Una niña traviesa (2)

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Continúo aquí el avería anterior sobre Quino y su obra más popular: Mafalda. En próximos días, supongo que vendrá alguno más.

Una niña traviesa (2)

Quino nunca fue un esmerado dibujante. Entre el primer Quino y el último hay mucha distancia. En sus primeras historietas primaba el argumento y el mensaje muy por encima del dibujo. Algo que siempre fue una constante en su obra por más que con el tiempo, la calidad gráfica de sus viñetas mejoró mucho. El oficio acabó convirtiéndolo en maestro. Eso sí, de joven, cursó Bellas Artes y dejó la carrera a la mitad porque le aburría. Para entendernos, su referencia era Saul Steinberg y no Miguel Ángel. Alguien con un trazo difuso que, a pesar de su aparentemente escasa pericia técnica, había revolucionado el arte de la viñeta. Era capaz de condensar acontecimientos e ideas en imágenes que resumían épocas enteras.

En cualquier caso, como todos los genios, Quino utilizó su hándicap como dibujante en su beneficio. Ya que si bien su estilo no era adecuado para la sala de exposiciones o museos, sí casaba muy bien en revistas y periódicos. Conectaba perfectamente con multitud de lectores que no tenían por qué conocer la historia del arte.

De hecho, es precisamente a ese déficit al que debemos en parte el éxito de Mafalda. Una niña estilizada y con sus rasgos perfectamente perfilados no hubiera logrado tal nivel de identificación popular. Hubiera probablemente despertado envidias o suspicacias. Los dibujos de Quino tal vez no eran los mejores técnicamente pero sí los más familiares.

Mafalda estaba, en cierto modo, mal dibujada (al menos de forma irreal) pero casi que podíamos olerla. Era una niña con sabor a sandwich de tocino, galletas y mate. Todos podíamos imaginar cómo era su tacto y lo terrible que tenía que ser encontrarse junto a ella cuando soltaba algunas de sus profundas preguntas, a pesar de que Quino había mandado las lecciones básicas de autonomía al carajo. El enorme cabezón de Mafalda, por ejemplo, no sólo era un rasgo de estilo que la identificaba y permitía diferenciarla de uno de sus modelos -la Periquita de Ernie Bushmiller- sino que, asimismo, paradójicamente, contribuía a hacerla más humana. Diría más, la hacía adorable. Viva, locuaz.  La hacía, sí, única. Algo parecido a lo que ocurre con la voz de Mick Jagger. No es la mejor pero no existe ninguna como ella. La técnica que el cantante inglés maneja no importa tanto como el vicio que transmite.

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Mafalda, entre otras muchas cosas, era también un reflejo de aquella generación de argentinos de clase media un tanto snobs y pagados de sí mismos crecidos en un contexto histórico en el que su país pasaba por ser una auténtica potencia cultural. Aunque ni lograba librarse del cáncer autoritario ni de la pobreza, tal y como reflejaban muchas viñetas de la entrañable serie.

En realidad, gran parte de su grandeza radicaba en que su conexión con el público no era tanto intelectual como afectiva. De hecho, era la hija o la hermana que muchos deseábamos tener. La mezcla perfecta entre un muñeco de peluche y una futura profesora de filosofía; entre la naturalidad, la pedantería y la espontaneidad. La niñez convertida en Biblia del mundo adulto. Una garantía de sensatez en medio de la esquizofrenia cotidiana. Un soplo de aire fresco y verdad para un mundo desgastado por la hipocresía y la ausencia de libertad. El férreo control del dinero y el seguro dislate bélico.

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Al genio de Quino también hay que achacarle el haber sido capaz de lograr que personajes tan antipáticos como Manolito o Susanita despertaran simpatía. No provocaran aversión sino sonrisas y, en algún caso, movieran a la compasión. Sentimiento extensible también a los abúlicos padres de Mafalda. Encarnaciones del hombre masa y mediocre descrito por Ortega y Gasset y José Ingenieros en dos de sus famosos ensayos.

Ambos eran bondadosos pero no se cuestionaban el status quo. Eran ejemplos de la clase media sacrificada con miedo a perder los logros obtenidos. Se escandalizaban, sin ir más lejos, cuando sus hijos y amigos realizaban una travesura más porque pudiera ponerlos en entredicho con los vecinos que por el hecho en sí mismo y disfrutaban del televisor y la radio sin mostrar capacidad analítica respecto a las noticias cotidianas. En realidad, ninguno de los dos llevaba una vida verdadera. El padre iba de la oficina a la casa y prácticamente no mantenía una relación real y auténtica con nadie. Se dedicaba básicamente a desfilar, fichar y soñar con las vacaciones de verano. Y la madre no salía del hogar. Vivía realizando mecánicamente tareas que Mafalda, una burguesa con aires liberales y espíritu filosófico, cuestionaba constantemente. 

