El brujo de Bahía

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En un ámbito como el fútbol en el que tanto la extrema competitividad como las ingentes cantidades de dinero que mueve, lo han vaciado de sentido del humor, mencionar el nombre de Daniel Alves supone exponerse a la incomprensión. Pero en un mundo más justo y menos corrompido por el fanatismo, debería provocar tanto admiración como sonrisas profundas debido a su impresionante desempeño deportivo y su explosiva y extrovertida personalidad. Una personalidad incontrolable pero sumamente disciplinada, explicable acaso por proceder de una familia muy humilde y haber nacido en  Salvador de Bahía (Brasil). Una ciudad surreal y, en cierto modo, mágica donde entre playas exuberantes, construcciones coloniales que parecen surgidas de una imaginaria, alucinada narración de Jorge Amado o Alejo Carpentier, conviven las más diversas razas y se siente cercano tanto el influjo de la selva y la piratería como del vudú o la cultura africana cuya presencia es omnipresente en sus calles. Avenidas, plazas llenas de personas que lo mismo cantan y se desplazan con el balón como ángeles, que son capaces de adivinar nuestro destino y la fecha exacta de nuestra muerte de un solo vistazo a la palma de la mano. Laberintos multitudinarios en los que además parece que se va a celebrar un ritual en cualquier momento: una danza para que vuelva a caer agua, salga de nuevo el sol o para revivir la memoria de los muertos y hacer sonreír a su espíritu en el más allá.

salvador-de-bahiaSalvador de Bahía es una ciudad de santeros y astrólogos. Magos, carnavales y samberos. Mulatas que parecen hechiceras. Repartidores de pan capaces de mantener con sus pies varios panecillos en el aire durante varios minutos para amenizar el hastío de un atasco. Ferreteros con una perspectiva ensoñadora del fútbol que César Luis Menotti envidiaría poseer. Y adolescentes capaces de robar una cartera con la misma facilidad con la que entonan las más preciosas canciones, consiguiendo iluminar por un instante eterno las favelas. La sonrisa de madres entristecidas por la pobreza que no obstante, no le ponen un solo pero a la posibilidad de danzar por unos momentos. En fin,  las fantasías psicodélicas de The Beatles hechas realidad en una ciudad donde la pobreza no es únicamente sinónimo de exclusión. También lo es de locura y delirio. Razón por la que no tengo dudas de que, de no haberse dedicado al fútbol, Daniel Alves podía haber regentado perfectamente allí, un negocio con espíritu danzarín o probablemente, se hubiera dedicado al estudio de la astrología y la magia y hubiera montado un pequeño gabinete para intentar orientar en su devenir por esta tierra a las almas errantes, perdidas. O lo mismo se hubiera dedicado a la religión. Se hubiera convertido en el párroco de la iglesia de algún culto pagano e incluso hasta podría haberle dado por resucitar el arrianismo una temporada y finalmente, arrepentido, volver a la buena senda, y transformarse en el párroco de una iglesia católica intolerante con la hipocresía de los ricos y poderosos pero realmente gentil y acogedor con los pobres y humildes. En realidad, con una personalidad tan imprevisible como la de Daniel Alves todo es imaginable, como sabemos bien los que tras cada título que conquistaba con el F. C. Barcelona nos relamíamos gustosos de la risa, pensando el traje que se pondría para celebrar la nueva conquista. O los que, comprendiendo la naturaleza de su carácter -esa extraña mezcla entre una rock star brasileira y un mago-no dudábamos en contemplar sus ruedas de prensa, sabedores de que no sería políticamente correcto. Siempre nos dejaría un apunte, perla o momento memorable. Y desde luego, generaría tanto espectáculo (y polémica) como con un balón en sus pies.

