La vida de Flash depende de ti

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Acabo de terminar de leer dos capítulos -el séptimo y el octavo- de Supergods, el jugoso ensayo de Grant Morrison sobre la historia del cómic de superhéroes, y no puedo resistirme a citar las palabras que le dedica al famoso número de la serie Flash aparecido en agosto de 1966: “¡La Vida de Flash Depende De_Ti”. Pues permite vislumbrar la influencia que el cómic tuvo en la novela contemporánea.

Dejo hablar al genio escocés: “La portada mostraba un primer plano de Flash. El fondo era negro, sin ninguna característica o detalle. Levantaba su mano hacia el primer plano como si estuviera parado a sólo unos pasos, casi en tamaño real, y se dirigía a nosotros directamente. Su expresión era frenética. Sus ojos eran los de un santo echando un vistazo al infinito. Su palma extendida, casi de tamaño real, deteniéndonos. Él era Flash, el Hombre más Rápido con Vida. El grueso título rojo perfectamente colocado en el espacio negro sobre su cabeza nos lo decía también: “¡PARA!” gritaba en letras grandes. “¡NO DEJES PASAR ESTE NÚMERO! ¡MI VIDA DEPENDE DE ELLO!”. El Hombre más Rápido con Vida nos ordenaba que paráramos y rompía la cuarta pared de la segunda dimensión para dirigirnos su petición. Era la primera vez que un superhéroe miraba fuera de la perspectiva aplanada de la imagen hacia una teórica dimensión superior que no podía ver, sólo intuir, para pedirles ayuda a sus lectores. Incluso parecía saber que estaba en una publicación de cómic. Su mundo no era el nuestro, y estábamos separados por una membrana tan dura y permeable como el espejo de Alice (Alicia). Este era Arte Pop genuino”. Puro Lychtenstein”.

En fin. Creo que la cita es lo suficientemente ilustrativa. Deja claro que para llevar a cabo un análisis preciso de las rupturas con la realidad realizadas en la narración posmoderna, el cómic resulta un medio tan esencial como el cine. De hecho, el séptimo arte tuvo una constante retroalimentación con el noveno. Godard por ejemplo, ya había roto la cuarta pared años antes en su célebre Al final de la escapada. Lo que no fue obstáculo para que tanto él como Federico Fellini, -conscientes de los nuevos campos que el cómic estaba contribuyendo a abrir- visitaran las oficinas de la Marvel y esperaran pacientemente ser atendidos por Stan Lee y sus colaboradores a quienes, desde luego, admiraban. Por más que posiblemente se sintieran más cercanos a los maestros del cómic europeo, cuya existencia -además, claro, del musical- resulta esencial para comprender en todo su alcance On connaît la chanson. El mágico film de Alain Resnais.

No obstante, hay muchos otros datos relevantes en el texto de Morrison. Por ejemplo, su descripción de la manera subterránea en que outsiders como Lenny Bruce o los beats influyeron en la creación de muchos superhéroes Marvel.  Caso de Peter Parker (Spiderman) cuya culpabilidad, problemas personales y sus tortuosas dudas lo asemejaban en ciertos aspectos y momentos a un héroe shakesperiano o de Tony Stark, (Iron Man) cuyos problemas de alcoholismo lo equiparaban con el hombre de la calle.

Desde luego, resulta asimismo muy sugestiva la relación que establece entre las distintas transformaciones sufridas por Superman y los miedos del americano medio a las posibles mutaciones ocasionadas por la energía atómica durante los años 50 del pasado siglo. Una época en la que el kriptoniano se convirtió en obeso mórbido, un monstruo similar a Frankenstein, un ser con cabeza de insecto e incluso  un anciano que volaba con la ayuda de un bastón. Una metaformosis esta última que acaso era una referencia indirecta al temor de los americanos a que su nación perdiera el enorme control que tenía sobre gran parte del mundo occidental conforme fueran pasando los años.

Y creo también obligatorio mencionar la relación directa existente entre la creación de un héroe apolíneo y extraordinario científico como Reed Richards (Los 4 fantásticos) y los esfuerzos realizados por los representantes del Departamento de Estado de EUA, durante la década de los cincuenta, por hacer que la tecnología fuera ocupando lugares cada vez más importantes en la televisión, espacios de ocio o las fábricas de juguetes para niños. Algo que nos deja bien claro lo relevante que fue la conquista del espacio para el país norteamericano tras la Segunda Guerra Mundial y refleja perfectamente la deriva del cómic de superhéroes en la década de los 60 del pasado. siglo.

Finalmente, me gustaría aludir a una última cuestión. Se sabe que los superhéroes combatieron contra la injusticia en los treinta y pelearon contra Hitler en los cuarenta, mientras que en los cincuenta lo hicieron contra monstruos y extraterrestres. Pero, por el contrario, los héroes de los sesenta peleaban unos contra otros en medio de épicos choques con memorables villanos como Doctor Muerte, Magneto, Galactus, Doctor Octopus y el Duende Verde. Un giro que entiendo que se debe a la necesidad -a la que estoy aludiendo- que se tenía en aquellos años de conquistar el espacio. De hecho, creo que esas batallas eran una advertencia. Un aviso de que si no se ensanchaban los límites del planeta, la Tierra se podría convertir en un lugar infernal lleno de conflictos que pondrían en riesgo nuestra civilización, tal y como, a su manera, deja claro Grant Morrison con estas palabras en Supergods: “Me gustaba que mis héroes llegaran y arreglaran las cosas sin esfuerzo y que odiaran hasta el más pequeño obstáculo en su claro camino hacia el éxito. Sólo quería que todas las guerras se acabaran para que pudiéramos gastar el dinero en naves espaciales y colonias en Marte”. Shalam

 كُنْ ذكورا إذا كُنْت كذوبا

Cuando el dedo señala la luna, el imbécil mira el dedo

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Regateo.

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Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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