El agotado

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Exhausto, agotado, sin fuerza. Hoy es de esos días que no puedo decir prácticamente nada. Y ya van varios. Acabo de terminar un capítulo de Ruido y me dispongo a entrar en la recta final del libro en breve. Calculo que puedo terminar la novela en 10 días y dedicarme a partir de ese momento a corregirla. Actualmente, estoy tranquilo y satisfecho. Creo que estoy haciendo un buen trabajo. Pero no estoy absolutamente fascinado por el texto. Para ello -vuelvo a repetir- necesito volver a revisarlo. Dudo a veces incluso de que la novela sea buena y creo que he tocado un límite que ya no superaré. Me siento frustrado cuando leo algunos de sus pasajes pero entiendo que esto es únicamente momentáneo y transitorio. Estoy terminando el grueso del libro que casi tiene su forma definitiva pero afortunadamente, dispongo de todo el tiempo que crea conveniente para revisarlo.

Hoy no tengo más que decir. Me siento confundido y un tanto perdido. Lastrado por las circunstancias y ciertas situaciones pero al mismo tiempo, convencido de que todas las adversidades que debo superar, están ayudándome a ser mejor escritor. A que la trilogía del horror suture por todas sus venas angustia y malestar de forma natural y el lector la sienta en sus huesos al poco de introducirse en ella. Me pregunto hoy no sólo si tiene sentido mi vida sino el hecho de que escriba. Creo a veces, que jamás voy a disfrutar de un mínimo reconocimiento pero entiendo también que no lo necesito. Que estoy completo escribiendo de por sí sin necesidad de “los otros”. Desearía durante muchos momentos del día morirme pero, al mismo tiempo, este deseo no me permite abandonar y me inclina y empuja a vivir pase lo que pase y ocurra lo que ocurra. Shalam

ربّ اغْفِر لي وحْدي

 Los ladrones tendrán tiempo para descansar; los vigilantes jamás

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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