Sarna (2)

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Continúo aquí el avería comenzado ayer sobre el trío de películas realizadas por Marco Ferreri en España. Ahí va.

Sarna (2)

Resulta difícil citar una película que supere a El pisito. Una astracanada llena de cinismo y mala uva. Pero sí la hay. Se llama El cochecito. Una de esas obras infecciosas con apariencia de chupito de coñac y puro veneno en su interior que justifican por sí mismas el que muchos consideremos a Rafael Azcona uno de los genios del siglo XX. Alguien capaz de construir perdurables parábolas infernales con dos o tres elementos muy simples.

Se suele decir que Berlanga no era completamente fiel a lo escrito por Azcona. Carlos era tan ufano y genial que necesitaba imperiosamente poner su toque personal en los guiones escritos por el riojano. A la estructura de su guión le añadía diálogos salerosos, detalles de humor impresionista propios de la factoría austrohungara y unos cuantos pigmentos de literatura castiza. Por el contrario, Marco Ferreri era mucho más pulcro y recatado con los guiones de Azcona. Le gustaban tanto y respetaba en tal medida a su creador que, generalmente, realizaba pequeñísimas modificaciones y se lanzaba a saco a rodarlos. Era más un transcriptor que un intérprete. Sabía que tenía dinamita en sus manos y no sentía necesidad de aportar mejoras sustanciales. Su lucha consistía básicamente en realizar la película, sorteando la censura y llevarla a buen puerto. Conseguir la máxima implicación de actores con un talento soberano desaprovechado no obstante en muchas ocasiones en producciones insustanciales de la época.

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Si he citado anteriormente la relación de Ferreri con los guiones de Azcona (que quiero aclarar que básicamente presupongo y no fue idéntica en todos los casos) no ha sido con el ánimo de realizar ningún estúpido alarde cultural sino para intentar comprender mejor su obra. Hay algo que ocurre tanto en El pisito como en El cochecito que no sucede en las películas de Berlanga y otros directores del cine español de aquella época. Me refiero a una intensa sensación de extrañamiento. Casi por momentos (sí, supongo que a muchos esto les sonará raro) de distanciamiento.

Lo que Ferreri nos cuenta es muy cercano y familiar pero al mismo tiempo nos resulta extraño. Distante. Resulta difícil identificarse con el personaje, por ejemplo, interpretado por Isbert en El cochecito (Don Anselmo Proharán). Algo que no sucede, por ejemplo, en Plácido donde es muy factible empatizar con los protagonistas. Un hecho que creo que se debe a la circunstancia antes aludida. A que Ferreri apenas tocaba el guión. Intentaba rodar con la mayor objetividad. Y como era italiano, a pesar de encontrarse perfectamente integrado en la sociedad española, era más un diseccionador narrativo y analítico que un autor que buscara o necesitara conectar con su público y conociera su alma a la perfección.

A esto hay que añadir, obviamente, algún otro aspecto como su adscripción política: el comunismo. Berlanga era, sin dudas, un hombre ufano. Un erotómano. Un burgués y un cachondo mental que guardaba en su mirada amplios posos de su educación católica. Berlanga era antes un cineasta que un activista. Sin embargo, tengo la impresión de que Ferreri se consideraba antes un comunista (otra cosa es lo que fuera realmente) que un cineasta. Y eso se nota porque su cámara no vislumbra espiritualidad alguna. Ferreri se centra en la carne. Apenas hay culpa y remordimiento en sus personajes. El llanto de Isbert en El cochecito al comprobar que ha logrado asesinar a su familia y podrá supuestamente disfrutar de su automóvil no es un llanto sagrado. No es un llanto culpable. Impresiona porque es un llanto filmado por un comunista. Un llanto donde solo hay carne y lágrimas. Una tristeza brutal que recuerda subrepticiamente a la retratada por Pasolini en algunos de sus filmes. La tristeza sin pecado. La natural.

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Casi todo lo que dije ayer sobre El pisito puede ser aplicado a El cochecito. Y también lo que afirmé sobre Los chicos. Básicamente porque la existencia de Don Anselmo Proharán es un ir y venir sin mucho sentido. Casi me atrevería a decir que la compra de ese cochecito es la excusa que inventa para darle aire a los últimos años de su vida. Básicamente, su existencia no cambiaría demasiado sin el vehículo. Pero lograr ese cochecito se convierte en el factor más importante de su vida posiblemente porque pertenece a una generación a la que todo le ha sido negado. Completamente fracasada más allá de las apariencias y las formas que se intentan guardar.