imagen-de-daniel-alves-tras-el_54245963675_54028874188_960_639Es curioso. Tal vez su sobreexposición mediática en el F.C.Barcelona como el eurocentrismo imperante, no ha permitido tomar conciencia de este hecho, pero Daniel Alves invirtió totalmente las reglas de fútbol. Intentaré explicarme. Cuando fue fichado por el Sevilla al Sporte Clube Bahia con apenas 20 años, Daniel Alves era ya un portento físico. Un lateral batallador, con alma de gladiador y espíritu de artista pero poseía tremendas lagunas en su juego que tal vez expliquen el escaso dinero que se pagó por su fichaje: medio millón de euros. Apenas sabía colocarse en el campo. Tenía unas enormes deficiencias para comprender el juego posicional y seguir cualquier disciplina, de tal forma que debido a su anarquismo y ausencia de fundamentos tácticos, se cuestionó rápidamente la posibilidad de que triunfara en Europa y de hecho, teniendo en cuenta su calidad y las esperanzas puestas en él, tardó más de lo que era esperable para debutar con el primer equipo. Parecía obvio -y más teniendo en cuenta los continuos adelantos tácticos de un deporte cada vez más mecanizado- que Alves tendría que trabajar mucho para triunfar y probablemente no pudiera terminar de adaptarse al exigente fútbol profesional. Sin embargo, sorprendentemente, ocurrió lo contrario. Fue el fútbol profesional el que se vio forzado a adaptarse a él. Para empezar porque debido a sus humildes orígenes, Alves no regateaba esfuerzos. Era un militar. La disciplina personificada. Y gozaba de una inteligencia muy despierta. Siendo capaz de entrenar horas y horas para estar al mil por mil físicamente y de comprender intuitivamente muy bien ciertas tácticas que muchos de sus compañeros tenían interiorizadas después de haberlas repetido una y otra vez desde su infancia.

daniel-alves-em-acao-pelo-sevilla-em-janeiro-de-2004-em-partida-contra-o-barcelona-de-davids-1445632441206_956x500Obviamente, Alves nunca terminó de simbiotizarse completamente con las rigurosas tácticas europeas pero sí que las interpretó bien. Y más pronto que tarde supo asimilarlas. Aunque su genialidad no radicó tanto en su capacidad de asimilación y de comprensión como en su capacidad de hacer de estos pequeños defectos, virtudes. Porque precisamente, por no terminar de convertirse en ese lateral marcial, un soldado obediente que se le exigía, terminó transformándose en el inmenso jugador que fue (y continúa siendo). Sus supuestos errores lo convirtieron en alguien muy difícil de controlar para los equipos contrarios. Un lateral derecho que a veces driblaba con la facilidad de un delantero, era capaz de jugar de extremo con garantías, moverse por el centro del campo agazapado como una pantera generando ventaja posicional a su equipo, forjar contraataques en los lugares del campo más inverosímiles y debido a su impresionante físico, era capaz de recuperar su posición defensiva en escasos segundos cuando alguno de sus compañeros perdía el balón y él se encontraba, como era habitual, atacando. Es decir: Daniel Alves consiguió que el fútbol moderno se tuviera que adaptar a él y que los entrenadores de los equipos contrarios se estrujaran la cabeza intentando encontrar soluciones para contrarrestar las situaciones de peligro imprevistas generadas por un jugador al que había que aprender a atacar y defender a la vez. Al que no se sabía si tomarlo como defensa, delantero, centrocampista o váyase a saber qué porque Daniel Alves parecía inventarse una nueva posición en cada partido o al menos, era capaz de llevar al límite su colocación inicial en el campo, modificando continuamente y alterando siempre (aunque fuera levemente) los esquemas  y conceptos trazados previamente en la pizarra.

dani-alves-sevilla-barcelona-2007_fn3lfrw9xwjw1st3560dp549jObviamente, en cuanto los técnicos comprendieron que Alves era diferente totalmente al resto de defensas y que sus supuestos defectos eran sus virtudes, estalló. Se convirtió en un auténtico espectáculo verlo jugar y por supuesto que colaboró en parte en muchos de los títulos conseguidos por el Sevilla a mediados de la década pasada y, sobre todo, en transmitir esa sensación de respeto y cierta imbatibilidad que el equipo de Nervión consiguió imponer en España y media Europa. Alves no era normal. No. Era un crack. Un lateral derecho crack. Lo nunca visto. Lo dicho. El vudú más benigno operando sobre el cuerpo y mente de un bailarín de samba obligado por la pobreza a aprender los rigores del soldado. Una alucinación que producía verdadera admiración ver jugar y pronto llamó la atención de los clubs más poderosos económicamente como el Chelsea, Real Madrid y F.C. Barcelona. Destino este último, donde fue recibido con los brazos abiertos por un Pep Guardiola para el que, educado en la escuela de Cruyff, y acostumbrado por tanto a ver cómo centrales podían terminar jugando de delantero centro y las diferencias entre los laterales y extremos eran prácticamente inexistentes, la forma de jugar de Daniel Alves no era en absoluto contracultural. Todo lo contrario, era ideal. La correcta para el sistema que pensaba emplear.  Y por ello, les bastaron unas pocas palabras y gestos para comprenderse mutuamente a la perfección y conducir el fútbol hacia otra dimensión. Al terreno del arte total. La ópera wagneriana mediterránea. Y el resto, sí, el resto es historia dorada de este deporte. Porque lo que hizo Daniel Alves con una regularidad, facilidad y genialidad pasmosa durante varios años por su banda derecha (o izquierda o por el centro o por arriba o por abajo) junto a Leo Messi es simplemente belleza. Un momumento al fútbol de la grandeza de una catedral de Gaudí. El sueño de Cruyff hecho realidad gracias a varios artistas entre los que Daniel Alves se movía con una soltura sin igual, casi como si se hubiera educado en la Masía y el catalán hubiera sido su lengua materna. Demostrando que el fútbol como el arte no conoce de nacionalidades y tampoco de fronteras.

