Ruido

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Los libros terminan por imponer siempre sus propias leyes. Y por ello, Ruido del arte se va a titular finalmente Ruido. A secas. Algo que hoy me parece lógico porque el monólogo del iracundo protagonista no versa tanto sobre el arte sino sobre el ruido en su conjunto. Ruido de las industrias, de su mente, de su familia y de una época decadente y frívola a la que sólo puede responder con ruido y más ruido. Contraatacando a sus perversiones con más perversiones, a sus limitaciones con obsesiones y a sus prohibiciones y enfermedades con delirios imaginativos.


Por tanto la trilogía del horror o la angustia consta de una primera novela, El jardinero; una segunda, Ruido; y una tercera, llamada a día de hoy El escritor imposible pero que supongo que conforme trabaje en ella, cambiará también su título.

Lo curioso es que Ruido del arte, como ya he comentado en alguna ocasión, no se llamaba originalmente así sino El arte del ruido. Pero la coincidencia de dos textos del mismo nombre con el del mío, me hizo pensar que sería mejor denominarlo Ruido del arte. Hasta que este fin de semana, meditando sobre esta y otras cuestiones, entendí que su título exacto debía ser Ruido. Y con ese nombre se quedará si no sucede nada raro de aquí a que lo termine.

Decir por último que de aquel primer monólogo de 40 páginas en que me basé para comenzar a levantar la novela, apenas quedan unas cuantas reflexiones intactas que no sé ni cómo pero se adaptaban perfectamente al discurso que profiere el personaje No obstante, la mayoría han desaparecido. Por lo que la función de aquel lejano texto que escribí a finales del siglo pasado, ha sido la de sentar las bases de este actual que ha crecido a partir de él y darme cierta seguridad a la hora de volver a ponerme a escribir. Pero pocos de sus rasgos quedan ya allí. Lo que, por otra parte, no considero que lo invalide. Pero sí que lo pone en su justo lugar:  haber servido como germen tal vez de algo más grande. Ejercer funciones de borrador. Algo que me hace tenerle más cariño aún si cabe que hace años. Cuando lo consideraba un texto cerrado y bien finalizado que con ciertas correcciones, podría y debería publicarse a su tiempo y momento. Que generalmente no es el que marca el autor sino los dioses. Sean quienes sean éstos. Shalam

الصبْر مِفْتاح الفرج

Este cachorro es hijo de aquel león

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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