Los tejidos del ruido

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Las telas de araña poco a poco se van disolviendo. Estoy más cerca de resolver un papeleo interminable con la administración mexicana y de redactar el primer final de Ruido. Hace unos días pensaba que iría más adelantado con la novela pero me ha costado componer determinadas escenas más de lo que pensaba en un principio. Por lo que aunque ya puedo vislumbrarla, todavía queda lejos la escritura del epílogo. 

Ruido es un libro que a veces me fascina y otras me aturde. La influencia de Thomas Bernhard es más que evidente. La continuidad con El jardinero está, creo, bien conseguida. Pero existen determinados detalles que podrían mejorar la historia de los que deberé ocuparme cuando comience a corregirlo. Tal vez hablo demasiado del archienemigo del escritor, el (antaño) poeta joven. Los niveles de locura del esquizofrénico artista protagonista todavía no se encuentran suficientemente perfilados. Y pienso que es bastante mejorable el estilo de varios de los interminables monólogos de la novela.

No son, por tanto, muchos los aspectos a los que deberé enfrentarme cuando comience la corrección aunque, eso sí, debo hacerlo con total rigurosidad pues de no ser así, la novela puede fracasar. Creo que Ruido es un libro que puede avasallar al lector en el sentido más positivo del término pero que sólo conseguirá convencerlo, si cada detalle y símbolo se encuentran bien perfilados. Si consigo hacerlo, creo que quedaré satisfecho de la novela y que tal vez el texto pueda sobrevivir al tiempo. Ser una digna parte central de la trilogía del horror. Una puerta que sirva de llave de entrada y salida para su primera parte, El jardinero, y la tercera, Los puercos y sea a la vez, trascendente por ella misma. Shalam

وعاد بِخُفّيْ حُنيْن

Entre dos males no elijas ninguno

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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