Vito Corleone

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¿Existe algo más grande que El padrino? Al menos en el mundo del arte y en concreto en el del cine, bajo mi punto de vista, no. Me basta con ver una de las escenas del film de Coppola para comenzar a temblar. Sentir un nudo en el estómago y entender que estoy penetrando en un mundo negro y arisco donde voy a contemplar la verdad más absoluta y descarnada. Un mundo oculto con su propio lirismo y épica y sus cerrados códigos de honor que es reflejo de la realidad en todos los ámbitos y escalas. Aunque, lamentablemente, el cariz de estos tiempos y el rostro amorfo de los mercados, puede hacer que la obra Coppola parezca en comparación, excesivamente benigna y justa.

Lo cierto es que ahora que en Occidente parece que por fin hemos tomado conciencia de la corrupción del poder y la política a nivel global, observar El padrino es todavía más imprescindible que cuando surgió. De hecho, se entiende mejor. Porque la película de Coppola no sólo retrata una época o a un país sino a la sociedad occidental en su conjunto y lo hace con inmensa dignidad y respeto. Tanta que me parece inevitable rendirse ante el magnetismo de unas imágenes que me dejaron planchado en la butaca de cine la primera vez que las contemplé y salí de noche a caminar transportado por la ciudad, con la cabeza absolutamente abierta, en una nube.

En homenaje a este frontal puñetazo en el rostro de los cinéfilos, dejo a continuación transcrita su majestuosa primera escena protagonizada por Vito Corleone y Bonasera. Un fastuoso diálogo que cada vez que lo observo, me hace sentir como cuando escuché en mi adolescencia “Like a rolling stone” de Bob Dylan o esos míticos discos que los Stones grabaron en los 70: en medio de un orgasmo inenarrable.

Ahí lo dejo:

BONASERA (sentado delante del escritorio del padrino, haciendo frente a la cámara fotográfica)

Creo en América. América ha hecho mi fortuna. Y crié a mi hija a la manera americana. Le di la libertad, pero la enseñé a no deshonrar nunca a su familia. Ella encontró a un novio; no era italiano. Ella fue al cine y volvía a casa muy tarde. Yo no protesté. Hace dos meses, salieron a dar un paseo, con otro chico. La hicieron beber mucho whisky. Y entonces intentaron aprovecharse de ella. Ella se resistió, mantuvo su honor. La golpearon como si se tratara de un animal. Cuando llegué al hospital tenía la nariz y la barbilla rotas. No podía siquiera llorar por el dolor. Pero yo sí lloré. ¿Y por qué lloré? Ella era la luz de mi vida. Era una belleza. Ahora nunca podrá volver a ser tan bonita.

(Bonasera analiza. El padrino le hace un gesto a Sonny para dar a Bonasera una bebida)

Lo siento padrino…

Al principio acudí a la policía, como un buen americano. Los dos chicos fueron llevados a juicio. El juez los condenó a tres años en la prisión, pero anularon la sentencia, ¡la anularon! ¡Salieron libres ese mismo día! Estaba parado en el juzgado como un tonto. Y esos dos bastardos, me sonrieron. Entonces dije a mi esposa, “Si queremos justicia, debemos acudir a Don Corleone.”

VITO CORLEONE (sentándose detrás de su escritorio, acariciando un gato)

¿Por qué fue a la policía? ¿Por qué no vino a mí primero?

BONASERA

¿Qué quiere de mí? Dígame cualquier cosa. Pero le ruego que haga lo que le pido.

VITO CORLEONE

¿Y qué es lo que pides?

(Bonasera se levanta para susurrar su petición en el oído de Corleone)

Lo siento amigo, no puedo hacer eso.

BONASERA

Le daré cualquier cosa que usted me pida.

VITO CORLEONE

Nos conocemos desde hace muchos años amigo mío, y es la primera vez que vienes a pedirme consejo; a que te ayude. (pausa) No soy capaz de recordar la última vez que me invitaste a una taza de café en tu casa, aunque mi esposa es madrina de tu único hijo. Pero vamos a ser francos aquí: usted nunca deseó mi amistad. Y teme quedar en deuda conmigo.

BONASERA

No quisiera tener problemas.

VITO CORLEONE

Entiendo. Usted encontró el paraíso en América, tenía un buen negocio, había conseguido tener una buena vida, la policía le protegía; y la ley le amparaba. Usted no necesitaba para nada mi amistad. Pero, ahora usted viene a mí y me dice “Deme justicia, Don Corleone.” Pero no me lo pide con respeto. Usted no me ofrece su amistad. Incluso no piensa en llamarme padrino. En lugar de eso, viene a mi casa en el día que se casa mi hija, y pide que mate a alguien por dinero.

BONASERA

Le pido justicia.

VITO CORLEONE

Eso no es justicia; su hija todavía está viva.

BONASERA

Entonces que ellos sufran, pues ella también sufre. ¿Cuánto debo pagarle?

VITO CORLEONE (levantándose y girándose hacia Bonasera)

Bonasera… Bonasera… ¿Qué le he hecho siempre para que me trate con tan poco respeto? Si hubieras mantenido mi amistad, los maltratadores de tu hija lo habrían pagado con creces, porque cuando uno de mis amigos se crea enemigos, yo los convierto en enemigos y a ese le temen.

BONASERA

Ayúdeme (se inclina) -¿padrino?

VITO CORLEONE (después Bonasera le besa la mano)

Bueno.

Algún día, que puede que nunca llegue, le invitaré a hacer un servicio para mí. Pero hasta que ese día llegue, acepte esta justicia como regalo el día de la boda de mi hija.

BONASERA (como él sale del cuarto)

Grazie, Padrino.

VITO CORLEONE

Prego.

(Bonasera sale del cuarto). Shalam

كُنْ ذكورا إذا كُنْت كذوبا

 Nada falta en los funerales de los ricos, salvo alguien que sienta su muerte

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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