Demonios

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Cuando estaba escribiendo Puercos, redacté unas breves líneas sobre Fiódor Dostoievsky y León Tolstói (puramente ficticias) que, finalmente, decidí no incluir en la novela puesto que ya mencionaba a ambos escritores en Ruido y no deseaba repetirme. Sin dudas, avería me parece el lugar ideal para dejarlas. Ahí van:

“Fiódor Dostoievsky y León Tolstói son dos de los más inmensos baluartes de la literatura universal. Pero ambos eran muy diferentes. Tolstói estaba empeñado en retratar en sus novelas el alma rusa en su totalidad. Y a Dostoievsky le interesaba profundizar en el contradictorio mundo interior de sus personajes. Tolstói era un águila que sobrevolaba las colinas y arrecifes, penetraba en las montañas nevadas y planeaba por las estepas con paciencia y seguridad antes de ponerse a escribir. Era un hombre total. Y al contrario, Dostoievsky era huraño. Un neurótico. Un hombre partido. Un vagabundo que iba conociendo a su pueblo conforme pedía ayuda, dinero, comida, bebía alcohol en las tabernas o dormía en un refugio. Ambos dos contribuyeron a forjar las dos mitades del corazón de Rusia: orgulloso y desvalido, enigmático y aguerrido, autodestructivo y espiritual. Dostoievsky adoraba lamentarse, allí donde veía una herida ponía un cuchillo. No levantaba nunca la vista hacia los cielos y siempre estaba atento a lo que ocurría en los hospitales y barrios desfavorecidos. Cuando miraba a una mujer vislumbraba una puta o una santa y rezaba porque todos los niños con los que se encontraba, se salvaran. Comió más de una vez carne y pan con las manos, siempre despreció los lujos y soñaba recurrentemente con dar pedazos de su cuerpo a los mendigos. Y por el contrario, Tolstói vivía en una enorme mansión pero hubiera preferido hacerlo en un castillo. Miraba con desprecio a los campesinos y con lujuria a las mujeres. Añoraba la existencia de un reino dominado por aristócratas y su ambición por convertirse en el mejor escritor de su era, lo llevó a pasar varios días y noches sin dormir. Le gustaban los excesos y cuando descansaba, solía devorar ingentes cantidades de comida con la boca abierta mientras bebía continuos sorbos de vino.

Ambos escritores se odiaban. Se detestaban. Sus mejores libros se corresponden con el deseo de vencer, doblegar al otro en la historia de la literatura Se dice que Tolstói golpeaba con un látigo la espalda de su mujer cada vez que leía un elogio sobre Dostoievski o alguien, desconocedor de su odio maniático, alababa una de sus novelas frente a él. Que leía y subrayaba cada una de las páginas escritas por su rival, buscando errores, fallas, faltas ortográficas, personajes mal construidos, devaneos argumentales sin sentido. Y que, no pudiendo evitar sentir celos al leer un soberbio párrafo compuesto por su rival, arrancó las páginas del libro y se las hizo tragar a una esclava, diciéndole: “estás comiendo algo peor que una mierda”. Por otro lado, Dostoievski solía guardar silencio cuando le mencionaban el nombre de Tolstói. Pero muchos de sus amigos dejaron de verlo durante largas temporadas tras mencionar su nombre en su presencia. Durante el transcurso de una cena en un restaurante, un editor interesado en los manuscritos de Fiódor, tuvo la ocurrencia de alabar la maestría con la pluma del escritor de Guerra y paz, y Dostoievski se levantó y no volvió a dirigirle la palabra jamás a pesar de que necesitaba imperiosamente el dinero que éste iba a ofrecerle. Además, en una ocasión en que el frío arreciaba, no dudó en encender la chimenea ayudándose con las páginas de un libro de Tolstói cuya portada estaba llena de manchas de aceite y escupitajos” Shalam

اِلْزَمِ الصِّحَّةَ يَلْزَمُكَ الْعَمَلُ

Nunca por amor a la paz repudies tu propia experiencia o convicciones

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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