Macario

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No he encontrado demasiados cinéfilos españoles que me hablen de Macario. Muchos supongo que no la han visto. Una enorme falla que me parece lógica porque, de no haber vivido yo en México durante casi una década, probablemente no conocería esta maravilla. Una joya que al menos para mí se encuentra a la altura de El verdugo, La cabina o Viridiana.  ¿Alguien concibe cansarse de contemplar Fresas salvajes o leer “Un cuento de Navidad”? Algo parecido ocurre con Macario. Verla refresca el ánimo y la mente. Sana el espíritu. De hecho, yo la compararía con algunos filmes de Frank Capra puesto que sin dejar de retratar el mal, logra hacernos creer más en los seres humanos. Es aire puro.

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La interpretación llevada a cabo por López de Tarso de un campesino al que, debido a su generosidad, la muerte ofrece agua milagrosa para sanar enfermos es sobresaliente. Conmovedora.  Hace unos días volví a ver la película y puse toda mi atención en él intentando detectar los típicos gestos impostados o sobreactuados que muchos actores realizan (o bien por simple hábito o impericia o bien para solventar trabajos rutinarios y escenas complicadas) y no encontré. Tarso se convirtió realmente en Macario (del modo para entendernos en que Anthony Perkins lo hizo en Norman Bates) al punto de que cuando lo he vuelto a ver en algún otro filme, no podía dejar de identificarlo con este papel. Me costaba varios minutos tomar conciencia de que personaje y actor eran diferentes. Me fascina la forma en que habla o sonríe cuando abraza a sus hijos y cómo su mirada es capaz de reflejar ingenuidad, bondad y perspicacia con total naturalidad. Por otro lado, Pina Pellicer no llega a esas alturas, pero es muy creíble. Está radiante y convincente. Y superó el desafío con nota. ¿Cómo no hacerlo si venía de mirar de frente a los ojos de Marlon Brando? Desde luego, su frágil y transparente alma era ideal para encarnar a una mujer abnegada y bondadosa más preocupada por los demás que por ella misma. Cuando se dirige a Macario u observa a sus hijos comer, transmite amor verdadero. Esa tremenda sensibilidad que probablemente sería la responsable de su desgraciado suicidio.

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Lo ocurrido con Macario no es habitual. De hecho, es asombroso. Por lo general, tanto las adaptaciones fílmicas de textos literarios como muchas reelaboraciones narrativas de obras precedentes fracasan. Pero, en este caso, no fue así. El cuento de los hermanos Grimm –“El ahijado de la muerte”– en el que se basó B. Traven para escribir su novela corta –El tercer invitado– era bueno. Breve y contundente. Todo un clásico. Pero el libro de Traven es mejor. Lo supera ampliamente, a pesar de que la operación  que realizó el enigmático escritor fue compleja: desarrollar y extender un relato atemporal, situándolo en plena realidad mexicana. Pero es que, por si fuera poco, el filme de Roberto Gavaldón es mejor que el cuento de los Grimm y la obra de Traven. Llega más lejos respetando profundamente la esencia de ambas creaciones. De hecho, las completa. Su adaptación es digna de estudio. Porque Gavaldón combinó con sumo equilibrio aspectos y detalles de las dos narraciones a los que añadió otros nuevos y muy pertinentes con la inestimable ayuda de Emilio Carballido como, por ejemplo, la presencia de la Santa Inquisición (la historia transcurre durante el Virreinato de la Nueva España) o las constantes referencias a la festividad de Muertos.

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Dicen que la envidia es uno de los productos más elaborados de la cultura hispana. Consciente de ello, no me sorprendió leer que Macario recibió variados reproches por parte de críticos mexicanos quienes -tal vez por haber sido nominada justamente a los Óscar- la calificaron de producto hollywodiense. Un obra que daba una imagen tópica, paternalista, y falsa de México. Nada más lejos de la realidad porque lo que tiene Macario de esteriotipo es lo que tiene de clásico. De obra imperecedera e inmortal en la que, pasen los años que pasen, los mexicanos siempre se reconocerán (o a menos nosotros los reconoceremos a ellos) sin importar su clase o procedencia.

En la película, se encuentra presente el espíritu de Rulfo (no en vano Gavaldón adaptaría con notable solvencia El gallo de oro), la llaneza costumbrista, el socarrón y negro sentido del humor castizo exportado de España, el leve toque gótico y barroco y ese espíritu sobrenatural presente en cada una de las porciones del territorio mexicano; el cual en pueblos como el retratado en el filme, lo impregna todo de misticismo y recogimiento; pureza, exotismo y cruenta belleza de fábula. Pero además, Gavaldón combina con soltura varios estilos. Cuando rueda el juicio del Santo Oficio lo hace como un expresionista y cuando filma las tentaciones con un maravilloso estilo que recuerda a Bergman, a las fábulas tradicionales y a las viejas películas de fantasía. Algo que, obviamente, no hubiera logrado con tanta excelencia de no ser por la ayuda de Gabriel Figueroa.

