Watchmen (2)

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Dejo a continuación el segundo avería dedicado a Watchmen. El primero por cierto se puede consultar aquí: http://www.averiadepollos.com/comic/watchmen-1/

Sin más. Ahí voy.

Watchmen (2)

Existe una breve historia que no me resisto a citar a la hora de hablar de Watchmen. Una de tantas que aparecían entre sus páginas. Me refiero a la del clown Pagliacci. No sólo porque es árida y brutal sino porque da una idea perfecta de la grandeza de la obra. Cómics enteros podrían desarrollarse a partir del siguiente diálogo de raigambre schopenhaueriana que aquí apenas ocupa espacio. El cual puedo perfectamente imaginar, por ejemplo, en boca del Joker instantes previos a un nuevo asesinato. Y, además, acompañaba a una serie de cruentas, tristes, diabólicas viñetas protagonizadas por el Comediante, ahondando en todo ese tipo de simbólicas correspondencias e implicaciones metafóricas que a cada paso abría la obra de Moore.

Ahí la dejo. «Conozco un chiste: un hombre va al doctor. Dice que está deprimido, dice que la vida le parece cruel. Dice que siente solo en un mundo amenazador en el que todo es vago e incierto. El doctor dice: «El tratamiento es simple. El gran payaso Pagliacci está en la ciudad. Esta noche. Vaya a verle. Eso le animará». El hombre estalla en lágrimas. Dice: «Pero, doctor… «….. Yo soy Pagliacci».

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Si Moore se encargó en la primera viñeta de Watchmen de acabar con una de las rémoras del cómic de superhéroes (el hecho de que la mayoría de sus protagonistas nunca mueran), no tardó tampoco demasiado en romper todos los tabúes sexuales que restringían el realismo y creatividad del género. Y lo hizo además de la manera más imaginativa posible. Por medio de la duplicación física del Dr. Mahattan con el fin de que su enamorada, Laurie Juspeczyk (la hija de la Silk Spectre original), gozara de un espectacular trío sexual con él. Una ingeniosa y libidinosa idea con la que el héroe azulado no lograba más que desconcertar a una mujer que llegaba definitivamente a su límite psicológico al comprobar que, gracias a su capacidad de desdoblamiento, el Dr. Manhattan no sólo se encontraba en la cama con ella sino que también andaba ocupado con una investigación científica.

Creo que nadie jamás hasta Moore había hecho algo así. En el cómic de superhéroes sabíamos, por ejemplo, que Reed Richards y Sue habían tenido un hijo pero apenas los veíamos besándose. Ambos parecían castos caballeros medievales. El rey Arturo y Ginebra. Algo parecido a lo que ocurría entre Superman y Lois Lane o La Bruja Escarlata y La Visión cuyas relaciones parecían más propias de ser jaleadas y descritas en el Cancionero de Petrarca que en una publicación del siglo XX. El siglo Playboy y Penthouse.

Es cierto que Peter Parker y Mary Jane tenían una relación bastante más sensual. Pero el sexo apenas se insinuaba entre ellos. Siempre quedaba en penumbra. John Byrne intentó modificar un poco este aspecto en sus cómics con su Hulka. Una pizpireta mujer verdosa sumamente atractiva que olía a sexo por todos sus poros y parecía querer acabar con unos cuantos prejuicios de golpe. Algo a lo que también contribuyó a Clameront con su Patrulla X planteando diversos dilemas y relaciones sexuales que conseguían aterrizar los lazos afectivos hasta entonces puramente idealistas de los héroes. Pero nadie se había atrevido (tal vez ni siquiera imaginado) a hacer lo que Moore describió en tan sólo dos o tres páginas. Una obra maestra en todos los sentidos porque además, la escena de sexo no era gratuita, sino que nos daba información muy importante sobre los personajes y su futura separación.

No sé. Para entendernos. Lo del Doctor Manhattan y Laurie era como si de repente alguien nos hubiera mostrado a Hulk besando a una damisela en paños menores tras haberla impresionado con su fortaleza física y su corazón puro. Ok. Estoy exagerando. Pero no tanto. Basta situar la maravillosa escena en su contexto y época para comprenderla mejor. De repente, el cómic de superhéroes dio un salto de décadas. Moore acabó con la infantil censura de los 50 y 60 y dio el paso que no se terminaban de atrever a dar los guionistas de los 70 y 80. Algo por cierto que ya había previamente insinuado y en parte llevado a cabo con La cosa del pantano. Aunque creo que lo más importante no fue tanto el hecho en sí mismo sino la naturalidad de la escena. Su fluidez. El equilibrio con el que se entrelazaba en la historia.

Por si eso no fuera suficiente, Moore nos presentó una violación (o al menos un intento) en vivo y directo. La cual, para más inri, no estaba protagonizada por un asqueroso villano sino por uno de los supuestos héroes: el Comediante. Y por si fuera poco, nos relató con sutileza las consecuencias de ese acto perverso e incluso su perdón por una Silk Espectre crepuscular, ya de vuelta de todo y sumida en la nostalgia, que prefería quedarse con los buenos recuerdos de su relación extramatrimonial con su agresor que con la ira. Prefería la aceptación a la venganza. Algo en lo que demostraba ser mucho más templada y madura que su verdugo y amante, El Comediante, quien, en otra de esas escenas impensables hasta entonces en el mundo de los cómics, llegaba a acabar (ante la indiferencia zen del Dr.Manhattan) con una vietnamita que esperaba un hijo suyo sin remordimiento alguno.

