Feliz 2019

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Ya se acaba el 2018. 365 días muy intensos y viscerales en los que he tenido que ejercer una amplia disciplina sobre mis impulsos para lograr mis objetivos.

Obviamente, este año quedará marcado para siempre por la publicación de El jardinero. La novela que hasta ahora más me ha hecho feliz publicar por muchos motivos que no vienen al caso. También queda un tanto lastrado por la derrota de Boca contra River en la Final de la Libertadores. Una tragedia perpetua, un dolor imborrable que no obstante, me ha hecho amar al club xeneize más que nunca. Más aún ahora que antes.

En cualquier caso, este año vuelve a tener el color y el sabor de Susana. Una mujer que me sacó del hoyo y precipicio mexicanos en los que me encontraba y me ha dado paz a fuerza de intensas emociones y vivencias realmente indescriptibles. Con el tiempo (ya son tres años unidos) percibo más claramente que Susana fue un premio a mi osadía. Yo siempre me negué a estar por estar con una pareja. Rompí una relación de casi una década porque ya no existía amor entre nosotros. Vagué por medio mundo y tuve amantes literalmente de todos los colores y nacionalidades, pero no conseguí más que agrandar mi vacío. Con muchas de aquellas mujeres que fui conociendo y con las que fui entablando relaciones más bien fugaces podía probablemente haber fortalecido lazos sentimentales. Pero no las amaba con esa fuerza e intensidad que poseen los huracanes. Con esa total certeza de que la persona que está delante tuya te acompañó en otras vidas y es la que te estaba destinada de nuevo en esta y siempre, absolutamente siempre habrá pasión entre nosotros y ella.

Pude haberme casado por conveniencia o por cobardía. Pude haberme casado con mujeres que amaban tanto la literatura como yo. Pero yo no las amaba tanto a ellas como a la literatura. Susana, por el contrario, es totalmente diferente a mí. No compra libros, no ve cine de autor, no lee cómics. En verdad, somos el agua y el aceite y vivimos en dos continentes distintos de momento, pero la relación es más que satisfactoria para mí. Es pura vida. Emoción. Aventura. Un lujo que ahora que termina el año debo de agradecer de nuevo.

Por otro lado, también me gustaría agradecer a todas las personas que me acompañaron por motivos altruistas durante mi presentación de El jardinero en Cartagena. Llevaba décadas sin ver a muchos de ellos pero ahí estuvieron y realmente me hicieron muy feliz. A los que vinieron de corazón y ellos saben quienes son, gracias. Por todos ellos, los motivos anteriormente dichos además de por mi madre seguiré escribiendo en averíadepollos y volviéndolo a intentar. Continuaré adentrándome en la selva encuentre lo que encuentre y pese a quien pese. ¡Feliz año nuevo a todos! Y ¡Sangre y muerte al jardinero! ¡Sangre y muerte al jardinero! Shalam

كَانَ النَّاسُ وَرَقًا لاَ شَوْكَ فِيهِ، وَهُم الآنَ شَوْكٌ لاَ وَرَقَ فِيهِ

Las personas eran hojas sin espinas y ahora son espinas sin hojas

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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