Aferim!

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Aferim! es una especie de western tan entrañable como cruel desarrollado en la Rumania de 1835 que, sin dudas, habría gustado al personaje de Ruido. Porque es una puñalada al espectador. Su director, Rude Jude, da muchos rodeos para llegar a lo esencial -la castración llevada a cabo por un noble ofendido del pene de su siervo adúltero- pero finalmente, demuestra no tener miedo. Ser un cineasta de verdad. No termina de mostrar en primer plano esta castración pero no la esquiva. Y, desde luego, no se desentiende del limbo mental al que nos ha ido conduciendo a lo largo de toda la película. Su film muestra sin tapujos cómo la esclavitud pervivía en la Europa de las revoluciones y las restauraciones. Dejando claro que Rumanía (y de paso el este de Europa) era un mundo aparte. Un castillo feudal donde los señores cumplían sus deseos sin oposición alguna en la que los ecos de la modernidad se perdían entre aullidos viciosos de nobles caprichosos. Orgías, latigazos y la constante putrefacción del humanismo.  De hecho, en este sentido, Aferim! funciona perfectamente como un fresco histórico ideal para comprender el posterior desarrollo del país rumano, algunas de las razones de su abandono y aislamiento y el carácter esquivo de muchos de los habitantes de una tierra tan enigmática, opresiva y extraña como hermosa.

En realidad, Aferim! se nos presenta en principio, como una especie de búsqueda policíaca. Constandin, un gendarme local y su hijo deben buscar a un esclavo gitano acusado de cometer adulterio, pero en realidad, es más una road movie y una novela de aprendizaje que el relato de una captura. Porque aparentemente, lo que le interesa a Rude Jude es retratar la forja de un carácter y, sobre todo, el estado mental de un país gracias la aparición de diversos personajes, religiosos ortodoxos, esclavos gitanos y campesinos, cuyo vínculo en común más importante, es su odio a rusos y turcos. Aferim! es, desde luego, una película que funciona en muchos sentidos. Es casi una invitación al delirio, a penetrar en el alma rumana y escuchar hablar sus demonios en primer plano. La mayoría de los personajes, de hecho, no importa lo seguros que se encuentren, dan la impresión de encontrarse perdidos en algún momento. Vivir en una especie de territorio eterno donde el tiempo estuviera detenido o se encontrara sometido a los designios de los señores. Si Aferim! se ocupara de la Edad Media por ejemplo, nada en esencia  de su contenido central cambiaría. Pues es una película donde el movimiento implica detenimiento y la vida, la auténtica, esa que fluye, se encuentra alejada de las estructuras sociales. Hay que buscarla en el folklore. En las ferias y las tabernas y la mirada perdida pero salvaje y agreste del pueblo gitano esclavizado, reacio a someterse a las estructuras y órdenes, cuyo destino aparece incierto en medio del absolutismo feudal.

Aferim! es una auténtica obra de arte. Una especie de grabado dieciochesco que refleja a la perfección el ambiente de una época. Un fresco en blanco y negro demoledor y no exento de sentido de humor sobre la malévola condición humana. Un corrosivo y visionario grito que, desde el Este de Europa, retrata un mundo que se fue no tanto para despedirlo sino para evidenciar su posible retorno. De hecho, la grandeza de Aferim! radica en que lo que narra, estando acotado a una época y lugar concretos, se antoja tan contagioso y movedizo como la peste y no sería imposible que antes o después colonizara el resto de Europa. Al fin y al cabo, la obsesión por la diversidad y la igualdad de la socialdemocracia revelan tanto una imposibilidad casi ontológica de sostener la verdad como un miedo feroz a la tiranía. El caldo de cultivo del despotismo. Shalam

إنَّ الْهَدَيَا عَلَى قَدْرِ مُهْدِيهَا

El deseo vence al miedo

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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