Los zombies

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Ayer, al acceder a una bella playa situada en uno de los vértices de la República Dominicana, un muchacho se me acercó y comenzó a advertirme, gritando y realizando aspavientos de todo tipo, lo peligroso que sería continuar caminando hacia el otro confín y brazo de arena. Según él, muchos delincuentes solían camuflarse a lo largo del camino. Gentes innobles de ojos alargados, inyectados en sangre, y de una bestialidad desconocida. Truhanes que no dudaban en quedarse el dinero de los turistas y si era necesario, hasta derramaban su sangre con sus machetes. Si me atrevía a continuar caminando, por tanto, debía encomendarme a dios, a la virgen y a los santos que tuviera a mano y rogar porque el destino no se tornase cruento.

Por el contrario, dijo a continuación con solemnidad tropical, si decidía actuar con prudencia y sensatez y permanecer en su zona de playa, podían servirme pulpo y langosta a buen precio en el restaurante para el que trabajaba. Shalam

إِذَا صَمَتَ المَجْنُونُ عُدَّ عَاقِلاً

Las ratas son tan útiles como los perros

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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