Placeres culpables

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He perdido la cuenta de los libros que tengo apiñados por leer. Pero sigo comprando de tanto en tanto. En realidad, no siento ningún agobio porque su número siga creciendo. Saber que esos ejemplares están allí me proporciona cierta dicha. Cada uno de esos tomos es un horizonte de futuro. Tengo la impresión de que mientras no los termine, no moriré. Siempre tendré una razón para vivir. Las opiniones son pasajeras pero los libros no. Hay en ellos algo que me transmite paz. Armonía. Aunque ocupan espacio, la imagen que tengo de ellos es la de un cielo despejado del que, eso sí, de tanto en tanto descienden heraldos arrojando fuego a la humanidad. Más que nada, porque sin peligro no hay arte. De hecho, tengo la sensación de que la mayoría de los grandes libros (o al menos los que yo amo) transmiten una inminente sensación de final. Se han escrito como si en cualquier momento pudiera estallar el mundo o si el escritor fuera a suicidarse o asesinar a alguien de un momento a otro. También, sí, los hedonistas. En ese caso, quien los escribe parece hacerlo como si en pocas horas se fueran a terminar todos los alimentos o como, si por algún problema de salud, no pudiera follar más. Así que exprime el goce al máximo. Escribe emulando orgasmos o atracones culinarios. La escritura para este tipo de escritor no es ni un deber ni una responsabilidad. Es un medio de conseguir diversión. Y generalmente, termina enganchando a los lectores.

Creo que esa es, por ejemplo, la clave de los cómic Marvel. Lo que explica, entre otros muchos aspectos, su triunfo. Que sus creadores, independientemente de sus contratos, neuras o condiciones abusivas de trabajo, parecían niños jugando en el recreo y no profesionales. Una sensación muy distinta a la del escritor profesional que antepone el deber al goce; sus ideas a la diversión.

Estoy estos días revisando viejos cómics que leí de niño y puedo asegurar que son puro chocolate. Se encuentran repletos de azúcar. De hecho, los compararía con aquellos bollos de crema de los que tenía prohibido abusar en mi infancia. No sé cómo expresarme, pero la energía que me transmiten es muy profunda y visceral. Muchos escritores solicitan admiración. Reconocimiento intelectual. En cierto sentido, pleitesía. Sinceramente, creo que tanto los creadores de la Marvel, como los productores de la Cannon o los músicos de metal lo único que querían es que les compraras el cómic, pagaras la entrada por la película o te dejaras la pasta en su disco y que disfrutaras de la vida. Shalam

عش كل يوم كما لو كان آخر يوم لك ، لأنه سيكون في يوم من هذه الأيام.

Vive cada día como si fuera el último, porque un día de estos lo será

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…..verde y violeta complementarios…..ala delta…….
    2ºimagen:…..sopa de naves espaciales…….el caldo de la lata de carpanta…..debajo del puente(piernas azules y rojas), las verdes corren y a las rosas las han alcanzado en la espalda………jajajjj…..(sr.tarantino)……….

    • 1) Un cohete o Super Ratón. 2) No veo a Carpanta allí, pero está bien. Vale. jajajaaj. Ok. Yo lo que veo es a unos jugadores de basket luchando por agarrar el rebote…jajaajaj… (¿Tarantino? Bruce Lee..jaajj

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