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Sinceramente, encuentro muy difícil que alguien no disfrute con el delicioso argumento de Macario, pero en caso de no hacerlo, le recomiendo que simplemente por placer estético contemple los últimos diez minutos. Casi todo lo que aparece allí es responsabilidad de Gabriel Figueroa. Durante mi primer mes en México, a medida que visitaba museos y lugares emblemáticos de la capital, fui leyendo varios tomos que recopilaban entrevistas de Elena Poniatowska a diversos artistas y personajes emblemáticos del país centroamericano. El tercero iba dedicado en exclusiva a Gabriel. En principio, no comprendía por qué un volumen al completo estaba consagrado a aquel fotógrafo. Años después, sin embargo, lo que no entendía era por qué le habían dedicado tan poco espacio. A eso me ayudó mucho ver Macario. Su fotografía es absoluta. Total. Es una mezcla entre un lienzo de Miguel Ángel y el más desaforado romanticismo español. Figueroa sublima el aura de México. Transforma en símbolos todos los paisajes en los que se posa su lente. Sin Figueroa, Macario hubiera sido una película sobresaliente. Con él, se convierte directamente en una obra divina. Su fotografía no es clásica. Es eterna. Áurea. Renacentista. Inmortal. Es al arte mexicano lo que los tacos y el chile a su cocina. Su esencia. Si alguien desea corroborar lo que digo, le animo de nuevo a que contemple la mítica escena rodada en las Grutas de Cacahuamilpa: una catedral, un milagro estético que capta con una sobrecogedora y sugerente profundidad el espíritu del arte religioso y el fúnebre. Nada más que por ella es prácticamente obligatorio ver Macario cada cierto tiempo. Shalam

البندقية هي غريفين الموت

La pistola es el grifo de la muerte

Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

4 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:……claro como vi ayer por la noche la peli conozco a pina pellicer dandole(el gualajote) el deseo intimo a su lopez tarso….jaajjjj……..
    2ºimagen :…..no se lo que me va a pasar pero el sitio y yo somos totales…..llena de significados, uno las enseñanzas de la representacion de la perspectiva (g-i-o-t-t-o…..amarcord)……el acercamiento a la pobreza (el esqueleto del arbol)…..y la continuidad-aceptacion con hollywood…………
    3ºimagen:…….el underground ……….la cueva del camino al “chalet-favo de aledo”……una vez vista la pelicula diria el underground de la humanidad..(sonrio)…..
    4ºimagen:……uno dice: no puedo hacer otra cosa amigo…..el que esta de espaldas dice: no me lo puedo creer y saldra corriendo………..

    • ¡Qué bueno que la vieras! A mí me parece magnífica. Pero claro al verla pues se entiende que acertarás plenamente con la primera imagen. Seguro que hasta podrías clavar algún diálogo. Sí. Nunca hubiera pensado en Giotto allí pero tal vez. Más bien, Figueroa y sus encuadres me remiten al renacimiento …Me perdí un poco con lo del chalet de aledo. De acuerdo con lo del underground de la humanidad. ¿Quién no hubiera salido corriendo en una situación así?

  2. andresrosiquemoreno on

    …….si vas desde cartagena al “faro de navidad” conocido tambien como el faro del “chalet” o el faro de “aledo”, aledo era el apellido de la familia de los fareros y vivian alli…………..pues en ese camino que a la izq queda la pareta de la antigua “bazan”, a la dech hay unas cuevas(no de grandes como la de “macario”……..no se ven a simple vista y tienen una entrada muy estrecha,….bueno es que tenia un amigo espeleologo…….como el del personaje de “figueroa”…jajajjja…….ahhhh segun f.fellini giotto (que llevaba las pelotas en moto) fue el inventor de la perspectiva….otro pasote del extraordinario fellini……(sonrio)……. fellini es la hostia de cachondo…………..

    • No conocía ese hecho. Excelente detalle. Lo del Giotto es discutible. Dicen que ya estaba inventada la perspectiva en Roma pero se perdió con las invasiones bárbaras y la caída del Imperio. Giotto supuestamente fue que la redescubrió. Recuero que no sabía nada de Giotto pero un día estaba en florencia de viaje y la gente dijo de verlo y me fascinó. Fellini era genial. Siempre dan ganas de reír y bailar viendo sus películas.

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