dani-alvesLa historia y romance de Daniel Alves con el F.C.Barcelona se encuentra todavía muy reciente para poder valorarla objetivamente. Pero del sobresaliente no baja. Sino es que realmente se encuentra encallada en la matrícula de honor. Porque Alves se cansó de dar asistencias de goles, realizar inverosímiles jugadas y levantar títulos y competir como un titán. Con el espíritu alegre y desenfadado de un santero pero el rigor de un espartano, aunando en su persona gran parte de las características, aportaciones y virtudes del mítico Barcelona que dominó el fútbol de principios del siglo XXI. Por más que obviamente, este noviazgo pasó sus momentos duros. Al fin y al cabo, era obvio que el fuerte carácter de Daniel Alves estaba destinado a chocar más de una vez con la prensa catalana y que el paso de los años terminaría generando cierto desgaste entre club y jugador. Alves, de hecho, perdió concentración y potencia física exponiendo a su equipo en ocasiones a más riesgos de lo debido. Factores que unidos a su carácter inconformista, sus habituales locuras o extravagancias y la sensación de haber completado un ciclo, terminaron por convencerle de que debía reinventarse y viajar hacia otros rumbos: el Calcio, la Juventus. Un equipo con el que acaba de comenzar a jugar y al que a pesar de haber llegado en los años finales de su carrera, promete cambiar. Pues no en vano, si bien Massimiliano Allegri le tuvo que frenar en sus primeros partidos, advirtiéndole de las diferencias entre la liga italiana y la española y lo importante que era que fuera mucho más riguroso tácticamente, su genial anarquía ha empezado a influir al equipo de forma decisiva. De manera que hace unos días, sus compañeros destacaban lo beneficioso que era para ellos tener a un jugador que lo mismo jugaba de 2 que de 6 u 8 y siempre lo hacía bien, y lo dificultoso que era desentrañar sus movimientos para las escuadras contrarias. Algo que aportaba un nueva variante táctica que sin dudas, sería sumamente importante para el futuro del equipo italiano.

1433011378_919503_1433011441_noticia_grandeEn fin. Acaso cuando se retire, se comprenda totalmente la talla de una jugador como Daniel Alves. Al que tal vez le haya perjudicado emerger en el mundo del fútbol tras la sombra de dos soberbios laterales como Cafú y Roberto carlos, además de ser contemporáneo de otra bestia de la posición como Maicon que durante varios años le quitó el puesto en la selección brasileña. Circunstancias que, además de los escasos títulos ganados con Brasil (una Copa América y dos Confederaciones) y que su rendimiento con la camiseta amarilla no ha sido nunca tan excelso como con el Sevilla y el F.C.Barcelona, puede que no le haya permitido ganarse el corazón de sus compatriotas totalmente. Lo que tal vez sea la única espina de una prodigiosa carrera que esa frustración, en cierto modo humaniza. Porque teniendo en cuenta los éxitos conseguidos y el juego tantas veces desplegado, Daniel Alves pareciera pertenecer a otro mundo. Y casi que me atrevería a sugerir que hay algún chamán o mago en las calles de Bahía poniéndole rosas y colonia a la estatua de algún santo ignoto que vela por él. Sino es que es él realmente ese  brujo. Un hechicero que moviendo los dados y las cartas mientras con la cuchara empuja los alimentos remojados en agua en medio de una marmita, consigue hacernos creer que lo que realmente es fantasía -esas vertiginosas subidas por la banda, esos controles de trapecista del balón en su propia área o esos tacozanos de artista en situaciones de franco peligro para su equipo- es la realidad. Shalam

إِذَا طَالَتِ الطَّرِيقُ كَثُرَ الْكَذِبُ

Las grandes almas tienen voluntades: las débiles sólo deseos

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Regateo.

Mercader

Mi nombre (creo) es Alejandro Hermosilla. Amo la escritura de Thomas Bernhard, Salvador Elizondo, Antonin Artaud, Georges Bataille y Lautreamont.

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