Amer

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Amer es una de las más inteligentes actualizaciones artísticas que he podido contemplar jamás. Uno de los más intensos y sentidos homenajes llevados a cabo sobre un género cinematográfico dado por muerto hace varias décadas. Me refiero, al giallo italiano. Tanto Hélène Cattet como Bruno Forzani, los insignes directores, tuvieron a la fuerza que crecer contemplando aquellas clásicas, entrañables películas italianas facturadas en los años 70 del pasado siglo que hicieron las delicias del público europeo. Y es obvio que han de haber realizado constantes revisiones de sus imborrables secuencias, planos inmortales, mientras diagramaban el guión y rodaje de su film. Porque Amer es una película tan intelectual como pasional. Es tanto una declaración de absoluto amor a las obras de Lucio Fulci, Mario Bava o Dario Argento como un ejercicio cinematográfico que roza y casi que diría que trasciende el mismo concepto de arte y ensayo. Una maravilla muy arriesgada que obviamente provocará adhesiones y rechazos extremos y lo más probable es que pegue al espectador a la silla o lo haga exclamar todo tipo de exabruptos. Porque siendo Amer, un inquieto, desmesurado e intelectualizado festín de terror psicológico, erotismo y sangre dirigido ante todo a los amantes del giallo, desde luego que no es una película fácil ni sencilla para un cinéfilo normal.

Amer es, en realidad, una hipnótica, colorida y abstracta reapropiación de las coordenadas clásicas de los films giallo, que juega con las expectativas de un espectador al que no se le dejan de hacer constantes guiños sin los cuales es imposible terminar de comprender y emocionarse con las sugestivas imágenes que aparecen en la pantalla. De hecho, un poco a la manera de lo realizado por Tarantino con la música de Ennio Morricone en Malditos bastardos, Cattet y Forzani no se molestaron tan siquiera en encargar la banda sonora a un músico. Directamente, extrajeron varios temas de Bruno Nicolai, Stelvio Ciprione, Adriano Celentano y el mismo Morricone ya aparecidos anteriormente en films giallo y los combinaron con unas imágenes que, obviamente, encajan a la perfección con esos libidinosos, lujosos sonidos. ¿Qué hace tan especial a Amer? A mi entender, su capacidad de ir a lo esencial. De retirar todo los artefactos y decorados superfluos que caracterizaron al género, los cuales puede que en los años 70 tuvieran sentido pero cuatro décadas después son referentes vacíos. La maestría y brusquedad con que se quiebra el argumento y el guión, dejando la historia narrada en mera anécdota y excusa para homenajear al género. Amer aparentemente nos cuenta de manera extravagante y alucinada tres episodios de la vida de una mujer. Pero en realidad, el guión es una mera excusa para llevar a cabo un proceso de canibalización del giallo. Porque, en el fondo, Amer es una fiesta. Tal vez más una declaración de amor que un film clásico. Un ejercicio artístico vintage que es tanto una película original como una relectura de Suspiria, Las tres caras del miedo, El gato de nueve colas, Rojo oscuro o El espectro entre otras muchas referencias. Una especie de locuaz, aguerrido ejercicio universitario realmente transgresor que intenta conducir al cine un paso más allá. Una de esas escasas obras que afortunadamente no se pueden contar. Hay que verlas.

Obviamente, Amer podría ser considerado un fetiche posmoderno pero entiendo que es mucho más. De hecho, creo que su juego referencial con el giallo es mucho más profundo de lo que pueda parecer. Siempre he tenido la sensación al ver los films de Bava o Argento que lo que deseaban transmitir era que la paz sobrevenida detrás de las dos guerras mundiales era irreal. Que el milagro económico italiano se podía venir abajo en cualquier momento y que la sociedad de consumo tenía sus propios subterfugios terroríficos, capaces de aniquilar a cualquier burgués desprevenido. Y en este sentido, leo e interpreto (no me importa que sea de manera desquiciada) tanto su regreso como el proceso de vaciamiento de sus componentes argumentales llevado a cabo por Hélène Cattet y Bruno Forzani como una adaptación a esta nueva época. Una metáfora de la crueldad de la crisis económica mundial sobrevenida desde el año 2007. Una inquietante manera de realizar un retrato de todos los ciudadanos occidentales que, de una u otra manera, hemos experimentado las consecuencias de esta gran cataclismo bursatil y bancario (la sombra que se esconde tras los navajazos que tiñen de negro la pantalla de Amer) y somos mucho más conscientes que los burgueses de hace varias décadas de que, en realidad, sí, estamos solos y que si no andamos con ojo y nos protegemos, pagaremos con nuestra sangre las comodidades de las que pudimos disponer en algún momento de nuestra vida. Pues, al fin y al cabo, el capitalismo es aun peor que el más feroz de los asesinos. Siempre termina por cobrarse las deudas. Shalam

إِنَّمَا الْمَرْءُ بِأَصْغَرَيْهِ: قَلْبِهِ وَ لِسَانِه

La fe sin duda es sólo muerte

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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