra fecha de nacimiento o nuestra forma de morir. También cada uno de los actos que realizamos diariamente se encuentran predeterminados. Así que, según él, por tanto, no elegimos nada.

La verdad es que, respetando su opinión, no puedo estar en mayor desacuerdo. En realidad, sí que pienso que nacemos con una misión que cumplir y que posiblemente nacemos en un lugar fijado con anterioridad. Creo, asimismo, que no son casuales ni nuestra profesión ni muchos de los encuentros íntimos que tenemos. Pero en lo que difiero profundamente de Benítez es en lo referente a la libertad de elección. Es, de hecho, esa característica la que nos hace humanos. Lo que convierte nuestra existencia en un reto. Lo que nos hace únicos. Si no tuviéramos capacidad de elección, por ejemplo, robar y no robar vendrían a ser lo mismo. No existiría el mérito humano. No existirían valores ni virtudes. Además, si no pudiéramos elegir, ¿qué sentido tendría entonces nuestra vida? Si hemos de hacer caso a J.J. Benítez, los seres humanos seríamos prácticamente máquinas carnales y sentimentales. Estaríamos completamente programados y, por tanto, no podríamos jamás decir no. Nunca. No. Esa palabra que, si no me equivoco, Lacan consideraba precisamente la fundante de la constitución humana: NO.

En fin. Supongo que a la mayoría de personas estos temas no les interesarán. Pero a mí me parecen esenciales. Casi nunca hablo de ellos en avería, aunque suelo pensar mucho sobre los mismos. Nuestro tiempo, la verdad, suele despacharlos irreflexiva y apresuradamente con la ironía nihilista. Alguien plantea una duda o una certeza y rápidamente surgen una pléyade de comentarios irónicos y descreídos por todas partes.

Obviamente, no tengo nada en contra del nihilismo; ese abismo surgido de siglos de monotonía eclesiástica que se agrandó a medida que la ciencia y la tecnología se desarrollaban y se convirtió en inapelable tras las dos guerras mundiales. El único problema que tengo tanto con el nihilismo como con el ateísmo (esos hermanos gemelos) tiene que ver con cómo el posmodernismo los ha convertido en caricaturas. Es raro encontrar auténticos nihilistas y ateos. Ya no hay verdaderos nihilistas y ateos.  No encuentro, allí donde mire, a ningún nihilista ni a ningún ateo. Ante todo, porque la mayoría de los seguidores actuales de ambas doctrinas acostumbran a reírse de cualquier asunto trascendente y, por contra, creen religiosamente en verdaderas nimiedades. Han convertido, sí, lo circunstancial y pasajero en tótem sagrado. Han transformado la frivolidad en su Dios y sus dudas en una excusa para abrazar el vacío. Se han convertido en feligreses de una iglesia social llena de absurdas consignas.

Ciertamente, es mucho más fácil regodearse en el sinsentido y en el vicio que intentar buscar un porqué a la existencia. Eso lo sabía bien Cioran que, con razón, ha sido considerado un ironista. Sus libros me parecen bálsamos de salud mental. Un escudo muy eficaz para contrarrestar ese ejército de psiquiatras, leguleyos, informadores y deportistas crecidos al calor de la sociedad del bienestar. Uno lee a  Cioran e, inmediatamente, se pone en paz consigo mismo y con el mundo.

Yo al menos leo a Cioran y descanso. Respiro. Cioran es un gran meditador. Cioran se entendería perfectamente con un budista. Ambos luchan contra los manipuladores del deseo. Intentan alcanzar una verdad en libertad. Seguramente, mi filósofo favorito es Cioran y mi escritor preferido es Thomas Bernhard. Cuando los leo a ambos, suelo reírme mucho. Algo lógico porque ambos se descojonan todo el tiempo de esa brutalidad en la que se ha convertido la realidad y de la estulticia de sus contemporáneos. Los dos se ríen de la ausencia de sentido y de la escasez de cordura cotidiana. Y también lo hacen de esa gran trampa en la que se ha convertido la sociedad.

El problema (y también la prueba de que eran ateos y nihilistas verdaderos) tanto de Bernhard como de Cioran es que, tras la gran carcajada, nos dejan solos. En el miedo. En el sótano. De nuevo, en la oscuridad. Peor aún, más dentro de la profunda oscuridad que nunca.

En realidad, la risa de ambos es tan auténtica que extermina tanto el optimismo como el pesimismo. Lo extermina todo. Absolutamente todo. Es una risa de Segunda Guerra Mundial. Una risa de bomba atómica. Y en ese sentido, prefiero a Dostoievsky y posiblemente también a Cervantes. El primero porque, aun desesperado y a punto de apretar el gatillo, lucha por encontrar luces en medio de las tinieblas. Y el segundo porque es capaz de reflexionar con paciencia y sobriedad sobre la tristeza en medio del más absoluto caos. Shalam

كل رجل يشبه آلامه

Todo hombre se parece a su dolor

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen….megafono….
    2ºimagen…..puntos suspensivos….
    3ºimagen….el puro de groucho…..es perfecto para una obra povera…..
    4ºimagen…..apesadumbrado…..
    5ºimagen….dandy…teddy boy….
    PD….https://www.youtube.com/watch?v=pxd5UG1_NTc…teddy boy..paul maccartney..1970….uhmmm los beach boys…..sonrisa….

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Fotografía llamada «Hastío». 2) Un expedicionario de La cosa en La Antártida rezando por escapar con vida. 3) Ese puro es un brazo expresionista… el puro gritando de horror. La viva imagen de la vida consumiéndose. 4) Esto sí es señorío y no el madridismo..jajaj 5) Miembro de los Stray Cats ensayando en el espejo antes de su primer concierto. PD: Paul McCartney homenajeando secretamente a Ry Davies.

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