Si los niños crecidos en España durante la década de los 80 y no digamos ya los criados en el siglo XXI se caracterizan por lograr todo lo que desean con un simple gesto. Ser caprichosos y ególatras en grado sumo. Los de otras décadas se caracterizaban más bien por su voluntad y sacrificio así como por su estoicismo puesto que habían vivido donde no es que ya fuera difícil conseguir un artículo de lujo sino incluso un pedazo de pan. Asi que, en gran medida, los llantos caprichosos de Don Anselmo son tanto un anuncio del porvenir de España como la más flagrante prueba del fracaso de una nación en la que sus ciudadanos eran incapaces de hacer realidad sus mínimos deseos. Vivían sometidos al principio de la realidad y de esa rigurosa e impiadosa ley que el viejecito inconmensurablemente interpretado por un Isbert en estado de gracia, al que casi se le siente levitar, rompe finalmente en busca de una difusa felicidad que termina lógicamente en la cárcel.

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Me siento afortunado de poder haber contemplado cómo fue filmado originalmente El cochecito. Aunque la película es tan buena que incluso con el final modificado por la censura, no bajaba mucho el nivel. Era magnífica.

La escena final es mítica. El encuentro de don Anselmo con los guardia civiles es de una belleza decadente y de un humor negro evanescente que pocas veces he podido atisbar en una película. La fotografía de Juan Julio Baena es bellísima. Los planos profundos y extensos provocan una intensa sensación de lejanía y tristeza. De absoluta desolación. De esa «nada» a la que se refería Francisco Umbral en uno de sus libros. La imagen de Isbert preguntando si podrá usar el vehículo en la cárcel es una de las mezclas más logradas que he visto en mi vida de patetismo, tristeza y locura. Una clarividente imagen de las vivencias experimentadas diariamente por muchos españoles durante la España franquista.

En fin. Tanto tras esta escena como de la prodigiosa con la que se cerraba El verdugo se encontraba Azcona. Por algo será que muchos lo consideramos uno de los genios incontestables del siglo XX. Alguien a quien estoy seguro que, de resucitar, Francisco de Quevedo buscaría por cielo y tierra para estrecharle la mano. Shalam

أين تذهب الفكرة عندما تُنسى؟

¿Adónde va un pensamiento cuando se olvida?

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:….siempre que veo a pepe isbert me produce alegria y alegria………
    2ºimagen:…..que fuerte…..»los de la cabra»(sin cabra) y la hojalateria(justo en las puertas de murcia de cartagena a la altura de la galeria bisel de «la nuchi matran» estaba el hojalatero……..espectacular cuando echaban los puntos, cordones de soldadura a las cacharras picadas……………….
    3ºimagen:……las balas de paja protectoras en las carreras de motos de la ciudad(en el ensanche)…….
    4ºimagen:…..tarkovsky se hubiera deshecho de uno de los tres personajes del fotograma ademas no lo hubiera centrado de manera tan evidente………chaplin si………………..
    PD:…….sugerente «a todo poder»(iniesta)….https://www.youtube.com/watch?v=qzpPy9hJYA8….the zombies
    …otra dosis es una version de la anterior:….https://www.youtube.com/watch?v=ZbaoHwRX7BQ….haley reinhart(post-modern jukebox)…..(la acabo de descubrir)………….

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) La viva imagen de por qué alguien dijo una vez que los ancianos son como niños. 2) La fotografía huele a decorado. Paradójicamente, los primeros planos de Isbert convierten esa escena en totalmente real. El alejamiento la hace cinematográfica. Todo lo que no es El cochecito. Una foto de la realidad. 3) Una parodia castiza de El padrino. 4) Tarkovski no hubiera rodado nunca algo como El pisito. Ferreri y Berlanga sí. PD; Video impresionante el de The Zombies. Perfecto para la canción. Respeto la versión de Haley Reinhart, pero no me parece que se acerque a la de Zombies. Algo lógico porque está en otra dimensión.

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