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Ignoro si Pier Paolo Pasolini conoció a Mafalda. De hacerlo, estoy convencido de que la calificaría de burguesa reaccionaria. Una niña que planteaba problemas intrascendentes. Y que la compararía con aquellos jóvenes que tomaron París durante mayo del 68 cuya extracción social en su mayoría se encontraba muy alejada de la clase obrera. Muy probablemente sin embargo, el pensador italiano sí que hubiera sintonizado bastante más con Libertad. Una muchacha cuyo carácter libertario y anárquico era mucho más pronunciado que el de Mafalda. Libertad era una mezcla entre Grateful Dead y el freudomarxismo y Mafalda entre The Beatles y el feminismo liberal. De hecho, su presencia contribuía a poner de manifiesto los límites políticos y sociales de la traviesa niña. Si Mafalda era la Kriptonita de sus padres y amigos, Libertad lo era de Mafalda. Sus reflexiones permitían atisbar (siempre de manera elíptica) la guerra de guerrillas que se producía a finales de los 60 en Argentina, vislumbrar a lo lejos las imágenes del Che y Fidel Castro recorriendo fusil al hombro la isla de Cuba y la revolución en las costumbres provocada por el hippismo y el rock psicodélico.

Libertad no tenía remedio, pero Mafalda sí. Y por eso, (aunque nos parezca a día de hoy mentira), se convirtió durante una época, a pesar de la humildad y prudencia de Quino y en contra de lo tal vez pudiera haber pensado Pasolini, en blanco de ciertos sectores autoritarios de la Argentina. A quienes no les importaban tanto sus acciones (al fin y al cabo, los de una niña normal) sino sus preguntas. De hecho, su peligrosidad radicaba precisamente en que la educación no la había corrompido ni vuelto sumisa. Había despertado su mente y la había convertido en una inocente máquina de cuestionarlo todo. Su cerebro, frescura y espontaneidad eran tan temibles como la metralleta de un terrorista para las autoridades argentinas porque marcaba un camino a tomar a toda una clase social. Y tal vez también a un país. Algo que nunca hubiera logrado Libertad. Mucho más visceral y radical y condenada, por tanto, al aislamiento al revés que aquella niña que hacía reír a cientos de miles de argentinos procedentes de las más diversas extracciones sociales. Shalam

من لا يفعل شيئًا غبيًا عندما يكون صغيرًا ، لن يبتسم عندما يكبر

Quien no hace algo estúpido de joven, no sonreirá de viejo

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

4 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:….gorillaz(damon alban)…….
    2ºimagen:….en «amarcord» el ultimo de la fila hace un tubo largo de papel y orina hasta el alumno que esta en la pizarra haciendo ecuaciones de 2ºgrado……sonrisa…..(maestra tigresa)…..
    3ºimagen:…..gran sintesis subterranea……………
    4ºimagen:….heladeria «la valenciana»(cartagena, juanjo su hijo hizo «turismo» y monto «calarreona»)…………..
    5ºimagen:…..hitchcock metiendo en la trama al monte rosemont (portada de deep purple)…….
    6ºimagen:…..»la cuerda nuclear»…..»carne radioactiva»(«simon el estilita»)……………
    7ºimagen:….para mi es un hallazgo que ademas del «bocadillo de rigor» las protagonistas echen una nuvecilla por la boca………extraordinario……me parece un track bonus….como hace victor con sus ediciones…(abres un libro y salta una «broma muelle»)…..sonrisa….
    8ºimagen:…..la mas feminista, la mas oportunista……..( y si el hijo de chaplin le hubiera dicho al «tiempos modernos» en pleno «tuerqueo» exactamente lo mismo)…………….
    8ºimagen:…..parece que a quino le interesaba «la linea» si se observa la cabeza de la interlocutora y sus bucles de «cuaderno rubio»……sonrisa….
    PD:…..https://www.youtube.com/watch?v=w9g9jvZ4yJ0…..atahualpa yupanqui….esto es una gran escultura..
    …..esta otra seguro que le gustaba mucho a quino..https://www.youtube.com/watch?v=ROJzhe-zw98….

    • Alejandro Hermosilla on

      1) ¡Qué viva la gente! 2) Me fascina la mirada de Susanita hacia detrás. Como diciendo «ey, no te copies». Bien traída la referencia a Amarcord. 3) John Dos Passos: Manhattan Transfer. 4) Doña Pepona. Helados valencianos 5) Buah, Buah, Buah, Buah. Con la muerte en los talones vs In rock. 6) El planeta de los simios se transforma en El planeta de los niños. 7) El escondite inglés. De acuerdo con los bocadillos y los libros. 8) La guillotina doméstica. 9) El deporte nacional. Atahualpa: la primera canción me recuerda a un viaje a Salta-Tucumán que realicé. El norte argentino tan tradicional. La segunda, una picaresca porteña llena de salpicón de pueblo indígena. Por cierto, que escuchándola recuerdo a un músico que juega con todas estas tradiciones y las corrompe. Podría gustarte. Me refiero a Dick el demasiado: https://www.youtube.com/watch?v=BFLijTzDERs

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