Una brutalidad que, en otros tiempos, hubiera clausurado para siempre a Watchmen de los kioscos pero que, al ser contada de manera tan adulta y sobria y justo en el momento idóneo, provocó justo lo contrario. Le abrió la puerta de las librerías y de la alta cultura. De hecho, aunque la obra fue originalmente lanzada en 12 números mensuales, su éxito ayudó a consolidar el prestigio del noveno arte y, más concretamente, cuando se agrupó en un solo tomo de tapas duras a popularizar el término novela gráfica más allá del mundo del cómic.

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Watchmen llevó la palabra realismo y Apocalipsis en el cómic a otra dimensión. Hasta el lanzamiento de la obra de Moore y Gibbons, la amenaza de destrucción del planeta había sido una sombra. Una pura metáfora. Un gancho con el que conquistar lectores, pero no una realidad. Había un guión que no se rompía por más aderezos adultos que se le quisieran poner.

Intentaré explicarme mejor. El Dr Octopus, por ejemplo, lograba crear una bomba explosiva de neutrones que podía acabar con Nueva York y, sí, estaba a punto de hacerla detonar, pero llegaba Spider-Man en el último momento al rescate. ¡Y El mundo podía descansar en paz! El esquema que acabo de citar se repetía siempre. Tan sólo había que intercambiar los nombres de villanos -Dr. Muerte, El Topo, Cráneo Rojo- y los de los superhéroes -Los Cuatro Fantásticos, Thor, Capitán América-. Cuando el guionista era realmente bueno, los lectores nos llegábamos a creer por momentos que una ciudad podía ser destruida. Y cuando no, simplemente disfrutábamos de la historia y el dibujo sin más calentamientos de cabeza. Porque el resultado era inobjetablemente, año tras años, mes tras mes, el mismo. Los planes del villano siempre eran frustrados y el mundo se encontraba a salvo.

La primera aparición de Galactus en Los 4 Fantásticos produjo una verdadera conmoción porque su presencia era una amenaza mundial. Su poder era algo nunca visto hasta entonces. Y muchos sintieron alivio cuando se consiguió neutralizar el peligro. Pero sus visitas recurrentes en años posteriores ya no provocaron tal cantidad de miedo y asombro. Todos sabíamos que Galactus nunca destruiría La Tierra. Algo que por momentos sí que se pensó que podría suceder cuando se dio a conocer en el número 5 de la colección. Pero desde hacía mucho tiempos los fans de la Marvel entendían que nunca ocurriría.

Eso lo sabía muy bien Moore que pensó que había llegado el momento de terminar con ese eterno coitus interruptus. A los lectores no había que darles lo que necesitaban o esperaban sino lo que la historia pedía. Y lo que pedía Watchmen era muerte, destrucción, caos, locura.

Dicho y hecho. Las seis primeras páginas del número 12 hicieron realidad esa pesadilla que nunca se consumaba. Gibbons dibujó una pequeña parte de los prácticamente tres millones de personas muertas en Nueva York por la megalomaníaca decisión de Adrian Veidt. Pero bastó para tomar conciencia de la magnitud del desastre. Del tremendo sufrimiento. Otra galaxia se acababa de quebrar en el mundo del cómic por decisión de Moore. Lo que parecía imposible se había hecho realidad en unas trágicas escenas cuyo impacto fue tan grande que obligaron a los guionistas de la Marvel y DC a estrujarse la cabeza con el fin de llevar a cabo historias realistas donde la muerte y la destrucción estuvieran muy presentes sin que no obstante terminaran de consumarse (caso de, por ejemplo, La última cacería de Kraven).

En fin, si había alguna sola duda de que Watchmen era una obra revolucionaria, la matanza provocada por el gigantesco calamar las despejaba todas. Tal vez en su momento no fuimos conscientes. Pero gran parte de la crisis sufrida por los cómics de superhéroes en los 90 se debió al impacto de esta obra. Puesto que, en buena medida, sus presupuestos clásicos dejaron de tener sentido desde su publicación. Quedaron automáticamente obsoletos más allá de los gustos del público y las decisiones comerciales de los distintos ejecutivos.

El mismo Neil Gaiman -un admirador confeso de Moore- tuvo que agarrar un personaje onírico, alguien a mitad de camino de la vida y la muerte, (Sandman), para desarrollar su mundo personal en el noveno arte. Sabedor, supongo, que, después de Watchmen, poco se podía hacer (aparte de refritos, pastiches y filmes hollywoodienses) en el cómic de superhéroes. La última frontera había sido traspasada: More y Gibbons habían convertido Nueva York en un cementerio. La puta masacre se había consumado por una vez. ¡El fin del mundo estaba aquí! ¡Rorschach y sus cartelitos decían la verdad! Shalam. 

السياسة هي فن خداع الرجال

La política es el arte de engañar a los hombres

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…huellas de «osico»…..
    2ºimagen:….salto en paracaidas…..
    3ºimagen:…..lunar de cuple….
    4ºimagen:….AA AA AA, que me resfrio…….
    5ºimagen:….calzoncillos de barro iberico………….
    6ºimagen:….que barbaridad!!!!, prefiero el reloj de harold lloyd…jajajjjj
    7ºimagen:…..entre japon, los gadgets y el surf……
    8ºimagen:…..vaya tufazo, queridos amigos…..
    PD:…https://www.youtube.com/watch?v=lD4sxxoJGkA….the beach boys… wouldn´t it be nice…obra de arte..

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Mariposa de pupilas negras 2) Homenaje al Spirit de Eisner 3) Escena de terror en peli desenfadada sexualmente. 4) Título de artículo de Zikek ilustrado con esta foto: sexo y perversión. 5) El Dr Manhattan con una pose y actitud parecidas a la del Vigilante. Veo pero no actúo. 6) Inversión de circo romano. Los que mueren son los espectadores. 7) ¡El inimitable e inigualable Jakc Kirby! 8) En cualquier momento, va a aparecer Ziggy Stardust en la escena. PD: Sin dudas.

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