Angustia

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Al tiempo que escribo y corrijo una trilogía sobre el horror, voy haciendo una serie de actos y rituales que me son necesarios para conseguir la deseada sanación personal. No voy a hablar de la mayoría de ellos pues no creo que sea éste el momento. Pero sí me gustaría hacerlo hoy de lo extraños que son los procesos internos de crecimiento. En un futuro no muy lejano, me gustaría componer una trilogía sobre el amor donde hable de procesos de superación, sanación y confrontación de traumas. Lo cierto es que, si he de ser sincero, me gustaría encontrarme escribiéndola ahora mismo puesto que esto indicaría que mi proceso de integración está en camino de verse realizado. Pero sorprendentemente (o no tanto), lo que ha surgido de mí a la hora de ponerme a escribir, han sido monstruos, fantasmas y horrores. Algo que, como ya he dicho, me hubiera gustado evitar. Pero ha sido inevitable y entiendo que tiene una lógica muy clara.

¿Por qué? Supongo que porque para que el alma fluya y afronte un proyecto humano de enriquecimiento espiritual, ha de, en primer lugar, confesar todo aquello que le duele, denunciar lo que le obstruye para realizarse como necesita. Y entiendo que, dado que yo no soy un alma trabajada ni sana (por más intentos que haya hecho hasta ahora), mi posicionamiento como escritor en esta primera trilogía que estoy urdiendo ha sido la de hablar de la angustia y desesperación que nos rodea actualmente. Me sería muy difícil aludir a la esperanza y el amor en el futuro sin mostrar todo aquello que existe de odio e ira en mí. Creo, de hecho, que soltando lastre, mostrando la basura, expulsándola y dibujándola artísticamente, no sólo me libero de ella en gran medida sino que consigo trascenderla. Puesto que, de esta manera, contribuyo a ponerla de relieve y que no salga indemne. Por lo que, según mi punto de vista, cuanto más auténtico y cruel sea, mejores resultados conseguiré sin importar que me refiera a los mayores horrores cometidos por la humanidad que, al fin y al cabo, no son únicamente invención mía sino parte de nuestra realidad.

Un buen amigo me comentaba ayer la posibilidad de trazar ciertas metáforas de esperanza a este primer trío de libros sobre la desesperación. Y no pude responder más que con vaguedades. En cierto modo, hay una criada que aparece en El jardinero que simboliza el amor absoluto y un señor, Cristóbal Montoro, que interviene en Ruido, que ejerce de consorte de la buena voluntad, el trabajo honesto y la naturaleza. No todo puede ser malo en esta trilogía aunque lógicamente sí es cierto que apenas se atisban en estos libros grados de pureza o de luz.  En cualquier caso, mi respuesta a día de hoy sería la siguiente. Para crear esperanza muchas veces hay que mostrar el mal y la perversidad, el vicio, en toda su magnitud. Y llevarlo hasta el último límite. Allí donde pierde su total significado o se engendran sus raíces. Porque es conociendo las entrañas del odio y observándolas sin miedo, que probablemente seamos capaces de comprender su existencia. Y, por tanto, podamos doblegarlo, apoyándonos en sus componentes positivos y constructivos (que los tiene) para pronunciar un sí firme y auténtico a la vida. Algo que, en ningún caso, se puede realizar ignorándolo o arrinconándolo. Shalam

 كُنْ ذكورا إذا كُنْت كذوبا

La victoria viene de Dios, pero la batalla la debe librar el soldado

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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