La escritura feliz

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Estoy disfrutando tanto trabajando en la novela corta que escribo actualmente, que desearía no terminarla jamás. Es cierto que a veces me encuentro exhausto. Últimamente he tomado tres masajes semanales. Actualmente, no tengo pareja y necesito sentir contacto humano cada cierto tiempo, las manos esmeradas de una profesional que con pericia consiga relajarme, bajar el nivel de ansiedad habitual en personas inquietas, un tanto nerviosas como yo, que se dispara habitualmente cuando nos encontramos en medio de un proceso creativo. Eso sí, en cuanto consigo romper mi estado de aletargamiento y cansancio, las crisis que de tanto en tanto se producen, y me sumerjo en la escritura, el disfrute es absoluto. Siento que toda mi vida tiene sentido y no ha habido ningún acontecimiento casual. Experimento un estado totalmente contrario al neurótico sin necesidad afortunadamente de probar droga alguna.

En fin, cada libro tiene su historia. Si El jardinero era una novela en la que deseaba que el lector asistiera como testigo de primera mano al horror, contemplara la mente de un esquizofrénico como si fuera la suya, en la que trabajo actualmente deseo invitar a cada lector a realizar un viaje y a experimentar la dicha.  Intento construir una alfombra mágica literaria a través de la que recorrer mundos imaginarios pertenecientes al pasado arcaico y entender mejor ciertas circunstancias de nuestro presente. Como siempre, no sé si conseguiré lo que me he propuesto, pero puedo asegurar que estoy disfrutando mucho intentándolo y que si esta vez, vuelvo a fracasar, (al fin y al cabo ese es el destino del artista), será un fracaso feliz. Shalam

 كُنْ ذكورا إذا كُنْت كذوبا

 Los ojos se fían de ellos mismos, las orejas de los demás

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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