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Mientras redactaba Martillo he visto varias películas. Esto es algo que suelo hacer para abrir espacios a mi mente a través de los que pueda respirar entre tantas palabras. Curiosamente, la que más se parece a lo que he intentado hacer en este libro es Insidious. Una película de terror con ciertos golpes de efecto y aspectos sardónicos -esa escena final- que es básicamente, entretenida. Sin ser una gran obra es al menos visualizable. Una inmersión en el mundo de los muertos o no-vivos que combina toda una serie de tópicos del horror con cierto equilibrio juguetón. Otra obra que me ha complacido ver es Valhalla rising. Un film de Nicolas Winding Refn de dimensiones épicas que extrae poesía de la violencia, hace un elogio del guerrero y contempla el pasado desde dimensiones metafísicas, al que tal vez le falte algo de substancia para terminar de convertirse en el gran fresco que prometía ser. Nymphomaniac, la controvertida obra de Lars Von Trier, me ha parecido irregular. Un chiste irreverente que no lleva a los últimos límites su propuesta, tal vez porque el tema tratado no permite al director danés profundizar ampliamente en los aspectos de una historia que sin ser fallida, podía haber dado más de sí. Encontré al diablo de Akmareul Boatdda es sí, bastante interesante pero también demasiado efectista y por ello, sus más de dos horas de duración pueden resultar un tanto agobiantes. Confessions de Tesuya Nakashima es una maravilla. Un cruce diabólico entre el gore, las series de adolescentes juveniles, el telefilm y el terror psicológico que además de excelentemente filmado, se encuentra muy bien narrado. Puede que sus giros finales sean excesivamente rebuscados pero en absoluto, distorsionan el ritmo desarrollado por la película desde sus inicios. Una obra sobre el vacío de la educación y el mundo moderno que no responde preguntas ni tampoco plantea interrogantes. Ahonda aún más en ese vacío hasta dejar al espectador sin aliento. Y por último, La vida de Adèle de Abdellatif Kechiche es un muy buen film. Hace un retrato convincente del crecimiento de una adolescente que se siente atraída por personas de su mismo sexo que sirve a la vez de retrato generacional. Las dos actrices protagonistas están espectaculares y tanto las escenas rodadas en los institutos como las sexuales transmiten perfectamente esa serie de sentimientos extremos que caracterizan la primera juventud. Una época en la que los sueños pasan a convertirse en realidades y la fragilidad deviene fortaleza.

Quiero aclarar que ninguna de estas obras ha influenciado en Martillo. Simplemente las veía cuando lo escribía. Tengo que reconocer que la fuerza extrema, los silencios de ese personaje de raigambre bressoniana, One eye, y la densidad de las imágenes de Valhalla Rising me ayudaron al igual que la música de Manowar a golpear contra el hierro mi yunque y que la novela avanzara. Pero nunca llegaron a ser una referencia decisiva. Más me ayudó a construir el libro pensar en ciertas películas como Inland Empire, Mulholland Drive, Tropical Malady o Holy Motors. Más que nada porque contemplando estos films, tenía la sensación de que todo era posible en arte. Y eso es básicamente lo que necesitaba para escribir esta novela que mañana empezaré a revisar y corregir una vez que ya le he puesto fin. Shalam

ما حكّ جْلْْْْْدك مثل ظْفرك

 La fuerza y el engaño son en la guerra virtudes cardinales

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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