La broma asesina (1)

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Dejo a continuación el primero de los dos averías que (debido a su extensión) dedicaré a La Broma asesina; el mítico cómic de Alan Moore y Brian Bolland. Quiero aclarar, eso sí, que este primer avería no se centrará en La broma sino en Moore y que el de mañana, sí que lo hará con mayor o menos profundidad en la obra. En fin. Sin más, ahí voy.

La broma asesina (1)

En los ochenta, Alan Moore era directamente Dios. Posiblemente todavía lo sea. Pero en esa década estaba tocado por una varita mágica que lo conectaba con la sabiduría celeste y oceánica. Con la barba divina y el manto angélico. Estaba por así decirlo iluminado. Directamente, levitaba. Realizaba una obra maestra tras otra con la facilidad con la que algunos cambian de canal televisivo. Por ejemplo, transformó un cómic raro, extraño con el que prácticamente nadie sabía qué hacer (La cosa del pantano) en una fábula amorosa con múltiples reminiscencias trágicas, antropológicas y psicodélicas que conducía las historias de monstruos a otra dimensión. Convirtió la historia de un personaje menor y olvidado –Miracleman– en una epopeya épica llena de interés y múltiples recovecos filosóficos. Y condujo el cómic de superhéroes y político (-Watchmen y V de Vendetta)- a vías nunca antes entrevistas. A la más absoluta grandeza.

La competencia en el cómic de los 80 era inmensa. Alan Moore tenía enfrente ni más ni menos que a Chris Claremont, John Byrne o Walter Simonson. Pero, aunque parezca mentira, superó a todos esos colosos y no por escasos cuerpos. Únicamente se mantuvo a su rueda -aunque bien es cierto que no durante  demasiado tiempo- Frank Miller.

Bastante antes de que Moore confesase ser brujo, muchos ya lo considerábamos así debido a la fuerte impresión que producían las historias que llevaban su sello. Muchas de las cuales superaban las barreras del cómic. Debido a que transformaban las viñetas en rutas de conocimiento y descubrimiento. Logrando hacer de sus guiones un viaje psicodélico hacia rumbos nunca antes entrevistos.

En realidad, Alan Moore no sólo contaba historias. Transformaba la realidad. La visión que teníamos de esta. Los maravillosos autores anteriormente citados eran genios. Todos rompieron barreras. Destrozaron mentes. Abrieron puertas. Pero eran, ante todo, genios del cómic. Alan Moore sin embargo parecía ir siempre más allá de las viñetas no tanto por un interés en romper sus límites o la cuarta pared sino por la voluntad de transformar el cómic en un objeto de poder. Hacer magia. En este sentido, ni tan siquiera su historias más leves, podían ser consideradas escapistas. Puesto que no aportaban tan sólo entretenimiento sino, sobre todo, conocimiento.

Sus cómics no parecían cómics sino rituales, ensayos o libros de filosofía. Se aprendía en ellos más de política o de la naturaleza humana que en una cátedra universitaria o una consulta psicológica. De algún modo, sus guiones eran comparables a drogas chamánicas. Eran viajes. Tras leerlos, uno se sentía transformado. Una poderosa substancia había entrado en nuestro cuerpo y mente que nos hacía diferentes. En otras palabras, Alan Moore siempre trascendía. Siempre iba más allá. Nunca era frívolo. Su obra estaba llena de tintes trágicos y era capaz de convertir meros pasatiempos narrativos en alucinantes cráteres mitológicos. Algo que lo diferenciaba por varios cuerpos de sus contemporáneos y obligó a conocer sus territorios a la gran mayoría de guionistas crecidos bajo su sombra ya fuera porque deseaban superarlo (Grant Morrison) o porque lo admiraban y respetaban como a un padre (Neil Gaiman) a riesgo de, si no lo hacían, ser exiliados de los nuevos territorios artísticos conquistados por el escritor de Northampton.

En DC, obviamente, provocó una revolución. Moore cambió el rumbo de la empresa. O, más bien, le confirió un prestigio inesperado que fue un severo puñetazo para Marvel puesto que, de repente, se encontró al rebufo artístico de su compañía rival. La cual no mucho antes parecía condenada a fallecer de inanición y, de repente, no sólo se había reinventado a sí misma con Crisis en las tierras infinitas sino que además, tenía un auténtico gigante en sus filas. Alguien absolutamente inclasificable que parecía mirar desde una lejana y colosal catedral creativa al resto de producciones de la época. Uno de esos nombres que cambian el rumbo del arte al que obviamente los directivos de la DC le propusieron también ocuparse de algunos de sus más célebres héroes; caso de Flecha Verde, Batman o Superman. Ante todo, porque eran conscientes de que cualquier cosa que Moore tocaba multiplicaba sus resonancias creativas y que sus ocurrencias podían alumbrar nuevas vías para el desarrollo de personajes muy trillados que se habían empeñado en renovar. Algo que Moore podía hacer sobradamente. Aunque hay que dejar claro que más que un renovador, era un transformador. Respetando su esencia, convertía los personajes que tocaba en «otros» distintos a los que conocíamos asomándolos a los abismos. Enfrentándolos con sus límites, humanizándolos y multiplicando sus sombras trágicas.

