El bello (y heroico) ocaso

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Está siendo realmente épico contemplar los partidos de Federer en esta edición de Wimbledon. El primero casi lo pierde. Tuvo un bajón físico y psicológico considerable. Por un instante, muchos pensamos que Roger caía. De hecho, así hubiera sido de ser el partido a tres sets. Su lenguaje corporal era, en cierto modo, parecido al que tuvo en su triste encuentro ante Félix Auger-Aliassime en Halle unos días atrás. El genio suizo quería pero no podía. Se lo percibía ansioso. Un tanto alicaído. Cabizbajo. Con miedos internos. Con ciertas carencias físicas. No se lo veía cómodo. Pero se le aparecieron los hados en forma de lesión de su contrincante, Mannarino, y pudo solucionar la papeleta.

Desde aquel día, ha jugado dos partidos más en los que si bien ha mejorado su rendimiento, continúa dejando serias dudas de si será capaz de estar a la altura en los momentos decisivos del torneo. Puesto que aún le faltan una o dos marchas. Lo que provoca no obstante una enorme expectación en cada una de sus apariciones. Ya que, al fin y al cabo, cualquiera de sus actuales partidos en Wimbledon pudiera ser (si se le cruzan los cables o siente que ya no es lo suficientemente competitivo) su último en hierba. Hoy mismo, por ejemplo, puede ser batido por Lorenzo Sonego en unas horas. Y eso le da una dimensión gigantesca a lo que hace años no sería más que un trámite. Más aún, si cabe teniendo en cuenta sus casi 40 años. Por eso no me pierdo uno solo de sus encuentros. Porque tanto si gana como si es derrotado quiero estar del otro lado de la pantalla para aplaudir al Miguel Ángel del tenis cuando alce los brazos vencedor o camine resignado a los vestuarios tras la derrota.

Recuerdo que, durante mis viajes a Hispanoamérica, me acostumbré a contemplar anocheceres -muchos realmente sobrecogedores- tras asistir a uno fascinante en el desierto de Uyuni. Así que cuando llegaba a una nueva ciudad -La Paz, Lima, Bogotá, Valparaíso- solía caminar el tiempo necesario hasta una cima en la que pudiera asistir a la despedida del sol. Tengo imborrables remembranzas de cielos refulgentes que iban ensombreciéndose entre pálidos destellos rojos y amarillos hasta crear una crepuscular y sagrada atmósfera o de nubes parecidas a espectros luminosos que se transformaban de repente en ídolos oscuros similares a los guerreros celestes descritos por el conde de Lautréamont en Los cantos de Maldoror.  Y tengo la impresión de que algo parecido me ocurre cuando veo actualmente los partidos de Federer. Alguien que, a pesar de haber perdido facultades, se obstina en continuar jugando. Retando a su mayor enemigo: el tiempo. Dejando claro que no es tan sólo un enorme tenista sino un deportista nato cuyo ocaso está siendo tan bello y heroico de contemplar como su fulgurante despertar y su etapa de esplendor. Shalam

من خلال ملابسك أرى غرورك

A través de tu ropa veo tu vanidad

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Alejandro Hermosilla

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

2 comentarios

  1. andresrosiquemoreno on

    1ºimagen:…..spaguetti en «el apartamento»-billy wilder-1960……
    2ºimagen:….algunos balcones estan a ras de suelo………..
    3ºimagen:…..dos hombres de nieve……………

    • Alejandro Hermosilla on

      1) Escena de una película de Blake Edwards. La trama se desarrolla en las gradas. 2) Confusión 3) En el tenis no somos pistoleros. ¡Nosotros perdonamos vidas!

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