El ocaso de la fuerza

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La primera película que vi en un cine fue La guerra de las galaxias. Quiera o no quiera, estoy marcado por la fuerza. Los jedi fueron la primera orden espiritual que admiré. George Lucas construyó una de las dos más trascendentes mitologías del siglo XX. La primera son los superhéroes Marvel y DC y la segunda, los jedi. La trilogía original de Star Wars, vista con el tiempo, muestra más de un defecto pero, en esencia, es una obra redonda. Un baúl de fantasía que combinaba mágicamente las enseñanzas taoistas con los western y escondía en su interior una impresionante bomba: una cruenta historia familiar digna de una tragedia griega. Hasta La amenaza fantasma casi todo era perfecto en el mundo Star Wars. Las novelas del Universo expandido continuaban equilibradamente El retorno del jedi y los cómics aportaban nuevo material gráfico a los fanáticos que jadeaban ante cualquier aparición de Darth Vader. Dark Horse, de hecho, llegó a profundizar en recovecos y abismos nuevos de una mitología que parecía inagotable. Pero la película tristemente conocida por aquel engendro llamado Jar Jar Binks ya anunció que algo empezaba a fallar. La fuerza comenzaba a eclipsarse. Algo razonable porque es difícil -y más en una superproducción con tanto dinero en juego- que los artistas mantengan su nivel de creatividad e inspiración décadas después de sus álgidos momentos. De hecho, suele ocurrir que sus más grandes obras nazcan en medio de procesos difíciles o mientras se encuentran sufriendo problemas económicos. Y para cuando George Lucas se puso otra vez al frente de su criatura ya era un multimillonario fondón cuyos biznietos y tataranietos tenían la vida resuelta.

No obstante, la trilogía sobre Anakin dejó una película realmente interesante: La venganza de los Sith.  Una nave voladora cuya última hora volvió a hacer vibrar a los seguidores del culto jedi. Algo que, desde luego, hasta el momento está muy lejos de conseguir la trilogía Disney. Una obra que nunca debería haber existido. Un atentado en toda regla a la orden galáctica totalmente olvidable. El último filme estrenado hasta la fecha, Los últimos jedi, es con mucho, bastante mejor que El despertar de la fuerza. Un mérito muy escaso porque el estúpido artefacto dirigido por J.J.Abrams era un insoportable pastiche incapaz de establecer una conexión lógica e histórica con el final de El retorno del jedi.

Realmente, la cinta rodada por Rian Johnson es un espectáculo artificioso y desangelado. Su alma se encuentra implantada. Procede de la nostalgia y los recuerdos. Los últimos Jedi es una buena película cuando recuerda a El imperio contraataca y cuando no lo hace, es un artefacto vulgar. Un ballet lleno de acción y saltimbanquis adaptado al mundo global más políticamente correcto imposible. ¿Qué ha hecho Disney con la fuerza? La respuesta es simple: la ha prostituido y vulgarizado. La ha convertido en una máquina expendedora de billetes de dólar. Ha realizado un genocidio cultural. Un atentado contra los seguidores de una saga que ahora no se diferencia en nada de cualquier blockbuster de usar y tirar. Es básicamente, una hamburguesa de pollo vendida bajo el nombre de hamburguesa jedi.

Luke Skywalker es desde luego mucho más el Skywalker de los libros del Universo expandido que el que hemos visto en Los últimos jedi: un hombre malhumorado lleno de odio y desgana que destroza toda la historia pacientemente construida del personaje durante décadas. En realidad, no es que no sea Luke sino que es Mark Hammill interpretando con desgana y sin saber exactamente qué hacer a alguien que únicamente se parece al héroe que lo inmortalizó por el nombre. En fin. ¿Qué puedo decir? No resulta difícil en cualquier caso encontrar razones por las que esto sucede. Todos los grandes artistas, a pesar de la incomprensión que hayan podido sufrir, han terminado por imponer su visión de la existencia al mundo y el problema de la Star Wars de Disney como de la precuela consagrada a Anakin es que sus productores y guionistas estaban maniatados por su deseo de contentar a todo el mundo. Star Wars nació de la tozudez obsesiva de un joven rebelde: George Lucas. Un loco empeñado en hacer realidad su sueño. Un hombre valiente dispuesto a perder su casa para lleva a cabo su empresa. Y las posteriores trilogías están construidas a partir del miedo. Sus productores tienen tal pánico a no estar a la altura de la leyenda y de no conseguir la recaudación económica deseada que al final han caído en el lado oscuro de la fuerza. Y han convertido lo que deberían ser nuevos monumentos en honor a la orden jedi en escupitajos a su leyenda. Ofrendas a mayor gloria de los Sith. Shalam

اِحْذَرْ عَدُوَّكَ مَرَّةً واحْذَرْ صَدِيقَكَ أَلْفَ مَرَّةٍ

La experiencia es una cicatriz

 

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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