Moore siempre se opuso a los parámetros que marcaron la edad de plata de los superhéroes. Era consciente que un héroe lo es más por la cantidad de sufrimiento e incertidumbre que puede soportar que por las hazañas que realiza. Así que no le tembló el pulso al clavar la estaca final que dio por finiquitada para siempre los últimos estertores de aquella era de la inocencia cuyos cimientos comenzaron a removerse para siempre con traumáticos acontecimientos como la muerte de Gwen Stacy en Amazing Spider-Man. Todo lo contrario. Lo hizo con gusto. A sabiendas de que estaba llevando el género a su edad adulta. A un camino sin retorno. A la madurez. Un hecho que se puede comprobar perfectamente (además de en la consabida Watchmen) en los pocos guiones que realizó, ocupándose de personajes como Vigilante, Superman, Batman y Flecha verde. Es cierto que, sobre todo en ¿Qué le pasó al hombre del mañana?, Moore respeta (y juega) con muchos de  los parámetros clásicos de Superman, pero se nota que no se siente cómodo homenajeándolos y que sus intenciones eran otras. De hecho, en todas las historias en las que se ocupó del hombre de acero, lo llevó al límite. Lo trató con cierta crueldad mal disimulada. Casi con saña. Tal y como era necesario que ocurriera para hacer más creíble al personaje.

El Superman de Moore no era alguien indestructible y lozano sino alguien al que le merodeaba la muerte en todo momento. Alguien poderoso, sí, pero que podía ser destruído. Un hombre en crisis y, por momentos, frágil. Y algo parecido ocurría con sus historias sobre Vigilante y Flecha Verde. Ásperas, violentas narraciones en las que aunaba miseria, drogas y prostitución dando luz a un cocktail realista y trágico muy alejado de aquellos opalescentes cómics publicados por la DC durante las décadas anteriores en los que los héroes parecían tener una sola cara. No poseer aristas personales. No conocer el lado oscuro. Una dimensión en la que el chamán británico ahondó plenamente en La broma asesina. Un cómic (en el que profundizaré mañana) que dejó una huella eterna en Batman. De hecho, estoy seguro de que nadie que lo haya leído -le guste más o le guste menos- ha logrado olvidarlo. Shalam

الأفكار الحقيقية مضادة للرصاص

Las ideas verdaderas son a prueba de balas

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…obispo ortodoxo de paisano…… dispuesto a ir a la sex-disco……..
    2ºimagen:….obispo ligon, en la puerta de la disco con su salvo conducto (un escorpion de turquesa)….
    3ºimagen:….aparato reproductor femenino….
    4ºimagen:….la señora sin brazos hasta los codos con sus dos hijos(bomba lapa) y los dos ahorcados con alambre de espinos(mussolini y su querida)………..
    5ºimagen:….carne blanca y un revolver verde (curioso)…..
    6ºimagen:…un banco sin respaldo es un horror para la espalda….un perro con capa de superman es un buen reclamo infantil y la viga vertical doble t es un elemento escultorico de la metalurgia inglesa(el anthony caro de los sesenta aprox…)……
    PD:…en el minuto 1:41 y en el 3 aprox pausa y mas veras a superman en el decorado panel del fondo del escenario…una simplificada idea……https://www.youtube.com/watch?v=IyMsYMSXO6o…j.d.mcpherson live on kexp…..north side gal…2012….

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) Chamán celta anunciando un nuevo disco de Julian Cope. 2) Músico de Hanwind despertándose en mitad de los 90 tras un cuelgue de ácido sin saber qué hace ahí pero teniendo claro que lo va a descubrir. 3) El aparato reproductor de una planta. Su vida secreta. 4) Paisaje típicamente japonés (Hiroshima) llevado a un territorio neutro y abstracto. De ahí emergen mutantes. La patrulla X. 5) Cruce de géneros. ¿ES Jason de Viernes 13 quien aparece allí? 6) Muy bien visto lo de Anthony Caro. Lo he estado viendo y coincide perfectamente con esa silueta arquitectónica. El perro con la capa un puntazo. PD: jjjajaj.. sí se ve perfectamente a Superman. Muy bueno. y tema estupendo.

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