Refuerzos

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Estaba destrozado hace unas horas. A ciertos problemas en el trabajo que no me permiten terminar de consolidarme en México, se une el hecho de que hoy he perdido gran parte del material trabajado durante los dos últimos días en la novela corta que actualmente escribo. Me sentía hundido. Cerca de la desesperación. Con la tentación de tirar la toalla. Pero afortunadamente, he terminado por sobreponerme. Soy de los piensan que los seres humanos estamos encapsulados en una especie de matrix que se alimenta de nuestra confusión, ira y tristeza. Algo parecido a lo que sería el diablo o el Dios único para los gnósticos. Esto explicaría, por ejemplo, el que no se conozcan períodos de dicha y plenitud en la historia humana y si los hubiera, han sido borrados capciosa, sibilinamente por manos oscuras. Lo más sencillo, en este caso, es desistir. Abandonarse. Perderse en el sinsentido. Pero me niego. Deseo que estas dificultades me sirvan para fortalecerme y hacerme mejor persona. Conseguir que exprima lo mejor de mí cuando me llegue el tiempo de escribir la trilogía del amor o la esperanza y acaso pueda transmitir ánimo y confianza en quienes la lean. Razón por la que finalmente, en vez de llorar o revolcarme en la rabia y depresión, (al fin y al cabo, no he sufrido una gran tragedia y es necesario relativizar nuestras circunstancias) he estado escribiendo durante más de dos horas incesantemente hasta que prácticamente he reconstruido la mitad de lo perdido.

No me dormiré si es posible mientras no consiga llegar hasta donde me encontraba hace unas horas. Y confío hacerlo con una sensación de victoria. Pero si no, al menos con la de no haber sido derrotado. El camino fácil es el de la depresión. Es necesario entenderlo y remar por más cuesta arriba que sean las circunstancias. Pues el imponerse a los obstáculos, da la medida de quiénes somos realmente y si merecemos ser libres, alcanzar un grado de conciencia superior en este mundo que se descompone a pedazos. Lo que no significa que nos hundamos nosotros con él. Al contrario. Acaso que debemos ser más que nunca fuertes, creer en nosotros mismos y obviar las dudas y falsedades para realizar aquello que hemos venido a hacer a nuestro mundo. Que no es tan difícil de saber. Basta con sentarnos a meditar en silencio y escucharnos a nosotros mismos. Observar las dificultades a las que nos enfrentamos y nos cercan y ponernos manos a la obra a vencerlas. Y si morimos que sea luchando. En mi caso, escribiendo. Imponiéndome al negro genio que no desea que me realice como persona y que, sabiéndolo o no, al ponérmelo tan difícil, me obliga a superarme cada día más. Ir más allá de mis límites y construir un territorio libre y franco, abierto al mundo, en el que mis libros acabarán introduciéndose antes o después. A pesar de lo dificultoso que parece días como hoy debido al despiadado ataque de esos demonios que nos chupan la sangre y desearían que bebiéramos, nos drogáramos o medicáramos para soportar esta existencia que no es más que una oportunidad. Una prueba que superaremos o no, siempre y cuando contribuyamos a empeorarla o mejorarla. Y, desde luego, bajo ningún concepto, si nos rendimos. Shalam

ما حكّ جْلْْْْْدك مثل ظْفر

No digas: es imposible. Di: no lo he hecho todavía

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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