Los cuchillos del ruido

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Me ha costado un poco, sólo un poco, pero ya estoy sumergido de nuevo en cuerpo y alma en la escritura de Ruido. Con un cuchillo en los dientes y deseos de destripar a los lectores o quien se me ponga delante como hace el escritor que protagoniza la novela. Un escritor esclavo del odio feroz y salvaje que siente hacia la sociedad en la que nació sobre la que emite los más malévolos juicios y el peor de los veredictos, y a la que atiza con sus palabras de fuego con la intención de verla arder y volar sobre sus cenizas como un ángel exterminador. Orinándose además en los restos de los cadáveres que hayan sobrevivido al colapso.

Está siendo por supuesto, un placer dejar que me controle este demente. Ayer casi tuve un colapso nervioso por problemas relacionados con el trabajo y tener la posibilidad de perderme entre las  groserías que suelta este esquizofrénico fue casi un orgasmo teniendo en cuenta todo aquello que callamos normalmente por pudor, miedo o la maldita educación en nuestra vida cotidiana. El insulto y el improperio me parece que, desde cierta perspectiva, no son tanto hijos del diablo sino regalos que concedió dios a los hombres para que pudieran hacer frente a tiempos insulsos y tiránicos como los que vivimos actualmente ante los que únicamente cabe el desprecio más absoluto. Pues, habiendo llegado adonde hemos llegado, me parece que sólo volcando contra nuestras instituciones, gobernantes y educadores el odio, rabia e indiferencia que merecen, será que podamos serenarnos y comenzar a pensar en construir y pensar una nueva sociedad desde el amor. Shalam

 كُنْ ذكورا إذا كُنْت كذوبا

 El que quiera comer huevos tendrá que soportar los cacareos de las gallinas

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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