Sonámbulos

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Adrian Tomine es el Edward Hopper de los cómics. Muchas de las conversaciones entre sus personajes en cafés, centros comerciales, lavanderias o franquicias así como sus paseos en coche hacia ninguna parte, podrían haber sido descritos perfectamente por el pintor norteamericano de haber nacido unas décadas más tarde. Es cierto que los personajes de Hopper daban la impresion de ser más adultos (y si se me permite la palabra, bohemios), pero la sensación de desolación que transmiten es muy similar.

Todos los personajes de Tomine -como los de Hopper- están solos. Nadie puede explicar fehacientemente a qué se debe su abatimiento o la desolación sentimental que experimentan. Y mucho menos ellos mismos. Así que deambulan como sombras por un decorado de cartón piedra que cuanto más elegante y agradable resulta, más impresión de artificialidad provoca. La mayoría dan la impresión, como los de Paul Auster, de encontrarse atrapados en una jaula de cristal que, sin saberlo, ayudan a construir.

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Quien mejor ha continuado la estela de Raymond Carver (al menos que yo conozca) ha sido sin dudas Adrian Tomine. Aunque Tomine no es sólo Carver. Un lugar común (pero exacto) a la hora de citarlo e intentar describir sus historias. Tomine es un retrato de la sociedad norteamericana (o mejor dicho, de lo que queda de ella) tras el ego trip cocainómano y turbo capitalista de los 80. Es el paisaje sentimental que aparece en el horizonte después de la literatura de J.D.Salinger. Una sociedad donde el primer trabajo importante se consigue a los 30 (sino más tarde) y mientras tanto, se deambula de aquí para allá sin excesivas apreturas económicas pero sin un horizonte vital y un proyecto común ilusionante.

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Tomine comenzó a construir las historias de Sonámbulo años antes de la eclosión de Internet. Pero captó perfectamente el zeitgeist del porvenir. Podemos imaginarnos a la mayoría de sus personajes unos años más tarde creándose perfiles en web de citas, quedando con fantasmas, manteniendo conversaciones decepcionantes por messenger y tomando café de madrugada en centros comerciales deshumanizados en completa soledad tras varias infructuosas citas. De hecho, en la mayoría de relatos que ha compuesto después no ha tenido necesidad de adaptarse al presente. Sus personajes ya estaban instalados en él desde hacía mucho tiempo. No habían sufrido una pandemia, por ejemplo, pero no hacía falta que experimentasen un confinamiento para sufrir de aislamiento total. Casi todos intentan comunicarse pero fracasan en el intento. Quieren decir algo, transmitir una experiencia importante pero nunca lo hacen. Quizá porque no pueden (o no quieren acordarse). Por lo que finalmente huyen hacia delante. No se sabe bien dónde.

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Tomine crea sus historias con muchos de los recuerdos de los que nos avergonzamos. Muchas de esas experiencias incómodas y ridículas por las que preferiríamos no haber pasado. Todas esas ilusiones perdidas. Construye a partir de los desechos. No se centra en lo extraordinario ni en lo trascendente sino en lo ocasional y pasajero y a veces hasta en lo patético. Y de allí saca petroleo. Ahí encuentra el yo real de cada uno de nosotros. Ese que no quisiéramos que nadie viera pero con el que nos cruzamos, queramos o no, diariamente. Sino en este en concreto sí en otros momentos de nuestra vida.

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En los cómics de Tomine, no hay épica. A veces da la impresión de que alguien, un desconocido, ha echado unas cuantas monedas en un jukebox y que sus personajes se reúnen en los bares a interpretar las canciones de desamor que surgen de la máquina.

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Tampoco hay en los relatos de Tomine un final claro. O mejor dicho, sí lo hay. Pero no es cerrado. A mi, por ejemplo, me importa más intentar intuir o descifrar lo que le ocurrirá posteriormente a los protagonistas que la última escena en la que aparecen.

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Tal vez sí haya una épica en los relatos de Tomine. Pero de haberla es la de la desolación. La del desencanto. Pocos artistas han descrito tan bien los miedos y dudas de un desorientado escritor o de unas adolescentes cínicas. Ese vacío que reina en la cotidianeidad y se hace insoportable mientras se trabaja en una pizzería o una ferretería, se pasan las páginas de una revista, se empieza o termina una relación o se espía a los vecinos desde una ventana.

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Los cómics de Tomine son adictivos. Yo los he leído casi siempre sin respirar. Conteniendo el aliento. Me he acabado algunos de ellos en unos minutos. Eso ha sido todo. Pero durante esos cinco minutos nada más ha existido. Tomine es capaz de lograr que lo accesorio sea esencial. No ya que todos empaticemos con sus personajes sino que nos reconozcamos en ellos. Lo que les pasa a ellos, nos pasa a nosotros. Lo que nos pasa a nosotros, pudo o puede ocurrirles a ellos. Es más, estamos seguros de que va a suceder.

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Hay tantas historias buenas escritas por Tomine que me cuesta quedarme con una. Hay varias, por ejemplo, en Intrusos que son de nota. De esas que se quedan atrapadas en la piel y reaparecen de tanto en tanto, queramos rememoralas o no. Supongo por cierto que muchas se estudiaran en las escuelas de escritores en el futuro. Porque Tomine es conciso. Hay algo minimalista en él (algo que entiendo que se debe a que sangre japonesa corre por sus venas). Calla más de lo que dice. Borra y tacha más de lo que escribe. Y aún así, es capaz de transmitirnos perfectamente ese mundo emocional que desborda a sus personajes. Shalam

أن تكون عظيما يعني أن يساء فهمك

Ser grande implica ser malentendido

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…he parado un momento como indica el semaforo…..a continuacion recuerdo «el buscavidas»1961 a p.newman y a la atractiva-insomne-alcoholica (una pierna mas larga que la otra) …. ……………extraordinario…………
    2ºimagen:…..en la estacion de autobuses……………
    3ºimagen:..en las fallas de valencia todos los lugareños se van fuera de la ciudad o suben al monte para ver la quemada…………okay……….
    4ºimagen:…..esta es como se las ponian a felipeii….https://www.youtube.com/watch?v=NEl6BBLwSa0 …. ……..china girl live…bowie….jajajjjj….
    5ºimagen:….siguen en la estacion de autobuses………….
    6ºimagen:…..muy significativa foto para un surrealista:….buñuel, al comienzo de «ensayo de un crimen( la vida criminal de archibaldo de la cruz)-1955, a la señora en la iglesia es enfocada solo a sus tacones oscuros y eso es suficiente……………….lo que lleva la chica en esta imagen son unos zapatos de madera, unas sandalias suecas guapisimas……………
    PD:….con la muerte de f.battiato oigo que b.dylan cumplira los ochenta proximamente….. mira que cover
    de susan tedeschi (mira todo el soul, su voz, muy brava)…..https://www.youtube.com/watch?v=SXvinNxNPiE

  2. Alejandro Hermosilla on

    1) Muy buena la referencia a El buscavidas. Nunca lo hubiera pensado. Pero encaja perfectamente. 2) solos, solos, solos. Palabras: bla, bla, bla. 3) Una escena de una peli de Gus Van Sant. Pienso en Restless. 4) Alien el octavo pasajero. Ripley acaba de llegar a la tierra. Recuerda su viaje en la cápsula. Está deprimida. No se adapta. 5) Película de Humphrey Bogart. Al fondo el detective. Sam Spade 6) Sin dudas, es la sombra amenazante que la persigue lo importante de la foto. Tacón y sombra. Detalles muy japoneses.
    PD: excelente cover sin dudas.

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